viernes 27/5/22
                      Daniel Puerta pasa los últimos días con su ganadería antes de ser sacrificada. CAMPOS
Daniel Puerta pasa los últimos días con su ganadería antes de ser sacrificada. CAMPOS

«No tienen salvación». Con estas palabras, el ganadero de Lario obligado por la Consejería de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León a sacrificar a toda su ganadería porque una de ellas ha dado positivo en tuberculosis, asume el triste final para sus vacas.

En un principio el sacrificio estaba previsto para ayer viernes, pero al no sacrificarse ganado de campaña este día de la semana en el matadero de León, finalmente se trasladarán el lunes para ejecución el martes.

«Francamente, estoy muy triste», confiesa Daniel Puerta, que pasa estos últimos días con sus animales. «Hay terneros pequeños y la verdad es una pena, pero no se puede hacer nada, la orden ya está firmada», apunta. Este ganadero explica que nadie de la consejería se ha puesto en contacto con él durante estos días. «Tiraré para adelante, porque a mi esto me gusta mucho», afirma. «Con el dinero que me den de la indemnización que me corresponde, y una vez que pasen los cuatro meses sin ganado en mi explotación, empezaré de cero, qué voy a hacer si no...», concluye.

El malestar de Puerta y de todos los ganaderos de la montaña oriental por este caso es mayúsculo. «Lo normal es que se hiciese una prueba a todas las reses y salvar a las que no den positivas después de un periodo de cuarentena. Es lo que sucede en otras autonomías menos en Castilla y León. Ningún ganadero queremos tener reses enfermas pero habría que analizarlas a todas». Pone el ejemplo de un mismo caso en Burón donde después de un positivo en el sacrificio en el matadero se comprobó que todas las vacas, menos la positiva, habían salido bien. «Las miran cuando ya han matado a las reses. Que lo hagan en vida y salven a las que están bien. La segunda oportunidad que dan a las vacas es cuando ya están muertas. Esto no hay quien lo entienda». Insta a que se haga una prueba a las reses en sangre, la interferón, para salvar las que no den positivas. «El vaciado debería ser la última opción», reclama este ganadero, cuya explotación llevaba nueve años saneada, sin registrar ningún caso de tuberculosis.

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