domingo. 29.01.2023
ARTURO FERNÁNDEZ YEBRA TRANSPLANTADO

«La gente aún tiene que habituarse a que una donación es vida»

Lleva tres operaciones de corazón, incluido un transplante. A pesar de todo ello nunca ha perdido la vitalidad. Sabe que su vida ha cambiado, pero no lo suficiente para evitarle salir a pasear diariamente, pa
-¿Le ha cambiado mucho su vida? -Tras las dos primeras operaciones de puentes coronarios no, pero después del transplante sí. Ahora tienes que tener más cuidados, no sólo en el aparatado físico sino también en el de la alimentación ya que estás tomando medicamentos muy fuertes. A pesar de todo sigo viendo la vida con optimismo y realizando lo que más me gusta, salir a pasear con los amigos. -¿Cree que con el transplante ha vuelto a nacer? -Posiblemente sí. En los últimos años el corazón me dio muchos disgustos y con el transplante eso ya está superado. Si no hubiera sido por ello, no creo que hubiera vivido mucho. -¿Es tan duro como dicen pasar por ello? -Bastante, pero en mi caso lo eché todo a mis espaldas. Sabía que había que hacerlo y que además tenía el apoyo de mi familia y amigos. Pero aún así lo pasas mal porqué dependes de la solidaridad de otras personas y de que el corazón sea el adecuado. Por suerte mi espera fue sólo de dos meses y no como en otras personas que tienen que hacerlo mucho más. -España está a la cabeza de las donaciones, pero ¿no cree usted que todavía existe un cierto reparo en la gente? -Hay mucho de eso. De hecho, hay gente que piensa que en el más allá sus familiares o ellos mismos tienen que ir con todos los órganos, como si les hicieran falta y no saben que al día siguiente de la muerte el cuerpo ya empieza a descomponerse. Por suerte esa mentalidad va cambiando poco a poco y para la gente que lo necesita ese hecho es fundamental. Con una persona fallecida pueden salvarse otras muchas, eso hay que tenerlo bastante claro. -Su postura a la hora de donar, ¿ha cambiado con lo que le ha sucedido? -En cierto modo sí. Siempre estuve dispuesto a que mi cuerpo sirviera para salvar vidas cuando se fuera la mía y eso se ha reforzado. Lo que pasa es que debido a los medicamentos que estoy tomando, no creo que los órganos míos sean válidos. -¿Afecta psicológicamente el hecho de ser transplantado? -A muchas personas sí, y yo no puedo negarlo, a veces pienso que llevó en mi cuerpo algo de otro. Pero hay que pasar página ya que si no te volverías loco. También pienso a veces dónde estará mi corazón. Cambio de hábitos -Después de la operación de transplante supongo que muchos hábitos han cambiado. -Algunos. Ahora tengo que tomar una infinidad de medicamentos para evitar el rechazo. También tengo que estar más atento a cualquier incidencia que me pase en el organismo. Además, el fumar, beber y hacer esfuerzos se han acabado. Pero a pesar de todo yo intento que el cambio sea el menor. Por eso sigo paseando todos los días con mis amigos e incluso llego a recorrer una veintena de kilómetros y también cuido un huerto. -Supongo que con tantas operaciones el entrar en un quirófano le será habitual. -Nunca te habituas. La primera operación la pasé bien, la segunda fue un poco peor y de la tercera que te voy a contar. Sé que fue necesaria para que siguiera viviendo, pero muy dura. Y es que un quirófano, por sencilla que sea la operación, siempre te impone, y mucho más si hablamos de operaciones difíciles y vitales.

«La gente aún tiene que habituarse a que una donación es vida»
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