jueves 20.02.2020
| Reportaje | El carnaval de Llamas de la Ribera |

Traspasando fronteras

Antonio Silván, nombrado ayer Guirrio Honorífico 2009, se comprometió a trabajar desde la Junta para que el Antruejo de Llamas de la Ribera sea declarado Fiesta de Interés Regional
Cerca de 1.500 personas acudieron ayer a Llamas de la Ribera para participar en uno de los carnavales más espectaculares de la provincia, entre otras cosas por sus características máscaras de colores y por los ancestrales bailes de sus guirrios, personajes que están entre lo humano y lo mitológico, entre lo burlesco y lo ritual. Como todos los años, la Asociación Cultural Guirrios y Madamas nombra a un personaje relevante de la sociedad leonesa Guirrio Honorífico del año, reconocimiento que este año recayó en el consejero de Fomento de la Junta de Castilla y León, Antonio Silván, que recogió emocionado la insignea que le colocó una de la madamas de la fiesta, así como la colorida máscara, que se puso tímidamente. Silván destacó que «el Antruejo de Velilla refleja las raíces y las tradiciones de las gentes del Órbigo y que se caracteriza por representar la libertad y la cultura». En este sentido quiso destacar la labor que desempeña la Asociación de Guirrios y Madamas de Llamas de la Ribera, ya que desde hace años vela por que esta celebración no desaparezca. Por su parte, el alcalde de la localidad Benito Sevilla, aprovechó la ocasión para recordarle a Silván que precisamente este esfuerzo y ese tesón al que hace referencia les ha hecho conseguir la declaración de Fiesta de Interés Provincial. Por este motivo, le pidió públicamente su ayuda, para conseguir el reconocimiento regional que otorga la Junta de Castilla y León a las fiestas que por su singularidad representan los valores culturales de la comunidad. En respuesta a esta petición, Silván se comprometió a trabajar desde su puesto de consejero de la Junta para que Llamas obtenga este ansiado reconocimiento, momento en que arrancó los aplausos de todos los presentes, que le respondieron unánimamente al grito «que bote, que bote....», petión a la que el consejero no se pudo resistir. Después de la entrega del guirrio honorífico, la fiesta continuó con las danzas de los guirrios que bailaron por las calles ataviados con el particular traje, las vejigas disecadas y los cencerros alborotando al gentío. Tampoco faltó el tradicional Carnestolendas, una representación cantada que da un repaso en tono de humor a la actualidad del pueblo, con alusiones a la crisis y a otros temas sociales.

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