miércoles 20.11.2019
REVISTA

Año amargo para la miel leonesa

Los apicultores leoneses suman tres campañas con malos datos de producción. La miel de León está en la encrucijada
Año amargo para la miel leonesa

Nada menos que en una cuarta parte. Eso es lo que ha mermado la producción de miel en la provincia. Así lo ponían de manifiesto representantes del sector, que situaban en cinco kilos por colmena la cantidad recogida este año, frente a los 20 de campañas anteriores.

 

Ahora que acaba de finalizar la recolecta, es momento de hacer balance y el resultado se traduce en “una cifra ridícula si se tiene en cuenta lo que se necesita para cubrir los gastos mínimos”, según el presidente de la Asociación Leonesa de Apicultores, Javier Morán.

 

Así las cosas, otra lectura de esta realidad es que la producción está desequilibrada porque varía mucho en función de la zona en la que se ubiquen las colmenas y, también, de las condiciones meteorológicas como la lluvia. Todo el entorno afecta mucho a las abejas y, por extensión, a su trabajo: elaborar miel.

 

La miel es un tesoro de la naturaleza, un alimento con muchas propiedades y hasta un componente para la cosmética empleado desde el antiguo Egipcio. Su polivalencia y sus múltiples posibilidades lo han convertido en uno de los elementos naturales más preciados.

 

En León hay dos tipos de mieles, una más oscura, procedente de las montañas y otra más clara, característica del sur de la provincia. «Ambas son de calidad, pero las más apreciadas son las que tienen un color más oscuro porque no son tan comunes en el resto de la península», apunta José Antonio Panera, de la Asociación Leonesa de Apicultores. Esta distinción depende de las flores que polinizan las abejas, pero también de los elementos que ellas mismas cogen de encinas o robles, como las resinas, además de por la conductividad. De ahí que existan mieles que vienen de las flores y otras que proceden de los mielatos, que son exudaciones de las hojas y de los frutos de os árboles y que recogen estos insectos voladores. «Los mielatos mejoran mucho las producciones, son claves para la calidad final de la miel y suelen salir justo al final de la campaña». explican desde la asociación leonesa.

 

Desde hace tres años, los apicultores leoneses no saben lo que es una buena campaña de miel. Las producciones han sido muy bajas, de ahí que los nuevos datos sobre el descenso en la producción se estén convirtiendo en una constante para el sector. «El primer año hubo una helada importante en el mes de abril, las heladas matan las flores y, hasta que no haya una nueva generación de abejas, éstas no pueden criar a sus bebés. Cuando llega el momento de elaborar la miel, no hay suficientes obreras para trabajar y la producción cae», argumenta Panera.

 

Aquella helada de hace tres años marcó una senda descendente de la que los apicultores no se han recuperado.

 

Las cerca de 60.000 abejas que hay en cada colmena en un año bueno, trabajan durante los meses de verano elaborando la miel y cuando finaliza la estación estival comienza la recolección. En un año bueno, se pueden sacar hasta 20 kilos de cada una de ellas.

 

La sequía condicionó la campaña del año pasado, al igual que en este 2019, en el que también ha habido heladas en el mes de junio que han afectado al desarrollo de las crías de las abejas.

 

Esta realidad ha dejado tocado a un sector que, en los últimos años, ha experimentado un pequeño aumento en el número de apicultores, pero un importante ascenso en el número de colmenas. Emprendedores que han acometido una inversión importante en un negocio que, al menos de momento, no está dando los frutos esperados.

Año amargo para la miel leonesa
Comentarios