lunes 24.02.2020
ECONOMÍA

LA EMPRESA ESPAÑOLa LE COGE EL GUSTO A LA INDIA

CADA VEZ MÁS COMPAÑÍAS SE DECIDEN POR EL PAÍS DE GANDHI PARA HACER NEGOCIOS. su implantación se ha multiplicado POR TRES EN EL ÚLTIMO LUSTRO
LA EMPRESA ESPAÑOLa LE COGE EL GUSTO A LA INDIA

La llegada a la India ha sido lenta y tardía, pero en el último lustro casi se ha triplicado la implantación de empresas españolas en este emergente gigante asiático, y las expectativas están en alza.

Hoy el ‘made in Spain’ se ve en vagones de metro de la capital o en carreteras y tendidos eléctricos de ciudades indias; en el país se puede mojar pan en aceites de oliva o tomar vinos de reconocido sabor, y los vientos del sur son peinados por molinos españoles.

Tras registrar en la última década el crecimiento más alto de su historia, la India se abre ahora a una mayor liberalización económica y necesita un impulso en infraestructuras para no perder el hilo en un contexto global difícil. Esta situación, unida al agotamiento del mercado interno español y al estancamiento de otros tradicionales, está animando a que cada vez más empresas españolas se decidan por el país de Nehru y Gandhi para hacer negocios.

«La gente fue a China, fue a Oriente medio y en el camino se olvidó de países como la India. Ahora empieza a mirar qué pasa aquí», explica a Efe Francesc Doménech, de la consultora Indbest. «Cada mes entran clientes nuevos. La mayoría de las veces no saben ni lo que quieren ni qué hay en la India, pero saben que quieren vender», asegura.

Un opinión similar tiene Carol Rius, directora de la consultoría inQuve, que afirma que las empresas buscan ahora con más frecuencia «proyectos con un mayor grado de implicación y más personalizados».

«Tienen mucho más interés por la apertura de oficinas propias de representación y apuestan de manera más determinante por el mercado, siendo ellos quienes directamente controlen la distribución», subraya.

Según datos de la oficina comercial de España en Nueva Delhi (Icex), las primeras empresas españolas aterrizaron en la segunda mitad de los 90, aunque la verdadera eclosión sucedió a partir del 2008, año que coincide con el estallido de la crisis financiera. Entonces había 80 compañías en la India, actualmente hay unas 200.

En este periodo España ha multiplicado por cinco la inversión frente a los ocho años anteriores, situándose en el puesto 12 de la clasificación por países por delante de Italia, Australia o Canadá. El sector de la automoción rompió el hielo pero la ola inversora reciente se caracteriza por su diversidad. Desde la alimentación a la electrónica, pasando por el químico, las infraestructuras, la cerámica y las energías renovables, mientras que otros sectores como las franquicias y el hostelero todavía están casi sin explorar.

Isolux, Gamesa o Borges se han convertido en nombres habituales en el país, casi referentes en sus ámbitos, y el tirón está animando a muchas pequeñas y medianas empresas, que también ven un gran potencial en las magnitudes de la India.

Hay emprendedores como Jordi Castellà, que junto a un socio se ha lanzado a montar una firma que pretende «dar acceso a electricidad» a gente de zonas rurales que carece de ella mediante sistemas de generación renovables, principalmente solar.

En su caso el proyecto tiene un componente social, aunque la mayoría de las veces el destino de la empresa española suele ser la clase media-alta del país asiático.

Gran mercado

Con una creciente capacidad de consumo y gustos más occidentalizados, este público puede ir de los 50 a los 300 millones de personas según el producto o servicio. «Es un mercado enorme, con ciudades enormes y bastante fiel en cuanto te posicionas. Se puede crecer muchísimo», valora Doménech.

El consultor admite, no obstante, que la entrada en la India crea «desgaste» e indica que la estrategia de penetración es crucial en un país con una veintena de lenguas vernáculas, una temida burocracia y marcadas diferencias sociales y culturales. «Las empresas consideran a la India como un país con potencial a medio y largo plazo», dice por su parte la directora de inQuve.

Rius alude a estadísticas como el ránking ‘Doing Business’ del Banco Mundial, según el cual este gigante ocupa el puesto 132 de 185 en cuanto a facilidades para hacer negocios y solo en diez países resulta más arduo comenzar un proyecto.

El proceso liberalizador no ha sido rápido, pero la desaceleración del PIB, tras años creciendo casi por inercia, ha llevado ahora al Gobierno indio a apostar con más firmeza por abrir sectores al capital extranjero: comercio minorista multimarca, seguros o pensiones, los más recientes.

Abierto el melón, solo faltan los proyectos. Si bien las relaciones bilaterales se han disparado, los 1.100 millones de dólares invertidos por España en los últimos doce años y los 4.500 millones de dólares de intercambio comercial representan apenas un 0,65 % y un 1 % del total en la India, respectivamente.

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