martes 15.10.2019
Ponferrada quiere que sea Bic para salvarla

La Placa se baja del tren

Nació después de la mayor catástrofe ferroviaria de la historia de España y durante décadas sirvió como taller de locomotoras. Pero después de 30 años de abandono, los chatarreros ilegales amenazan con desmantelar la Placa de Ponferrada si nadie lo remedia
El tejado de los hangares semicirculares, sostenido por una estructura de hierro, está a punto de ceder sobre los fosos.
El tejado de los hangares semicirculares, sostenido por una estructura de hierro, está a punto de ceder sobre los fosos.

Hace treinta años que los trenes dejaron de circular por La Placa. Los viejos talleres de Renfe en Ponferrada, con el puente giratorio que servía para guardar las locomotoras de vapor en sus hangares y el cargadero de carbón del ferrocarril minero de la MSP anexo, cerraron a comienzos de los años ochenta, pero es ahora que los ladrones de hierro están desguazando poco a poco lo que queda de su vieja maquinaria para venderla como chatarracuando el complejo ferroviario que dio nombre a todo un barrio de la capital berciana parece haber entrado en vía muerta.

Perdida la oportunidad del albergar la estación del AVE, que La Placa vuelva a ser algo de lo que fue a corto o medio plazo dependerá de lo que puedan hacer el Ayuntamiento y el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) para frenar el expolio y, sobre todo, para incluir las instalaciones en el proyecto de tranvía urbano entre el Museo del Ferrocarril y el Museo Nacional de la Energía que una parte del actual equipo de gobierno bipartito ya proponía en su programa electoral. El concejal de Cultura, Santiago Macías, confirmó a este periódico que convocará a los ayuntamientos del trayecto del tren minero entre Cubillos y Villablino junto a la Junta de Castilla y León, la Fundación Ciudad de la Energía, Endesa y el grupo empresarial de Victorino Alonso para quitarle las telarañas al proyecto del ferrocarril turístico. Y de paso, instar a la Junta que declare los antiguos talleres de La Placa como Bien de Interés Cultural (BIC). «Con la declaración de BIC sería más fácil buscar una forma de restaurarlos», reconoció.

La Placa actual había nacido después de una tragedia: el mayor accidente de la historia de los ferrocarriles en España, que el 3 de enero de 1944 dejó entre 500 y 800 muertos en el túnel número 20 de la línea Palencia-La Coruña después de que el tren correo 421 procedente de Madrid bajara el puerto de Manzanal sin frenos, no fuera capaz de detenerse en la estación de Torre del Bierzo y terminara empotrándose contra una locomotora de maniobras. El suceso —ocultado por la censura franquista, que sólo reconoció oficialmente 78 víctimas— sirvió, sin embargo, para que Renfe apostara por electrificar la línea y dotar a Ponferrada con unos talleres más modernos, donde reparar las locomotoras más potentes y que requerían un puente giratorio de mayor longitud.

«No puede decirse que hubiera una relación directa entre el accidente de Torre y la construcción de La Placa, pero sí que ayudó», explica el secretario de la Asociación Cultural Ferroviaria Berciana, Daniel Pérez Lanuza, coautor del libro El ferrocarril minero de Ponferrada a Villablino y la Minería en el Bierzo (2000).

La línea ferroviaria de vía ancha había llegado a Ponferrada en febrero de 1882 y aunque la ciudad disponía de instalaciones de mantenimiento de locomotoras, «desde la inauguración del ferrocarril minero a Villablino y el inicio de los tráficos de carbón al interior de la península, tanto la estación como su incipiente taller se mostraron demasiado escasos», cuenta Lanuza.

Entre finales de los años cuarenta y 1954, Renfe levantó el complejo de hangares e instaló el actual puente, popularmente conocido por La Placa, que, movido por un motor, ayudaba a colocar las máquinas de vapor —sin marcha atrás— al alcance de los mecánicos. Todos los hangares tenían su foso. El complejo «contaba con un haz de vías de clasificación, formación y expedición de trenes de mercancías a la altura del actual Polígono Industrial del Bierzo, una reserva de máquinas y taller de tracción y material móvil, una playa de clasificación exclusiva para el trasiego de carbón procedente del ferrocarril del Ponferrada-Villablino, el edificio de la subestación de tracción eléctrica y otros edificios complementarios y auxiliares como oficinas», cuenta Lanuza. En La Placa también dormía el personal de Renfe en tránsito, de forma que no resulta descabellado calcular que en sus momentos de esplendor, seiscientas personas trabajaran en todo el complejo, insiste el secretario de la Asociación Cultural Ferroviaria Berciana.

En esa misma época, según contaba el ingeniero de Renfe Mateo Silvela Tordesillas en un artículo de la época, la compañía renovó toda la vía, la estación de Ponferrada y el puente de hierro sobre el río Sil para que pudieran circular los convoyes de carbón, con más peso, y mayor número de trenes de mercancías y viajeros, con locomotoras más potenctes para afrontar la rampa de Brañuelas.

Los talleres de La Placa comenzaron encargándose de las viejas locomotoras de vapor de la Compañía de Ferrocarriles del Norte y de Renfe, como las Santa Fe, y desde 1949, con la electrificación de la rampa de Brañuelas, que tantos dolores de cabeza causaba a los maquinistas a la hora de accionar los frenos, también a máquinas más modernas; las llamadas Inglesas, como las English Electric.

Todavía hoy, los enormes muelles de transferencia del ferrocarril de la MSP anexos a los talleres, con sus muros de hormigón y el ascensor de la torre, recuerdan a un portaviones varado en la playa de vías. En su interior, un túnel comunica dos placas giratorias más pequeñas. Si uno asoma la cabeza para echarle un vistazo, los raíles y el hormigón se parecen entonces a un bunker, quizá a la famosa Línea Maginot que no logró defender a la Francia de 1940 de los nazis. Los muelles, construidos en los años cincuenta, permitían vaciar las tolvas de carbón de vía métrica a los vagones de vía ancha. «La MSP no sólo transportaba carbón de sus minas, sino de las de otros clientes», recuerda Lanuza, como Antracitas de Gaiztarro o Antracitas de Fabero.

Todas las instalaciones de clasificación dejaron de usarse en los años ochenta, coincidiendo con la retirada de las locomotoras de vapor del tren minero. Y por paradójico que parezca, Renfe dejó de usar los talleres para reparar maquinaria y comenzó a desguazar allí las viejas locomotoras eléctricas inglesas. «Una parte de la serie de 75 locomotoras que circularon por España se desmontó aquí», cuenta el secretario de la asociación ferroviaria.

Y después, el silencio. La maleza. La ruina.

La apertura en 1999 del Museo del Ferrocarril, en la antigua estación de la MSP, parecía que iba a darle una oportunidad a La Placa. El entonces director de los museos de la ciudad, Jesús Álvarez Courel, llegó a preparar una propuesta para prolongar el Museo hasta los antiguos talleres y usar una de las locomotoras de vía ancha para el traslado de los visitantes. Pero restaurar La Placa tenía un coste elevado y el proyecto quedó aparcado.

En el año 2002, el grupo socialista municipal en la oposición también incluyó las instalaciones en su proyecto para declarar conjunto histórico a una lista de una docena de bienes del patrimonio industrial de Ponferrada en un nuevo intento de restaurar La Placa que no prosperó.

Y la última oportunidad, hasta el momento, llegó en el 2003, cuando el Ayuntamiento propuso al Ministerio de Fomento que la zona albergara la futura estación del AVE. El proyecto debía contemplar la restauración de los talleres y su integración en la construcción nueva.

Pero el AVE no ha llegado. Y si lo han hecho los grafiteros, que ha convertido el interior de los talleres en el lienzo de sus creaciones —algunas de ellas, de mérito— los vagabundos que pasan alguna noche en el complejo, y en los últimos años, los saqueadores de chatarra.

Distintos colectivos, incluyendo el Partido Regionalista del Bierzo de Tarsicio Carballo, han reclamado en estos años que La Placa se convierta en un museo para evitar su expolio. Las voces de alarma más reciente han sido la del director del Instituto Virgen de la Encina, Miguel Nava, y el miembro del Instituto de Estudios Bercianos, Francisco Arias, después de comprobar durante una visita con alumnos del centro a principios de este mes que el desmantelamiento del puente giratorio había dejado sin caseta y sin raíles a la instalación.

Desde entonces, según ha confirmado el Ayuntamiento, nadie ha vuelto a llevarse más hierros de los talleres La Placa, aunque un portavoz del Adif, actual propietario del complejo, ya manifestó a este periódico que no disponen de personal para vigilar todas infraestructuras descatalogadas que posee en España.

La Policía Local patrulla ahora la zona de vez en cuando. Pero todo lo demás está por hacer. «Vamos a instar la apertura de un expediente de Bien de Interés Cultural», aseguraba el concejal de Cultura a este periódico esta semana. La decisión final, sin embargo, dependerá de hasta que punto consiga el Ayuntamiento involucrar a la Junta de Castilla y León en la salvación del viejo complejo ferroviario que ha dado nombre a uno de los barrios más populares de Ponferrada. «Hay expedientes como el de Los Barrios de Salas que llevan dormidos treinta años», advirtió Macías.

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