martes 26/10/21
Ayuda canina frente al deterioro cognitivo

Zuri mueve a los mayores

Un programa piloto llevado a cabo en la residencia pública de Armunia demuestra los beneficios de la interacción de personas mayores con canes, sobre todo aquellas que tienen deterioro cognitivo moderado
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Una de las usuarias de la residencia de Armunia muestra su alegría e interactúa con Zuri moviendo las manos en el programa terapéutico piloto. DL

Zuri se ha convertido este verano en el nuevo amigo de las personas mayores que viven en la residencia de Armunia. El huskie siberiano forma parte del equipo de terapia canina de El Educadog y ha sido el protagonista del programa piloto de terapia asistida con perros en el centro residencial. En el año 1972 un asilo de York, Inglaterra, se utiliza por primera vez animales de compañía como co-terapeutas. El psiquiatra William Tuke se dio cuenta de que los animales podían propiciar valores humanos y de autocontrol en estos enfermos, mediante refuerzo positivo. Por esas fechas se abría en Armunia una residencia de personas mayores, pero los perros no figuraban entre los programas terapéuticos. Este verano la residencia puso en marcha por primera vez un programa de tratamiento con perros a través de un proyecto en colaboración con la empresa leonesa El Educadog.

Los perros «aportan beneficios físicos, psicológicos y sociales y su interacción con los seres humanos permite mejorar la calidad de vida y el confort de las personas mayores», señala la terapeuta del centro, Ana Isabel. El proyecto se desarrolló con carácter piloto con el objetivo de apreciar por observación en las sesiones grupales las conductas y respuestas positivas de los usuarios con el perro, valorar los estímulos de las emociones como efecto de la interacción con el perro, fomentar la participación activa de las personas mayores favoreciendo los patrones psicomotores y estimar la mejoría de sus constantes vitales durante la participación de las sesiones.

Estimular el lenguaje verbal, no verbal y la capacidad de interacción social de los usuarios con el animal y favorecer las capacidades cognitivas y residuales de los usuarios ayudando a la reminiscencia y a evocar los recuerdos son otros de los acicates del programa terapéutico.

«La terapia asistida con animales en las residencias de mayores, trae consigo beneficios psicológicos, ayuda a aliviar los sentimientos de soledad, depresión y aburrimiento de los residentes» y algunas personas «han mostrado una mejoría en su habilidad de interaccionar y comunicarse con otros residentes y con el personal».

Los perros se convierten en motivo cotidiano de conversación y comentarios por parte de los residentes y contribuyen a crear «una nueva dimensión de hogar, de familiaridad y de calor a la vida de la residencia», algo que no es fácil en los geriátricos por sus propias características.

«La ausencia de verbalización estimula la habilidad de interpretar, pensar y actuar para comunicarse con ellos, siempre a partir del plano emotivo-emocional. Ello mitiga el estrés y reduce la ansiedad», añade la terapeuta.

El trato con el animal fomenta la empatía, el cambio de enfoque de centrarse en los problemas a disfrutar del momento, una comunicación emocionalmente segura, las personas se muestran más alegres y sociales y mejora el estado de ánimo.

En la residencia pública de Armunia se realizaron las actividades en dos sesiones de 45 a 50 minutos por semana durante dos meses con grupos escogidos en función de los niveles cognitivos y físicos. Cada sesión se iniciaba con la presentación del perro que iba a intervenir con ellos, para facilitar el vínculo mutuo y la relación con las personas mayores. Luego se iniciaba el contacto táctil con el animal. Los terapeutas observaban las respuestas reflejas de los usuarios con el perro.

Al finalizar las sesiones «se detectaron repuestas automatizadas de estímulos afectivos, cognitivos y reflejos físicos de nuestros usuarios y los perros», comenta Ana Isabel Alvarado Paternina, terapeuta de la residencia mixta de Armunia.

«Se organizaron seis grupos de usuarios de unas doce personas. Se establecieron los conjuntos de participantes según los niveles de respuestas cognitivas, físicas y mentales. También se tuvo en cuenta el interés y la decisión de algunos usuarios de participar o no de la intervención», explica.

En la evaluación se tuvieron en cuenta criterios de respuestas positivas y negativas; rebote al animal y/o sensibilidad; estímulos de emociones como la alegría, el miedo, el desconcierto, el enfado; respuestas motoras como reflejos de contacto táctil, movimiento voluntario para tocarlo; estados anímicos más despabilados o adormilados; respuestas cognitivas como respeto de órdenes para el estimulo y/o razonar al contacto; habilidades de comunicación e interacción con el perro.

Según los datos arrojados, añade el informe realizado por la terapeuta, «los grupos con afectación cognitiva moderada interactuaban de forma más afectiva y efectivamente con los caninos. Respondían a los diferentes estímulos y órdenes que se les indicaba, facilitando así los objetivos planteados al beneficio de ellos. Se observó en ellos participación activa, interés al desarrollo de la sesiones e interacción recíproca del usuario y el perro».

Los resultados fueron «viables, veraces y efectivos, ya que en cada sesión como se indicó en el proyecto piloto, la utilización del instrumento de evaluación permitió comprobar los efectos y respuestas de los usuarios y el perro, teniendo en cuenta que lo que se evaluaba en la sesión, eran estímulos psicoafectivos, motores y sociales», indica el estudio llevado a cabo con posterioridad al programa.

A partir de esta experiencia establecerán criterios de organización y elección de los posibles beneficiarios en una segunda fase que se abordará próximamente.

Zuri mueve a los mayores
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