sábado 28/5/22
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La procesión de La Morenica inaugura este viernes la Semana Santa. FERNANDO OTERO

Se ha hecho esperar, quizá más de la cuenta, pero la Virgen del Mercado —símbolo inequívoco de la Semana Santa leonesa— está de vuelta. Tal ha sido el letargo entre mozos y señoras que incluso aunque esta tarde llueva no dolerá tanto como en otras ocasiones. Sea como fuere, la procesión irá por fuera esta vez. A lo peor hasta Las Carbajalas y de regreso a casa, que no es poco. Cómo cambia la visión de las cosas cuando superas un trauma tan gordo... Dicen que hay miedo al síndrome de las almohadillas vacías, pero cuesta imaginarlo un Viernes de Dolores. 

La Novena pondrá fin a una cuenta atrás deseada por muchos. Un renacer que lleva implícito muerte de cruz. La historia se repite incluso dos mil años después. Hay cosas que nunca cambian... La cita arranca a las 20.00 horas en una iglesia abarrotada —habrá que ver este año si las medidas de seguridad y sanitarias son algo más flexibles— y si todo va bien estará dando sus últimos coletazos sobre las 23.00. Entre medias un recorrido procesional por algunas de las calles y plazas más míticas de la ciudad —sobre todo del viejo Reino—. Antes, a las 19.30 horas, los mozos se darán cita en la cruz de la plaza del Grano para pasar lista. Luego, vestidos con su tradicional traje negro y camisa blanca, entrarán por la puerta estrecha que conduce a la sacristía. Qué gran símil de lo que verdaderamente importará cuando toque verse cara a cara con él a la hora del juicio. 


Hasta las Carbajalas el revuelo es enorme. Las campanas apenas permiten que se escuchen los sonidos de las primeras marchas. Los titulares del paso se afanan por lucir antes de que las monjas canten la Salve, en uno de los grandes momentos de la jornada. No es sencillo entrar —y más en tiempos de pandemia— pero sin duda merece la pena vivirlo al menos una vez. Justo después todos los suplentes tienen derecho a entrar a pujar. Eso no ocurre en otros sitios. En el Mercado es una obligación. Lo fue con el añorado don Enrique y sigue así desde que Manolo Fláker asumió la parroquia. 


Desde allí el siguiente tramo conduce a la plaza Mayor. Siempre con devotas y devotos a derecha e izquierda portando sus velas, con las manolas perfectamente organizadas y todas las cofradías representadas al final. Mariano Domínguez Berrueta regala una bella estampa de la Catedral antes de entrar de lleno en la calle Ancha. La siguiente parada obligatoria es frente a la capilla del Cristo de la Victoria y sin duda el momento más emocionante —sobre todo para el pueblo leonés— aguarda en la plaza de Santo Domingo. Ahí entra en escena la Salve a la reina y madre en una comunión perfecta donde los egos quedan aparcados por un rato. 


La única modificación del recorrido será el tramo de la plaza San Marcelo. Las obras en la Rúa obligan a entrar por General Lafuente y de ahí rumbo a la Rúa, plaza de las Concepcionistas —con marcha especial a la Señora— y fin en el Mercado.

Un viernes menos doloroso
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