sábado. 28.01.2023
ASÍ COMO a los irakíes no les extraña que la aviación americana confunda una Escuela Nacional con un bunker artillado y por acabar con las resistencias acribille a los niños alfabetos, a los españoles no nos coge de costadillo el anuncio del nuevo programa de aumento de precios, tarifas y tasas, antes de que cante el gallo de la Pasión. Es lo nuestro. Y como da la circunstancia de que los Organismos más o menos oficiales llegado este tiempo de balance hacen el suyo y le encuentran acostado por las deudas, sin andarse en más averiguaciones ni marketings toman la decisión más conveniente. No se dice para quién, porque la propuesta de ley implica la subida de todo. Hasta por andar por la calle, respirar, disponer de paraguas para la defensa del ciudadano contra las lluvias pertinaces, vamos a tener que pagar. Sin rechistar, que dicen por Portamoneda. Sin alterar el gesto, sin amenazar al fisco, al Ayuntamiento, a la Diputación, al Cabildo Catedral a las dignísimas madres abadesas de las Cofradías de la Semana Santa, con emigrar a países menos drásticos fiscalmente, y con un sentido más democrático a la hora de disponer de los dineros del común, por lo común utilizados libremente por los ilustres miembros de las respetivas corporaciones, para cubrir expedientes de falta de pago y atención a jardines, festejos tradicionales, ceremonias sagradas o las intransferibles demandas de los soberbios cupos deportivos, que tanta gloria proporcionan a León y sus alfoces. Con anuncio previo y justificaciones sacadas del cajón de los recuerdos, los mecanismos operativos de la ciudad, de la provincia y de la nación, tienen el buen gusto, la democrática decisión de subir todas las tarifas, precios, tasas o invenciones económicas que sean pertinentes o que no lo sean. Y antes de la llegada de la fecha final de un año no precisamente dichoso, ni por supuesto tampoco todo lo contrario, serán corregidos a vanguardia los precios de la luz eléctrica tanto la doméstica para contemplar el bello rostro de la amada a la hora del descanso, como la tasa de la correspondencia. Se supone que naturalmente y como es costumbre, se rectificarán también los precios del tabaco y se intentará el redondeo a la hora de hacerle la cuenta a la señora de la compra. Nuevamente el personal hispánico se verá en el duro trance de calcular, de recortar, de suprimir no ya el chocolate del loro, sino el mismísimo pan de cada día que tanto cuesta. Será una nueva prueba de fuego, en el cual, también como es costumbre entre carpetovetónicos, dejaremos la piel y las entrañas. Sin Piedad. Los hombres y las mujeres que nos gobiernan al modo de María Cristina -«Que María Cristina nos quiere gobernar»-, son funcionarios de un mecanismo de poder que no tiene piedad como bien saben los ciudadanos. Y es singularmente gracioso si que también sonrojante, contemplar la alegría, la satisfacción, el orgullo con que los señores que mueven las palancas del poder, celebran la presentación de unos presupuestos que si cuadran es porque se han impuesto los nuevos impuestos de cada año. Y es lo que dice Remigia, empleada de hogar, viuda con tres hijos y uno discapacitado: «¡Coña, así cualquiera! Lo difícil es mantener en pie un hogar sin tener a quién aplicar esos impuestos milagrosos a los que recorren Ayuntamientos, Diputaciones y demás centros de bien vivir».

Año nuevo, subida nueva
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