miércoles. 06.07.2022

Josep Sala volvió a San Marcos 82 años después de aquella primera entrada que hizo, con la cuerda de presos, con 19 años. Esta vez no durmió bajo el altar de la iglesia, no comió en la lata de sardinas que colgaba de un palo en un agujero que aún sigue en el templo —lo palpó hace diez años, en otra visita— ni tuvo que escuchar los sermones del padre Cantero. Josep Sala vino en avión, rodeado de su familia, disfrutó de la comida del parador y del pan de León que no se encuentra igual en Barcelona. Y brindó con cava por la memoria. Con sus casi 102 años, Sala derrochó humor: «Me siento como una fiera», contestó cuando se le preguntó cómo se encontraba en León. A Zapatero le dijo que «yo ya era socialista antes que tú nacieras, porque me afilié en 1936» y mientras hablaba con Gamoneda, ambos bastón en mano, escuchó el son del gallo rojo que Isamil9 se arrancó a cantar para que no le faltara música al hombre que ayer puso rostro a los miles de prisioneros de San Marcos.

Un brindis y el susurro del gallo rojo
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