jueves. 02.02.2023
El 85% pide penas de cárcel para los clientes de prostitución infantil, según un estudio de Unicef

Uno de cada diez españoles conoce a algún «turista sexual» de menores

El turismo sexual con menores es una práctica «bastante generalizada» en los países pobres. Así opina el 90% de los españoles, y uno de cada diez tiene buenas razones para creerlo porque conoce de primera mano a alguien que ha incurrido en este delito. Casi nadie lo denuncia, pese a que es perseguible tanto en el país del niño como en el del cliente. Son algunas de las conclusiones a que llega una encuesta realizada por Unicef España sobre la percepción ciudadana de este fenómeno, para el que la inmensa mayoría (85%) reclama penas de cárcel. El estudio incluye 1.200 entrevistas y culmina casi tres años de campaña No hay excusas contra la explotación sexual infantil en los viajes al extranjero. Se calcula que en el mundo casi dos millones de menores son enrolados en redes o actividades de prostitución por la fuerza de mafias o por la fuerza de la miseria. Es el tercer comercio ilegal más lucrativo -mueve unos 12.000 millones de dólares al año- después del tráfico de armas y de drogas, y es su enorme valor crematístico lo que dificulta el combate de este atentado contra los derechos de niños y jóvenes. El turismo sexual infantil es percibido por los españoles como «un fenómeno generalizado». Uno de cada cinco estima, de hecho, que la mayoría de sus compatriotas que viaja a países pobres busca precisamente eso, el contacto sexual con menores. El 85% lo considera rechazable desde cualquier punto de vista, explicó Gabriel González-Bueno, director de Movilización Social de Unicef España, y son las mujeres las más claras en su repudio, «con ocho ó nueve puntos de diferencia» sobre los entrevistados varones, según el estudio. Por razones obvias -las prostitución infantil es un delito prácticamente en todos los países-, no hay datos fiables, ni estimaciones siquiera, del porcentaje de españoles que viajan en busca de sexo fácil y barato con menores. Tampoco un perfil definido de abusador, aunque la mayoría son hombres de entre 40 y 60 años, explican los expertos, y se detecta un cierto aumento de las mujeres que requieren los servicios de adolescentes durante unas vacaciones exóticas en el sudeste asiático, Latinoamérica o, cada vez más, en el este de Europa. Autojustificaciones morales Según González-Bueno, los pederastas recalcitrantes, los más peligrosos, son «una minoría» entre los clientes de la prostitución infantil. La mayoría son turistas sexuales que no buscan específicamente a menores, pero una vez en el país de destino los frenos morales se debilitan, la coerción social desaparece y acaban haciendo lo que en sus países ni siquiera se les pasaría por la cabeza. Luego muchos buscan excusas como que así ayudan al pobre niño a salir de la miseria, o que en esa sociedad «no está tan mal visto». Suelen ser conductas «ocasionales», precisa González-Bueno, lo que no les resta gravedad al hecho ni «al daño» que se inflige al menor.

Uno de cada diez españoles conoce a algún «turista sexual» de menores
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