jueves 26/11/20
La última del Diario

El centenario que añora la brisca

Rafael Ugidos de la Rosa, oriundo de Pobladura de Pelayo García, llega a los cien años esquivando al covid y en plena forma aunque echa de menos la partida diaria
Rafael Ugidos de la Rosa cumple cien años con la ciudad confinada. RAMIRO
Rafael Ugidos de la Rosa cumple cien años con la ciudad confinada. RAMIRO

De niño fue pastor, luego se agarró al arado y cuando la cosa en el campo ya no pintaba bien en Pobladura de Pelayo García se aventuró como jardinero en Madrid. Rafael Ugidos de la Rosa nació en Pobladura de Pelayo García y cumple hoy cien años en plena forma física y mental. «Camina sin bastón y está ágil mental y físicamente», dice su hija.

Nació el 22 de octubre de 1920 y a la vuelta de un siglo sigue pendiente de las cosas que ocurren en el mundo a través del periódico y la televisión, pasea y, en los meses de verano, se va al pueblo a organizar el huerto. Su otra gran distracción era la partida diaria en el centro de día de personas mayores de San Isidoro, hasta donde iba andando a diario para jugar a la brisca con la cuadrilla de las cartas. «Jugábamos cinco y diez centímos. Unas veces ganaba y otras perdía», comenta.

El entretenimiento de las cartas es una de las cosas que le ha quitado el covid, el mal bicho que tantas personas mayores se ha llevado por delante no ha podido con su salud de hierro ni con su ánimo. Lo único que le falla es el oído. Usa un aparato que interfiere con el teléfono y es su hija la que, al otro lado del auricular, le traslada las preguntas.

«Lo bueno que tiene mi padre es que se adapta bien a todo. Como sabe que no se puede, no se puede», comenta. Para compensar la falta el paseo diario que hacía al hogar del pensionista, camina todos los días por la tarde hasta la casa de su otra hija. Rafael está viudo y tiene cuatro nietos y cinco biznietos. El acontecimiento del centenario, tan esperado, se ve afectado por las medidas anticovid. La celebración familiar se restringirá debido al confinamiento de León, ya que nietos y biznietos viven fuera. «Durante el confinamiento no salió nada hasta que no dieron el permiso para los paseos», comenta. Pero ahora ni el ciclón Bárbara le arredró para bajar a hacerse la foto frente al parque de los Reyes. Hoy soplará sus velas con la ilusión de haber alargado la pila hasta las tres cifras. Y que dure. ¡Felicidades, Rafael!

El centenario que añora la brisca