domingo 22/5/22

Resulta extraño salir de casa sin el teléfono móvil, convertido hoy en la práctica en una extensión del ser humano, incluso hay personas que no pueden sentirse desconectadas del mundo virtual y son como esclavas de ese dispositivo tecnológico, una adicción que se conoce como nomofobia.

Pese a no ser todavía un trastorno reconocido al no aparecer en los manuales de diagnóstico, es una realidad y hay investigaciones y profesionales como el psicólogo sanitario Christian Knappe que advierten de su existencia.

Se trata de una conducta que «a priori» puede no parecer perjudicial y pasar desapercibida, pero llevada a un extremo sí lo es y su detección resulta complicada porque pequeñas señales de forma aislada no significan nada, pero unidas pueden traducirse en un «posible problema de adicción», explica en una entrevista con Efe este profesional. Algunos signos de esta adicción son los cambios en rutinas, como retrasar el sueño o comer rápido para coger el terminal. También alteraciones del comportamiento -al estar más irritable- e interferencias en la concentración y atención, además de modificaciones en la socialización al no interactuar con personas de alrededor y preferir hacerlo a través de la pantalla.

Según detalla a Efe el psicólogo, le puede ocurrir a cualquier persona, pero es más común entre adolescentes porque han crecido con estos dispositivos y se encuentran en una etapa de inestabilidad emocional, un momento «crítico» de su evolución y maduración. A algunos les puede afectar más que a otros, caso de quienes tienen «cierta vulnerabilidad», baja autoestima y dificultades en la regulación emocional y a la hora de relacionarse. Los tratamientos ante estas situaciones oscilan entre cinco y quince sesiones de terapia en las que se reduce el uso del móvil a un nivel adecuado de forma progresiva para evitar la ansiedad.

Esclavos del teléfono móvil, la adicción del siglo
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