miércoles 12/5/21

«Habitamos una civilización feminista en sus albores»

Amelia Valcárcel. MARCIANO PÉREZ

Amelia Valcárcel Bernaldo de Quirós (Madrid. 1950) es catedrática de Filosofía Moral y Política en la Uned, consejera de Estado y vocal del Real Patronato del Museo del Prado. La autora de La política de las mujeres, Rebeldes o Ahora, feminismo, entre otros muchos libros, es una de las pioneras del feminismo en España. Tiene con León una relación muy especial. «En esa ciudad descubrí mi libertad», confesaba a Diario de León hace algún tiempo esta asturiana de adopción y ascendencia. Fue alumna del Instituto Juan del Enzina y luego profesora. Es la autora de la frase que, desde el paso de peatones del puente de Los Leones, interpela al machismo. Fue una sorpresa grata para ella. La frase textual es: «El machismo mata, empobrece y atonta. Por ese orden» que dejó escrita por primera vez en el prólogo de Mujeres Líderes, de la Fundación Carolina, en 2008.

—Qué significa para usted este tipo de acciones en la calle del feminismo?

—Son acciones pacíficas para tener presencia. Siguen la estela de originalidad del sufragismo.

—¿En qué punto se encuentra ahora el machismo?

—Habitamos una civilización feminista... en sus albores... a punto de pasar a ser feminismo estable.Lo que se nos presenta a abolir es, en algunos casos, inercial. Como los malos usos.En otros es carne y hueso patriarcal, como la trata, la prostitución, la pornografía, los vientres, el acoso...

—¿En qué se diferencia de otras civilizaciones?

—Esta civilización feminista es, internamente, la menos violenta que hayamos conocido.Pero la cantidad de violencia que todavía sostiene el privilegio masculino es mayor de lo que apreciamos a simple vista.Los varones tienen que aprender la nueva situación, aunque ya tienen camino andado.El uso de la fuerza, el debilitamiento de la fratría y las virtudes del amor.

—¿En esto último han mejorado?

—No, en absoluto. Si queremos ver cómo evoluciona el arquetipo viril tenemos que considerarlo a través de varones a los que queramos. Son la mejor medida. No todos son como el tipo de Ponferrada (en referencia a Ismael Álvarez, ex alcalde de Ponferrada que fue condenado en 2001 por acoso sexual a la exconcejala Nevenka Fernández).

—¿Qué aporta el feminismo a esta transformación?

—El feminismo, con su sentido común moral que es grande, ayuda a que se deshagan del pelaje bravío del macho consentido. La vida les mide con sus iguales. Y, por lo general, aprenden. Dejados solos, sobre todo a edades de riesgo, corren grave riesgo de volverse impresentables.

—¿Se refiere a casos como el de la manada?

—Tal cual.

—¿Cree que también tienen miedo a quedar relegados en esta civilización feminista?

—Sí, temen perder pie, lo que es lógico porque pierden privilegios. Pero los listos, que son muchos, aprenden rápidamente a encontrarlo bajo otra apariencia. Un chico encantador es muy apreciado.

—¿La confrontación entre lo queer, que se autoproclama feminista, y el feminismo tiene visos de concluir?

—Va para largo.

—Volviendo a los hombres nuevos. El feminismo les ha conseguido un permiso de paternidad igualitario. Ahora les toca gestionarlo. ¿Qué deben tener en cuenta?

—La seriedad de criar entre dos personas que son iguales.

«Habitamos una civilización feminista en sus albores»
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