Diario de León

LUIS ARTIGUE

La eutanasia de Jorge León

Publicado por
EL AULLIDO
León

Creado:

Actualizado:

PORQUE CONOCÍ a Jorge León, porque estuve en su vieja vivienda de Valladolid llena de escaleras y barreras arquitectónicas, porque le miré a los ojos y supe de su mirada fría e inteligente, porque vi su obra escultórica abstracta y leí ese libro inédito suyo de poemas titulado «Pilar» dedicado a su exmujer, porque hablaba con serenidad, con lucidez, porque mirar la indignidad de su cuerpo y su impotencia extrema al tiempo que le escuchaba me dolía, ahora no se me hace nada fácil escribir esta columna. Hablábamos sobre arte, sobre cultura, sobre nosotros mismos y sobre la eutanasia. Y es que Jorge León había sido una persona entregada a su cuerpo y a su alma - además de escritor, dibujante y escultor hacía deporte y de hecho su pentaplejia fue consecuencia de la caída desde una barra fija al hacer gimnasia¿ Entonces los enfermeros y médicos le hicieron masaje cardiovascular y respiración asistida hasta resucitarle y él, como un Lázaro que tiene poco que agradecer, se pasó años maldiciendo esa resurrección-. Jorge León no era católico, sufría a causa de sus limitaciones y quería administrar personalmente su propia moral sin imposiciones pero le dejaban. Se pasó años de la cama a su silla eléctrica y de la silla eléctrica a la cama realizando un terrible esfuerzo para respirar, haciéndose sus necesidades encima y contratando personal para que le limpiaran, tratando de no ahogarse con sus propias flemas, teniendo que pagar por que le cambiaran de postura cada tres horas todos los días para no hacerse escaras en la piel, y sólo con la pequeña compensación de algunas visitas en su casa, de su libro, de algún que otro proyecto escultórico que él ideaba y plasmaba informáticamente para que otras personas fueran las manos que lo ejecutaban - eso es su existencia-. Jorge León, como espectador de sí mismo, se pasaba las horas esperando a que le dejara de latir el corazón. Simplemente, como repetía ante quien le quisiera escuchar o leer, él no creía tener ni la más mínima calidad de vida y reivindicaba por eso su derecho a elegir y a decidir al menos cuando y como morir. Ésa había sido la tónica de su vida. Siempre había elegido -se preciaba de ello- como vivir y quería seguir haciéndolo hasta el final, si es que la muerte era un final. Nunca nadie como Jorge León me ha hecho pensar tanto sobre mis propios fundamentos éticos, sobre la vida y sobre la muerte. Conocerle fue como visitar las ruinas de un imperio: por más que me esforzaba no podía ver lo que hubo en el pasado sino sólo la derrota presente. A la media hora de conocernos ya me había preguntado si yo le ayudaría a morir -hasta ahí llegaba su desesperación- y pensé entonces que el hecho de que me preguntara aquello era un acto de crueldad para conmigo, pero para él la crueldad era obligarle a seguir viviendo; a seguir sufriendo. En las últimas palabras publicadas en su block de internet -escribía costosamente mediante un sistema de soplidos- agradecía a la mano amiga el hecho de que le ayudara a morir, y yo pensé al leerlas en la valentía indecible de esa mano amiga al ser capaz de llevar a cabo un acto generoso y liberador al que no se atrevería cualquiera¿ Como escribió Víctor Frankz tras sobrevivir al horror de Auschwitz la vida no es nada sin el sentido de la vida... Cuando una persona cabal, inteligente, con capacidad para decidir y portadora de limitaciones extremas acompañadas de sufrimiento - el cual además ha sido sostenido durante años - pide ayuda institucional porque desea interrumpir voluntariamente su vida, ¿es legal o cruel el silencio administrativo? ¿Dónde terminan los cuidados paliativos y empieza el encarnizamiento terapéutico? ¿Qué es exactamente el suicidio? ¿La voluntad sin capacidad es voluntad? Los dogmas son respuestas incuestionables pero el pensamiento ético, creo yo, se compone principalmente de preguntas¿ Jorge León: adiós al fin

tracking