martes. 09.08.2022

León cultiva células para el dolor lumbar

Un simposio en terapia celular reunirá el martes a siete especialistas de primer nivel en «la última frontera en tratamiento de terapia celular», en el que colaboran el Ibiomed, la Fundación Leonesa de Neurociencias y el grupo Cellus. El fallo de las terapias utilizadas hasta ahora para quitar el dolor lumbar por la degeneración del disco obliga a buscar otras alternativas.
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El dolor lumbar por la inflamación del disco vertebral «es uno de los grande problemas sanitarios, la segunda causa del consulta médica y la tercera de intervención quirúrgica, un coste sociosanitario impresionante que en Estados Unidos supuso 100 billones de dólares en 2015 y que hasta ahora no hemos sabido resolver porque los tratamientos son invasivos e ineficaces». El neurocirujano José Cosamalón no pudo ser más claro durante la rueda de prensa celebrada ayer para anunciar el simposio sobre avances en terapia celular que se celebrará el martes en el Paraninfo de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de León, organizado por el Instituto de Biomedicina con la colaboración de la Fundación Leonesa de Neurociencias y que reunirá en León a los pioneros en este tipo de investigación.

Ante los fracasos terapéuticos aplicados hasta ahora y la necesidad de encontrar nuevos tratamientos y terapias para evitar el dolor a los pacientes, los investigadores se movilizan. Es el caso del grupo dirigido por Vega Villar Suárez que desde el año 2013 estudia terapias celulares, en colaboración con la Fundación Leonesa de Neurociencias y el grupo Cellus mantiene abierta una línea de investigación con el secretoma de las células, un conocimiento poco explorado para el tratamiento lumbar. Pero ¿qué es el secretoma? Básicamente, el cultivo in vitro de las células para extraer de ella todos los componentes necesarios para implantar a los pacientes sin necesidad de utilizar la célula, mucho más compleja y con más posibles efectos desconocidos a largo plazo. «El problema de las células y del secretoma es que se producen tantos factores y tantas moléculas que pueden tener efectos en rutas diferentes y no sabemos todavía las posibles investigaciones, que son relativamente recientes y no tenemos resultados a largo plazo. Estas células mesenquimales (celulas madre) están muy diferenciadas y tienen una capacidad proliferativa tremenda y comparten esas características en común con las células cancerígenas. La línea divisoria entre las células cancerígenas y las células troncales embrionarias es muy pequeña y en algunas ocasiones son teratogénicas y pueden dar lugar a tumores, por eso siempre hay que tener mucho cuidado y es tan difícil aprobar un producto de estas características, porque la seguridad del paciente está por encima de todo», explica Vega Villar. La colaboración entre la Universidad de León y el grupo Cellus de León, especializado en investigación celular y con el laboratorio adecuado para los ensayos clínicos, permite avanzar en esta línea de trabajo en la que León se posiciona en lo que Cosamalón califica como «la última frontera en tratamiento de terapia celular, pero sin la célula». Cosamalón defiende la investigación que hace el grupo del Instituto de Biomedicina Universidad de León, la dedicación a un trabajo «para el que se necesita más financiación porque trabajamos casi como en la época de Cajal» y lo posiciona en un lugar referente porque «no hay muchos laboratorios que investiguen el dolor discogénico y su tratamiento con terapias avanzadas, como pueden ser las células madre. Nos hemos empeñado en regenerar el disco, pero es difícil. Lo que sí queremos es que no duela, es la idea. Con las terapia actuales, las células tienen una mala supervivencia dentro del disco, porque tienen nicho hostil. Por eso no se consigue regenerar al 100%. La degeneración es un proceso inevitable que empieza a los 20 años y lo tenemos todos. El término enfermedad es desafortunado porque si lo tenemos todos cómo va a ser enfermedad, no tiene sentido. Como todos los tejidos tiene desarrollo, maduración y envejecimiento».

Evitar el dolor

Aunque el disco no tiene capacidad regenerativa, sí tiene posibilidad de reparación «que es otro de los nuevos descubrimientos que no conocíamos, lo que explica que la población tenga con frecuencia episodios de dolor y al final desaparezcan y sólo una proporción muy pequeña se cronifique, esos son los pacientes que tienen problemas, y hasta ahora lo estamos tratando de forma agresiva. Estas terapias supondrán un cambio radical».

«Para la investigación básica, que es lo que hacemos en el Instituto de Biomedicina, tenemos unos requerimientos más flexibles, pero para producir este tipo de células hacen falta salas blancas en las que está controladísimo todo el ambiente, la contaminación, requiere una regulación tremenda. Hay pocas salas blancas en España», explica Vega Villar. «Nosotros en el laboratorio no tenemos esas instalaciones pero si colaboramos con Cellus Biomédica, con el que estamos en la fase previa para la composición de ese secretoma y tendremos colaboraciones para aplicar en ensayos clínicos». El responsable del grupo Cellus en León, Francisco Aulestina, destaca la apuesta por esta investiación, financiado con 120.000 euros por la Junta de Castilla y León por 18 meses y que ha permitido la contratación de una persona «lo que nos ha permitido atraer talento». La terapia celular es, junto a las terapias génicas, la alternativa sanitaria del futuro.

«Tenemos que estar muy orgullosos de los investigadores que tenemos en la ULE porque hacen un gran sacrificio», sostiene el presidente de la Fundación Leonesa de Neurociencias, José Cosamalón. «No sólo se dedican a la investigación, son docentes y además tienen que darse tiempo para sacar los proyectos adelantes, y los becarios que contratamos trabajan en precariedad con unos sueldos míseros. Gracias a la subvención de varios proyectos, desde la fundación hemos hecho una inversión de más de 60.000 euros para todo lo que tenga que ver con inflamación de la hernia discal y el dolor discogénico, que es alto parecido, pero para avanzar hay que ir poco a poco, inclueyendo más investigadores, más gente, más material. Las cosass se complican porque hace falta dinero, mucho dinero».

El vicerrector de Investigación y Transferencia de la ULE, Carlos Polanco de la Puente, agradeció el esfuerzo realizado por todas las partes implicadas que hacen posible que León acoja esta «importante reunión científica».

La inauguración del simposio, para el que todavía está abierto el plazo de inscripción, tendrá lugar el martes 5 de julio a las 8.30 horas y correrá a cargo del rector Juan Francisco García Marín, que tras las palabras de bienvenida abrirá paso a la primera de las ponencias, titulada La inflamación en el dolor lumbar discogénico, que será impartida por José Cosamalón. A las 09.00 horas intervendrá José Antonio Vega (Oviedo) para abordar la biología molecular y las terapias biológicas. José García-Sancho (Valladolid) intervendrá después para hablar de la terapia de la degeneración del disco con células mesenquimales. Le sucederá Vega Villar con la investigación de secretoma como inmunomodulador de inflación y del dolor discogénico. Rosa María Aguilar, del Csic, tratará la nanotecnología en terapia celular.

El experto mundial

La conferencia inaugural del simposio está a cargo de Robert Sackstein, profesor emérito de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, un reconocido científico con raíces leonesas, concretamente en Villafranca del Bierzo, que es una auténtica eminencia en el tema que centra la reunión y que impartirá la conferencia magistral titulada Medicina Regenerativa. Terapias germinadas en León.

La decana de la Facultad de Veterinaria, María Teresa Carbajo, clausurará el encuentro.

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