miércoles 20.11.2019

Un leonés anclado en el exilio

Paco Robles, el niño de la guerra evacuado en 1937 a Inglaterra, visita en Salinas los últimos restos del vapor Habana en el que viajó con casi 4.000 criaturas
Paco Robles con el ancla que se cree pertenec ió al vapor Habana en Salinas. GAITERO.
Paco Robles con el ancla que se cree pertenec ió al vapor Habana en Salinas. GAITERO.

En el Museo Phillipe Cousteau de Salinas, en el concejo de Castrillón, Asturias, se encuentra el último resto del vapor Habana. El barco que trasladó a casi 4.000 niños y niñas desde Santurce (Vizcaya) a Southampton (sur de Inglaterra) entre el 21 y el 23 de mayo de 1937.

 

La Guerra Civil española había redoblado su eco internacional tras el bombardeo de Guernika y la crónica que publicó el periodista George Steer en el 27 de abril de 1937, al día siguiente del ataque aéreo de la Legión Cóndor dirigidos por pilotos nazis que ayudaban a Franco. «Toda la ciudad, de 7.000 habitantes, más 3.000 refugiados, ha quedado lenta y sistemáticamente reducida a escombros», relató Steer.

 

El primer exilio infantil vasco estaba preparado desde antes. Las bombas que cayeron sobre Bilbao el 4 de enero de 1937 causaron gran impresión en la población. En pocos días hubo más de 1.600 solicitudes de familias demandando la salida temporal de sus hijos. A primeros de marzo se realiza una primera evacuación con 450 niños a Francia. Pero los ataques aéreos fueron en escalada y el 31 de marzo castigaron a Durango.

 

La destrucción de Guernika ablandó al Gobierno británico de Baldwin que era reticente a recibir a los refugiados españoles y se duplicar los permisos para el viaje en el Habana, bajo la condición de que se ocupara de su manutención .

 

Inolvidable
«En el barco lo pasamos muy mal, nos dieron de comer pan blanco y nos mareamos»

El Gobierno vasco consiguió que Leah Manning, diputada laborista, se desplazara a Bilbao. Ella misma dirigió los exámenes médicos que se hicieron a los niños antes de embarcar. Entre aquellas criaturas evacuadas de los peligros de las bombas y del hambre con destino a Inglaterra iba el leonés Francisco Robles, que entonces contaba con 10 años de edad, y su hermana María Jesús, de nueve. Sobre las solapas de sus chaquetas llevaban los números 1.435 y 1.436.

 

Eran en total 3.861 niños y niñas, 95 maestras, 120 auxiliares y 15 sacerdotes. Entre las primeras maestras que se apuntaron voluntarias figura también el nombre de una leonesa, María de Dios Fernández, de Vegarienza, que era maestra en la escuela del pueblo vizcaíno de Concha.

 

Evacuación
El vapor Habana realizó seis viajes con refugiados vascos entre mayo 
y junio de 1937 

«Recuerdo las lágrimas de mi madre en sus ojos al despedirnos en el puerto de Santurce y cómo nos decía adiós con un pañuelo mientras el barco se alejaba y todos gritábamos: ¡¡¡Mamá, mamá!!!», comenta Paco Robles.

 

Aquel chaval que había nacido en la calle Guzmán el Bueno de León —Cardenal Landázuri en la actualidad— correteaba entonces por las calles de Barakaldo asustado por las bombas que caían desde antes del bombardeo de Guernika.

 

Era hijo de emigrantes. Su padre Germiniano Robles, de Mansilla de las Mulas, y su madre, Martina Hernández, de un pueblo de Burgos, se habían conocido en el bullicioso Bilbao de los años 20 y después de una breve estancia en León, tras casarse, regresaron a la capital vizcaína con el retoño. «Yo debía tener dos años y no sé si mi hermana nació en León o en Bilbao», comenta.

 

Una vez en el barco, con la comida que les dieron, pan blanco después de meses a pan negro, la música del txistolari, y los mareos, así como los cañonazos del Cervera, el barco del bando fascista, se olvidaron de la «Nos dijeron que íbamos por tres meses... y me quedé toda la vida», dice Mr. Robles, que vive en Londres y acaba de cumplir 93 años.

 

En una reciente visita a Asturias, tuvo ocasión de acercarse al Museo Phillipe Cousteau de Salinas, en el concejo de Castrillón. Entre las anclas que se exhiben sobre la colina que domina la línea de playa, se encuentra la del buque llamado Alfonso XIII que, como consta en la placa (una de las pocas que se han librado del vandalismo), fue donada por el Ayuntamiento de San Sebastián.

 

Detalle del mosaico dedicado al exilio español, con el vapor Habana, en Portobello Road en Londres. GAITERO

Detalle del mosaico dedicado al exilio español, con el vapor Habana, en Portobello Road en Londres. GAITERO

 

El Habana, que realizó al menos seis viajes para trasladar a refugiados entre mayo y junio de 1937, había sido botado en 1920 bajo el nombre de Alfonso XIII. Fue en su momento el buque más grande construido en España y tenía capacidad para algo más de 2.000 pasajeros.

 

Se construyó en los astilleros de Sestao, con acero del país, elaborado en los altos hornos que se alimentaban con el carbón que llevaba el tren hullero desde las cuencas leonesas y palentinas.

 

Con la proclamación de la II República, el traslatlántico siguió con sus viajes a América. El golpe de Estado del 18 de julio de 1936 le cogió amarrado en el puerto de Santurce, cuando preparaba una salida. En los siguientes meses fue usado para alojar a los refugiados que llegaban y se quiso habilitar como buque hospital.

 

Finalmente, se convirtió en uno de los barcos que más refugiados trasladó desde el País Vasco a Francia e Inglaterra. Según el blog https: //garciadeiturrospe.wordpress.com // el buque se quedó en Francia al finalizar la guerra. Cuando Franco solicitó la devolución de este y otros barcos que estaban en aguas galas, el Gobierno lo devolvió a su antigua propiedad, la Compañía Trastlántica.

 

Tras algunas reparaciones, pues sufrió un incendio y luego se quedó obsoleto, el Habana estuvo en servicio hasta 1960, fecha en que es amarrado en el puerto de Vigo. La empresa Pescanova lo reforma en 1962 para usarlo como buque-congelador y «el 7 de septiembre de 1964 se hace a la mar rumbo a los caladeros de Sudáfrica», señala el autor del blog. Dio servicio a numerosos pesqueros hasta 1975 y en 1978 es destinado a desguace. Un ancla se habría salvado. Es la que se encuentra en el Museo Phillipe Cousteau de Salinas.

 

Paco Robles, que viajó este verano de nuevo a España para asistir a la Semana Negra —se presentó el libro , de Miguel Ángel Fernández— quedó asombrado al ver que en Asturias aún quedaba un pesado rastro de aquel barco que le transportó a Southampton.

 

Paco Robles y su hermana forman parte de los 557 niños que no retornaron a su país. «Mi madre nos dijo que no volviéramos, que mi padre estaba en la cárcel y ella lo estaba pasando mal», recordó en Gijón. Luego estalló la II Guerra Mundial y en España se convirtió en prófugo por no acudir a filas al servicio militar, así que no volvió a pisar suelo español hasta 1952 cuando logró un permiso.

 

Volvió en barco hasta Francia y luego en tren hasta Hendaya. Por fin pudo abrazar a su madre, quince años después. «No la reconocía, tenía el rostro de una mujer mayor y las manos atacadas por la artroisis de lavar en el río con el agua helada la ropa de los presos del penal de Burgos, el último en el que estuvo su padre. El matrimonio se instaló en Mansilla de las Mulas con el hijo menor.

Un leonés anclado en el exilio