viernes 06.12.2019
PARAMOTOR A LOS 90

Marcelina, la voladora que llegó a centenaria

Una chica pispa de Villaornate. Marcelina Martínez González, la mujer que cumplió el sueño de volar cuando tenía 90 años, «para sentirme libre», se convirtió ayer en una de las 314 personas centenarias de la provincia. Conserva el humor y el amor. a la gente. .
Marcelina, la voladora que llegó a centenaria

—¿Dónde nació, Marcelina?

—En Villaornate...

—Ese pueblo le conozco.

—Villaornate, date, date, que Castrofuerte ya se dio. Villarrabines del diablo, la madre que lo parió. (Y se ríe con picardía)

—Pues yo también soy de allí...

—¿Y tú de quién eres?

—De los Gaitero, de Asterio...

—Ah, sí los Gaitero. Eran muchos y buenos.

—Mi abuelo era Miguel...

—Me recuerdo de aquel señor, que se sentaba a la puerta de casa con un cesto de uvas y ofrecía a la gente...

Marcelina Martínez González cumplió ayer cien años rodeada de familiares, algunos se desplazaron desde Barcelona para celebrar el centenario, y amistades que ha hecho en su larga y prolífica vida.

De Villaornate, la familia se trasladó a Bercianos del Páramo. «Mi padre —Castor Martínez— era pastor y por eso fuimos para allí», explica Marcelina. También se acuerda mucho de su madre, Leoncia, una mujer «muy trabajadora, que no sabía leer ni escribir pero cantaba muy bien». «Iba al campo a trabajar con mi madre para ganar lo que fuera y ella siempre me decía que hiciera el bien, y así he hecho». También vivió en Toral de los Guzmanes y empezó a servir allí para un médico.

Marcelina era una «niña muy pispa, que tenía mucha gracia para la gente». Así se recuerda la dicharachera centenaria. Cuando se hizo un poco mayor, la chiquilla le dijo a su madre que quería ir para León. «Me dio 15 pesetas y me dijo: cuando se te acaben, vuelve. Y yo pensé: Pues no se me van a acabar porque no voy a volver», relata.

Y así fue. «Luego volví, claro, pero a visitar a mi padre y a mi madre», aclara. Se empleó primero de sirvienta. Eran los tiempos de la Guerra Civil, y aunque en León no se oían los tiros del frente recuerda que en la casa en la que servía «se escondían unos detrás de las cantareras». Los faisanes que guisaba, después de pelarlos y limpiarlos bien, bajo la atenta mirada del señor, de la casa, son otra de las estampas que no olvida.

A Marcelina se le daba bien casi todo lo que se proponía. Lo mismo cogía la aguja para hacerse un vestido — «toda la ropa me la hacía yo, también esta blusa»— que un pincel para pintar un cuadro. «Lo menos veinte tengo en casa», apostilla. Hasta se corta el pelo ella sola, a sus cien años.

Y cuando su marido se hizo mayor y enfermó de alzhéimer ella se convirtió primero en su cuidadora, ya lo había hecho antes con su padre, y luego en voluntaria. Al quedarse viuda empezó a hacer de todo. Ayudaba en Alzhéimer León y en Alcles, iba a talleres de escritura y llenaba sus cuadernos con poesías que luego recitaba en los centros sociales y culturales. Su nombre figura en muchos días de la poesía

«Me llamaban de todas partes, porque les gustaba cómo lo hacía. Tenía gracia», dice sin empacho.

Para las trabajadoras sociales del Ayuntamiento de León, la gran Marcelina se convirtió en parte de la ‘familia’. Ayer la felicitaron con flores y con un poema escrito y enmarcado para su centenario por su amiga Nieves:

«Querida Marcelina:
Hoy cumples 100 años!!
Desde muy temprana edad siempre has llevado a mucha honra ser persona humilde, incansable trabajadora, tu vida no ha sido fácil pero...
Donde quiera que tú vas,
admirada Marcelina,
dejas huella indiscutible...
Por tu manera de ser,
Voluntaria y tan activa
Dicharachera y alegre
Hermosa como una flor...
A todos siempre has cautivado,
niños y jóvenes
Alcaldes y concejales
Amigas y compañeras del alma
y... hasta la reina de España
Por lo dicho y mucho más,
noble entre las personas nobles...
Siempre en nuestro corazón,
Te queremos Marcelina!!!

Marcelina andaba de aquí para allá. Y cada vez que se proponía hacer algo, lo conseguía. Y, sobre todo, lo disfrutaba con una enorme alegría. Y una sonrisa que no ha perdido después de que una operación reciente la obligara a moverse en silla de ruedas.

Aún hace ademán de levantarse. En la residencia Virgen de la Guía, donde vive desde hace unos años, se admiran de lo positiva que es incluso en situaciones de adversidad. No es fácil encontrarse con muchas Marcelina por la vida.

«A mí me gustaría saludar a la reina», dijo un día. Y lo consiguió. Cuando la reina era Sofía y vino a León a inaugurar el centro de Alzhéimer. En otra ocasión, ya andaba por los noventa años, dijo que el sueño de su vida era volar. Fue dicho y hecho. Un día subieron a La Vecilla de León y se dejó llevar por los expertos del paramotor sobre las montañas de León.

«Me sentí libre. Fue una cosa muy bonita. Nos bajábamos cerca de la gente y casi les tocábamos las cabezas», cuenta divertida por la hazaña. No todo el mundo tiene el privilegio de contar que ha surcado los cielos de León, como hizo Marcelina, la mujer voladora que puso alas a sus sueños después de una dura vida.

Marcelina, la voladora que llegó a centenaria
Comentarios