viernes 27/5/22

España abandonará la fase aguda de la pandemia, simbólica y psicológicamente, con la retirada de las mascarillas en interiores el 20 de abril, dentro de solo dos días, pero no lo hará, ni mucho menos, en el escenario soñado. Hace meses, el objetivo del Ministerio de Sanidad era llegar a esta situación con una incidencia acumulada por debajo de los 50 casos por cada 100.000 habitantes, o como mucho, 100. La realidad es muy distinta: la incidencia acumulada en los mayores de 60 años, la única que se mide desde finales de marzo, cuando se inicio el proceso de ‘gripalización’ de la covid-19, estará este miércoles en el entorno de los 400 casos o por encima de ellos.

El martes pasado, el último día en que se aportaron datos, se situó en los 435,42 casos. Además, el otro indicador principal en esta nueva etapa, la ocupación de los hospitales, también debe contemplarse con cautela. Aunque la hospitalización está en niveles de riesgo bajo, el número de ingresados en planta ha aumentado ligeramente en las últimas semanas y el de los internados en UCI ha dejado de caer. Y otro riesgo asoma en el horizonte: la Semana Santa de este año ha sido la primera multitudinaria desde el inicio de la pandemia, con grandes desplazamientos y actos multitudinarios, lo que abre la posibilidad a un aumento de los contagios en los próximos 15 o 20 días, lo que puede repercutir en las hospitalizaciones. De hecho, Sanidad se planteó en un primer momento decretar el fin de las mascarillas antes de esa festividad, pero los datos empujaron a los expertos a retrasar esta decisión hasta una vez pasado el Domingo de Resurrección.

«momento adecuado»

«Es el momento adecuado [para retirar las mascarillas en interiores] por la evolución de la pandemia y por la altísima cobertura vacunal, el 92,5% de la población con pauta completa», dijo Carolina Darias el pasado 6 de abril, cuando se anunció la fecha del fin de la última gran restricción de la pandemia. Los planes de su departamento contemplan la posibilidad de dar marcha atrás si los indicadores empeoran gravemente en las próximas semanas, pero por ahora los técnicos del ministerio no contemplan esa posibilidad y en cambio, trabajan en los detalles del real decreto que aprobará el Consejo de Ministros mañana y que entrará en vigor el miércoles. La mascarilla seguirá siendo obligatoria en los centros sanitarios, en las residencias y en el transporte público, pero existe una amplia casuística que el decreto terminará de establecer.

En un acto en Las Palmas el sábado, Darias confirmó que será cada empresa la que decida si las mascarillas son obligatorias en su centro de trabajo. Además, en una entrevista en El País, la ministra adelantó que la mascarilla seguirá llevándose también en las farmacias y en los centros de transfusión de sangre, que se consideran establecimientos sanitarios. En los colegios no la tendrán que llevar ni alumnos ni profesores, salvo los vulnerables. No se sabe todavía, sin embargo, qué ocurrirá en las iglesias y en los lugares de culto, donde se concentra población vulnerable, o en los estadios deportivos, en los que pueden darse aglomeraciones. Y de todas formas, la ministra insiste en que se recomendará un «uso responsable» cuando no se pueda guardar un metro y medio de distancia de seguridad y en lugares donde no exista una buena ventilación. si se está mucho tiempo. Y la tercera es que en toda enfermedad infecciosa que se transmite por el aire, si se tiene síntomas, aunque sean leves, o se puede estar con personas de alto riesgo, la responsabilidad es de proteger a los demás y, por lo tanto, usar mascarillas, es fundamental».

La mascarilla en el trabajo, a criterio de las empresas
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