miércoles. 01.02.2023
Hoy hacemos memoria de San Antonio Abad. Casi nada. El padre, con otros, de la vida eremítica y cenobítica en el oriente. Cercano a hombres, animales y naturaleza. Perdido en el desierto de la Tebaida egipcia y metido en los avatares de la Iglesia de los siglos III y IV. Centrado en la oración y en la penitencia, y solidario con los hermanos que padecían persecución. Longevo hasta ser centenario y tierno como un bebé. Generoso para dejarlo todo y previsor para buscar solución a la pequeña hermana que quedaba huérfana. Hombre de Dios, hombre de Iglesia, hombre de su tiempo. Un verdadero patriarca. Por eso hoy muchos pueblos nuestros se arraciman para festejar su recuerdo y mantener viejas tradiciones. Con bendición incluida de animales. Son formas que vienen de una etapa de cristiandad que no consiguen ahogar todas las corrientes modernas y postmodernas. Y es que el ser humano es alguien necesariamente siempre abierto a escudriñar los misterios de su existencia y a desentrañar los secretos de la naturaleza. El abad Antonio es todo un símbolo de estas necesidades. Otra cuestión de actualidad: el escándalo de la división entre cristianos. El vaciamiento del sentido religioso de la vida diaria, la costumbre y la falta en nuestra España de una significativa y numerosa presencia de confesionalidades no católicas como que desarropan de sentido y de garra el llamado «octavario de oración por la unidad de los cristianos» que empieza mañana. El cartel de este año presenta unas manos transmitiendo la paz a otras muchas manos que la ansían vivamente; es como expresar que ese don viene de arriba y que los hombres recibimos y compartimos. El lema es fácilmente predecible: «Mi paz os doy». Y la tarea también: ya que, por nosotros mismos, no nos ponemos de acuerdo y no recomponemos la unidad perdida, será cosa de echar una mano desamparada al cielo y esperar que, sea cuando sea, seamos escuchados y la paz reine en esta tierra y entre las diferentes religiones y confesiones cristianas. Mientras tanto, no nos vendría mal que los creyentes en general y los cristianos en particular nos pudiéramos llevar mejor. Las causas de hacer frente a la increencia y de promover los auténticos valores humanos bien valen una Misa. Unos agobios y una oración. Un bonito gesto. Y obligado. El que mañana remata el Secretariado de Cursillos de Cristiandad de León. Es una Ultreya, con todos su aditamentos, en la que se tendrá particularmente presente la vida y los milagros -que alguno hizo- de un hombre bueno y entusiasta, Demetrio Barrientos. Fallecido en junio recibe ahora un homenaje póstumo por su dedicación admirable, constante y recia a múltiples tareas de Iglesia. Un laico con muchas horas de vuelo. En otras circunstancias y con otros arropamientos, tal vez se moverían los papeles para que subiera a los altares. Seguro, en lo que cabe humanamente, que no sería mal recibido. Otro homenaje o reconocimiento es el que se otorga a Don Santiago Carrizo, párroco de Santa María en La Bañeza, natural de Villavante, 76 años de edad, director del semanario «El Adelanto Bañezano», con complicaciones cardiacas y, según él, por eso nombrado hijo adoptivo de La Bañeza, título otorgado por el Ayuntamiento después de meses de detención del expediente por motivos de precariedad en el uso del bastón de mando. Al fin triunfó la voluntad del pueblo (que firmó para que se le concediera este título) y la justicia de un hombre entregado a su parroquia y a su localidad desde 1967. ¡Que disfrute el galardón muchos años! Vayan preparando unos euros para desplazarse a Ávila a partir de mayo. Allí tendrá lugar la XII Exposición de «Las Edades del Hombre», la más importante iniciativa cultural de Castilla y León de todos los tiempos, si exceptuamos el descubrimiento, colonización y evangelización de América. Ya tiene título; será «Testigos» y estará dedicada a hacer un recorrido por la historia de la Iglesia, con detención especial en quienes fueron testimonio vivo de la fe en estas tierras: Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Isabel la Católica¿ Y un siglo que inyecta esperanza: las MM. Carbajalas, que cerraron un colegio de enseñanza, van a abrir una hospedería. Nuevos tiempos, nuevas necesidades, nuevas respuestas

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