Diario de León

«Mi padre me daba una peseta por cada ave que reconocía»

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Perdió a su padre a temprana edad, cuando ella tenía siete años, Odile Rodríguez de la Fuente (Madrid, 1973) y le recuerda como un ser entusiasta y algo asilvestrado. Bióloga y divulgadora científica evoca a Félix Rodríguez de la Fuente oliendo a sus tres hijas y revolcándose con ellas y sus perros cuando volvía de sus largos viajes. El naturalista más persuasivo de España murió hace 42 años en un accidente aéreo en Alaska, pero su legado perdura a través de Odile.

—¿Cómo fue la relación su padre?

—Pasaba mucho tiempo fuera de casa. Cuando murió yo tenía siete años, aunque le sigo teniendo muy presente. Estaba muy volcado con nosotras, mis dos hermanas y mi madre. Salíamos mucho al campo con él. En cierto sentido era muy animal, porque le gustaba abrazarnos, olernos; y muy niño: se tiraba al suelo para revolcarse con nosotras y los perros.

—Les inculcó pronto el conocimiento de las aves.

—En la Alcarria, cuando salía el sol, nos íbamos al campo y por cada ave que reconocíamos nos daba una peseta. Nos infundía mucho entusiasmo. El día se convertía en una aventura.

—¿Vio desfilar por la casa de Guadalajara muchos animales?

—Mi padre traía muchos animales a casa. Siempre nos enseñaba que no eran mascotas, sino criaturas salvajes. He visto de cerca un oso, un ocelote, linces, nutrias... No nos prohibía acercarnos a ellos, pero nos alentaba para que fuéramos prudentes.

—Su padre fue un gran defensor del lobo. ¿Le consideraban el jefe de manada?

—Aplicó a los lobos la técnica de la troquelación, basada en las teorías del Nobel Konrad Lorenz, quien sostenía que un animal recién nacido, si es separado pronto de sus progenitores, reconoce en la persona que lo cuida uno más de su especie. Un amigo le dio dos cachorros que habían sobrevivido de una camada, Remo y Sibila, que cuando crecieron le consideraban el lobo alfa. Eso le dio la oportunidad de tomar apuntes de etología, sobre la conducta de los lobos, que luego plasmó en la enciclopedia ‘Fauna’ y en sus documentales de ‘El hombre y la tierra’.

—Sin embargo, sigue habiendo cebos envenenados y caza ilegal.

—Sí, en eso se ha avanzado muy poco. Antes de declarar al lobo especie protegida, tendría que haberse trabajado más a escala provincial y autonómica con la población local.

—Después ha habido muchos naturalistas, pero no con el poder de persuasión de su padre.

—Es que es irrepetible.

—¿Cómo adquirió Félix Rodríguez de la Fuente el interés por los animales?

—Había estudiado Medicina y se había doctorado en la especialidad de Estomatología, pero ya durante la carrera su gran obsesión fue la cetrería, una afición que nació cuando era niño y tuvo su primer encuentro con un halcón. Defendió las aves rapaces cuando todavía existía en España la Junta de Extinción de Animales Dañinos, que tildaba a estas aves como alimañas. Así se fue haciendo naturalista.

—¿Tuvo muchos enemigos?

—Le criticaron mucho por la defensa del lobo, pero él no consideraba a sus detractores enemigos. Para él era un reto convencerles, seducirles.

—¿Qué pensaba su padre de los zoológicos?

—Era muy tolerante. Procuró que los zoos se preocuparan por el bienestar animal, aunque pensaba que irían a menos. Entendía que los animales de los zoológicos no podían ser reintroducidos en la naturaleza.

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