sábado. 25.06.2022
Khuoluod Alsayed | Refugiada Siria en León

«No pudimos inscribir a mi hija al nacer por la guerra y creen que tiene dos años menos»

Mañana día 20 de junio se conmemora el Día Internacional del Refugiado. 233 personas desplazadas de distintas nacionalidades solicitaron protección internacional en León en 2021. La guerra de Siria ha expulsado del país a más de 6,8 millones de personas. Khuoluod Alsayed es una de ellas. Huyó de su país en 2013 y desde hace casi un año vive en León con su familia protegida por Cruz Roja.
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Khuoluod Alsayed huyó con su familia de la guerra de Siria. MIGUEL

Khouoluod Alsayed tiene 35 años. En 2013 huyó de Siria con su marido y su hija pequeña en una escapada de la que nunca se imaginó que sería definitiva. «Salimos con lo puesto, en ese momento pensé que en una semana estaríamos de vuelta». Ahora sabe que nunca regresará. Después de nueve años, la familia ha crecido. Dos de sus tres hijos nacieron fuera de Siria. Ninguna de las tres criaturas quiere volver y ahora su única esperanza es poder traerse a sus padres a España. «Las condiciones de vida con la guerra son muy malas, hay mucha pobreza».

Khuoluod, su marido Jaber y su primera hija de un año de edad, salieron en 2013 de una Siria asediada por las bombas. «Caían muchas bombas, la situación era horrible, había muchos niños, mujeres y hombres muertos. Temíamos por nuestra familia». Pero el periplo comenzó un año antes. «Estuvimos un año recorriendo distintos pueblos de Siria, escapando de un lugar a otro, nos movimos buscando oportunidades, pero no fue posible, teníamos muchos problemas». Entre los múltiples problemas, uno de los que más preocupa actualmente a la familia y que arrastra desde los primeros años de la guerra, es la documentación de su primera hija. La destrucción del edificio administrativo para el censo de los nuevos nacidos retrasó su inscripción hasta dos años después de nacer. «Mi hija tiene once años, pero consta que tiene nueve. Como no tenemos los papeles de su nacimiento porque todo se destruyó con la guerra, no podemos demostrar la edad que tiene y ahora va al colegio con niños y niñas dos años más pequeños que ella. Cada vez que vamos a su pediatra nos pregunta si ya están arreglados los papeles, pero todavía estamos en ello. La documentación que me dieron en el Hospital tras su nacimiento se quedó en casa, pero como salimos precipitadamente todo se quedó allí».

Una vida robada

Y en su casa de Siria quedó todo lo acumulado en la vida: ropa, muebles, documentos, fotografías, comida, electrodomésticos, adornos, cuadros, todo. «Ya no queda nada. Todas las casas de las familias que tuvimos que salir por la guerra están arrasadas, se lo han llevado todo, hasta los cables de la luz».

A la puesta al día de la documentación y el resto de los trámites legales les ayuda Cruz Roja de León, entidad que acoge a la familia dentro del programa de refugiados. Tras once años de conflicto, Unicef define la situación de Siria como «una de las crisis humanitarias más importantes de nuestro tiempo. La escala y la complejidad de las necesidades, especialmente de los niños y niñas que se encuentran en el noroeste del país, siguen siendo muy graves. La interrupción de los servicios básicos y la destrucción de infraestructuras como colegios y hospitales impiden dar ayuda humanitaria a más de 14 millones de personas sirias que la necesitan, de las que más de 5 millones son desplazados internos».

La guerra de Siria ha expulsado del país a 6,8 millones de personas que han solicitado refugio en otros países. Turquía es el país que más refugiados sirios acoge (3,8 millones), según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Acnur es la organización que acogió a la familia de Khuoluod en Líbano durante ocho años. «Después de estar un año trasladándonos de un pueblo a otro dentro de Siria, decidimos refugiarnos en Líbano. Acnur nos ayudó mucho. Mi marido trabajó como albañil, pero aunque teníamos ayudas no nos llegaba ni para los primeros días del mes. Le pagaban en libras libanesas pero todos los productos que se compran los pagas en dólares, que es más caro, así que el sueldo no da para nada».

La Agenciad de las Naciones Unidas para los Refugiados se puso en contacto en dos ocasiones con la familia para organizar su traslado a otro país. «La primera vez dije que no, quería estar cerca de mi familia, algunos de mis hermanos estaban en Líbano y mis padres en Siria, estaban cerca, aunque estuviéramos en distintos países, pero nuestra situación era tan mala que al final decidí que había que salir».

Acnur fletó un vuelo lleno de refugiados sirios desde el Líbano a España. Viajaron a España como familia de reasentamiento, con la condición de refugiados, en situación regular. «Fue una decisión difícil. Imagina dejar toda tu familia, tus amigos, toda tu vida. Siento mucho amor por mis padres, mis hermanos, mis cuñadas, a todos los echo mucho de menos. Mis hijos eran muy pequeños y lloraron mucho con la despedida. Ahora ya no quieren volver».

"Me gusta España, la vida es muy parecida a la que llevábamos en Líbano, donde conviven muchas religiones. Aquí estamos bien. Mis hijos no quieren volver"

La guerra frustró sus planes de futuro. «Yo estudiaba en la universidad para profesora de francés y mi marido era albañil». El conocimiento del francés le ha facilitado el aprendizaje del español. «Para mí no ha sido tan complicado porque los dos idiomas se parecen, pero mi marido lo lleva peor, estudia mucho pero le resulta más difícil». Sin embargo, los tres hijos del matrimonio (dos niñas y un niño) hablan perfectamente el castellano.

«Ahora lo único que pienso es en el futuro de mis hijos, en que quiero darles una vida mejor, y también pienso mucho en mis padres, me gustaría traerlos a España».

De momento, la familia ha superado la primera fase del programa de protección tras pasar seis meses protegidos por Cruz Roja en uno de los hogares del programa de reasentamiento. En la segunda fase en la que se encuentran, los cinco miembros de la familia viven ya en un piso de alquiler, con los gastos sufragados por el programa y la ayuda de Cruz Roja, aunque ellos mismos se administran el presupuesto. El objetivo de esta fase es que aprendan a vivir de manera autónoma con las necesidades básicas cubiertas. El siguiente paso del programa es la búsqueda de un empleo. Khuoluod acaba de terminar un curso de comercio y espera poder trabajar en el sector como cajera en un supermercado. «En Líbano trabajé como dependienta en una tienda de comestibles y también preparada comida para vender, me gustaría trabajar en ese sector, pero estoy no me importaría cambiar, por qué no en la limpieza, no pasa nada, hay que trabajar».

"Uno de los problemas que más me preocupa es demostrar que mi hija tiene once años y no nueve"

Para Jaber, su marido, espera que haya un hueco en la construcción para que siga con su oficio de albañil. Las oenegés Entreculturas y Alboan reivindican, con motivo del Día Internacional del Refugiado que se celebra mañana, la necesidad de aumentar el peso y el protagonismo de la educación en la infancia que se ha visto obligada a huir de sus países por conflictos bélicos.

Los tres hijos de esta mujer siria están escolarizados en León. «Van contentos, juegan en el parque con otros niños de su edad. A veces se pelean entre ellos y vienen a casa quejándose, pero yo creo que son cosas que pasan cuando los niños juegan. Al niño le gusta mucho jugar al fútbol en el parque. A veces les enseño fotos de cuando eran más pequeños, con sus tíos y sus amigos de cuando estábamos en Líbano, pero dicen que no quieren volver, les gusta estar aquí y quieren quedarse».

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"Me gusta la vida en España", reconoce Khuoluod Alsayed. MIGUEL

A pesar del desarraigo personal, Khuoluod es una mujer sonriente. «Los de mi pueblo, la localidad siria de Homs, tenemos fama de ser muy alegres, así era al menos antes de la guerra. No pienso en mi futuro. León es un buen sitio, tranquilo y la gente es buena. Ahora no quiero volver. Aquí tengo amigos, me gusta mucho la vida social y relacionarme con ellos, y estudiar en mi tiempo libre. Me gusta más estudiar que cocinar, el que cocina es mi marido», asegura, para después apostar porque su hija de once años «se ponga el velo, como me lo puse yo, que lo haga cuando esté segura. De momento no es necesario hasta que empiece con el desarrollo».

«No pudimos inscribir a mi hija al nacer por la guerra y creen que tiene dos años menos»
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