sábado. 04.02.2023

Récord de 'cienañeros' leoneses en la residencia de Armunia

El centro público de la Junta homenajea a sus cinco centenarios, que suman 514 años

undefined

Llegar a los cien años ya no es una rareza en León, si bien la pandemia ha hecho su efecto en las personas mayores la tendencia al alza de las personas que alcanzan y superan el centenario  en la provincia no se ha parado. Todo lo contrario. 

En la residencia de mayores de Armunia lo han visto reflejado en la coincidencia, por primera vez en su historia de más de medio siglo, de cinco personas residentes ‘cienañeras’, pues el juvenil sufijo parece apropiado para las personas longevas.   

El centro, donde vive la persona más longeva de León, Ángeles de la Fuente, les tributó este jueves un cariñoso homenaje por su hazaña vital. «Trabajar, trabajar, trabajar...», asegura Benjamina, de 103 años, cuando se le pregunta por el secreto de su longevidad. «No he hecho ningún sacrificio», afirma su compañera Gloria, con sus cien abriles. Felipe, con otros 100, recuerda las hilas que se hacían en su pueblo, Caldevilla de Valdeón, antes de emigrar a Uruguay.

Teófilo cumplirá los 101 años el día 20 de diciembre. Se pasó la vida en Puente Villarente, dedicado a la agricultura y al ganado. Y Ángeles, la veterana, con sus 110 años, ocho meses y seis días, está al tanto de que «las cosas de las comidas andan por los altos».

Son los cinco ‘cienañeros’ y más de la residencia de mayores de Armunia, entre 88 residentes, que esta mañana han recibido. Entre los cinco suman 514 años de vida y atesoran experiencias únicas, algunas muy duras como sobrevivir a algún hijo, perder a su marido en el extranjero o . Su longevidad es una prueba de su resistencia física y también de la resiliencia con que han vivido las adversidades. 

En la provincia de León hay un total de 297 personas centenarias, según el Censo de Población y Viviendas del INE de 2021 y 299 según el último padrón de habitantes de julio de 2022, algunos menos que antes de la pandemia cuando se superaron los 340 personas de más de 100 años.

Benjamina Arias nació en el pequeño pueblo de Rodanillo, al lado de Bembibre, en El Bierzo alto. Era la mayor de siete hermanos y apenas pudo ir a la escuela porque le tocó tirar por todos los demás. Después de casada emigró con su marido y sus tres hijos a Alemania. Él ya iba con las secuelas de la mina grabadas en los pulmones y el frío hizo el resto en Dusseldorf. «Agarró tres pulmonías y murió a los 52 años», recuerda su hija. Apenas aprendieron a chapurrear el alemán, porque todo era trabajar y trabajar. De una fábrica a otra.  Pero recuerda muy bien cómo se dicen los buenos días —guten morgen— porque a veces practica con una de las auxiliares que estudia el idioma germano.

Para Gloria Pérez Cabreros, de Ardón, los primeros recuerdos que vienen a la cabeza de su pueblo y su vida son las muchas labores que requerían las viñas. «En marzo había que coger las ramas para que no se rompieran (luego dice que esto era el podo) y en mayo había que arar», explica. En verano andaban a los garbanzos y el lino y con las vacas tirando del trillo en la era. En las vendimias se «hacía mucha fiesta: cantaban los vendimiadores por la noche»,

Felipe Casares salió de Calderilla de Valdeón en 1954 rumbo a Brasil, pero después de un año se fue a Uruguay, donde ya estaba su hermano. Regresó hace cinco años, en 2017, porque una sobrina fue a buscarlo. «Al quedar solo y jubilarse se fue al hogar español y lo traje para León», explica. Trabajó en la industria papelera, pero no olvidó nunca a su pueblo y la casa que levantaron sus padres.

Benjamina Arias, Gloria Pérez, Felipe Casares, Ángeles de la Fuente y Teófilo Maraña. FERNANDO OTERO
Benjamina Arias, Gloria Pérez, Felipe Casares, Ángeles de la Fuente y Teófilo Maraña. FERNANDO OTERO

Teófilo Maraña Alonso recuerda, además de las labores del campo, las buenas tardes en el soto de Puente de Villarente y la abundancia de cangrejos y truchas que había en el río Porma. Tiene cuatro hijos (un quinto falleció) y cinco nietos, aunque uno de ellos es «como si fuera su hijo, un hijo-nieto», dice María del Mar, su hija, a quien tiene especialmente cerca porque es trabajadora de la residencia.

Ángeles de la Fuente no se cree que es la persona más longeva de León. Pero ante la insistencia, claudica: «Pues si es así, así será». Aunque le fastidia tener que estar en silla de ruedas y «no poder salir con el andador» mantiene el humor (y el genio) de siempre. Para la fiesta que les prepararon fue este jueves a la peluquería. «La peluquera dijo que solo podía peinarme porque éramos muchos y no podía ponerme los rulos», añade mientras se toca la cabeza, siempre coqueta.

«Estuvo bien preparada la fiesta», comenta mientras pregunta si ya le han enviado el vídeo a su hijo Cayetano, que vive en Castellón, para que lo vea. Habla todas las semanas con él por videoconferencia y está al tanto de toda la familia, especialmente de sus cinco biznietos. «Más no podemos pedir», admite, agradecida por la dedicación del centro, sus cuidadores y su familia. 

Sobre todo si se mira alrededor porque, añade, «el mundo está mal». Para matizar: «El mundo nunca está bien en ninguna época, siempre está revuelto por una cosa o por otra. Ahora ya estás viendo lo que hay, Las cosas de comida por los altos». De la economía está tan al tanto que sabe bien que «cobro una pensión de mi marido y me dan una extra en Navidad y otra en julio».

«¿Te parece poco para todos yo?», contesta cuando se le pregunta por lo que tuvo que trabajar. A Ángeles también le tocó bregar con las tareas de casa y el cuidado de los hermanos. «Éramos 12 y yo la mayor de las chicas, tenía una hermana que ‘nació sorda como una tapia’ (dice con ironía) porque no oía a los niños, pero a mí los niños me dolían y les quería mucho, les cantaba», apostilla.

De su padre recuerda que era músico, «tocaba la dulzaina y el clarinete que heredó de un tío», y también que fue un pionero en la labranza al introducir la primera máquina de segar en el pueblo y también una de ventear para la era con electricidad porque «si no había viento se estropeaba el trigo».

La situación de las mujeres ha cambiado mucho desde que esta mujer, nacida en marzo de 1912. «Antes a las mujeres no nos dejaban salir a tocar», apunta a explicar por qué ella no se dedicó a la música, aunque nunca ha dejado de cantar. Lo sigue haciendo en su habitación algunas veces. Por contra, añade, «los hombres no tocaban a los niños. Decían que venían de trabajar.. Y yo ¿qué? Yo venía de cuidarlos todo el día y de hacer todo lo de casa, ¿es que eso no es trabajo». Como si tuviera un filtro para ciertas cosas, afirma que de la guerra, no sabe nada. «¿A quién pertenece Ucrania?», pregunta.

La fiesta de los centenarios en la residencia de Armunia estuvo amenizada por un repertorio de canciones de Manolo Escobar, que hizo sonreír y mover los brazos a los cinco magníficos sentados en su trono con la edad impresa en una pieza de chocolate, animados por los trabajadores y trabajadoras del centro y los familiares que les acompañaron. «Estoy muy contenta. Gracias, gracias por todo y a todos», decía Benjamina. Gracias a la vida que les ha dado tanto.

León, el 2% de mayores de 100 

El número de centenarios casi se ha triplicado en la provincia de León en los últimos veinte años. De las 103 personas mayores de cien años que había en León en 2002 —76 mujeres y 26 hombres— se ha pasado 257 en el censo de 2021 (59 hombres y 198 mujeres) y a 267 según el último padrón de habitantes de julio de 2022 (215 mujeres y 42 hombres).

La pandemia hizo un poco de mella en el aumento sostenido de centenarios. En 2019 había 243 (203 mujeres y 40 hombres); en 2020, 259 (204 mujeres y 59 hombres) y en 2021 bajaron a 244 (184 mujeres y 59 hombres), con cifras similares al año anterior al covid. En España hay 12.792 personas centenarias, 2.241 hombres y 10.551 mujeres. León tiene el 2% de los centenarios de España. 

Récord de 'cienañeros' leoneses en la residencia de Armunia
Comentarios