miércoles 26.02.2020
MATERNIDAD EN EL HOGAR

Las últimas leonesas que parieron en casa

Dar a luz en la cocina o en el dormitorio del hogar era lo normal en León hasta mediados del siglo e incluso hasta los años 70. La red familiar, de allegadas y parteras cumplían la gran misión de traer al mundo a los bebés, aunque a veces las parturientas tenían que apañarse solas. La profesora leonesa Elena Andina Díaz rastreó el parto en casa en el sureste leonés..
Las últimas leonesas que parieron en casa

La maternidad y sus cuidados «han experimentado un giro radical en pocos años», señala la profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la ULE, Elena Andina Díaz. Nada que ver la experiencia de su abuela, que deambulaba días en casa ayudada por Elisa, la partera, con la atención al embarazo, preparación al parto y alumbramiento de sus dos hijas.

Su experiencia, que refleja en el prólogo de su tesis doctoral Valoración sobre la participación de lo doméstico en torno al parto. Creencias y prácticas populares en Almanza y Cebanico, es paradigmática. La curiosidad de esta berciana, nacida en Bembibre, le llevó primero a indagar en la memoria familiar y en la historia de una partera local, Petra Fernández, de Albares de la Ribera, de la que publicó una reseña en 2002.

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Fé Garmón Gómez,  Asunción Fernández Estrada y Adoración Pérez Ramos

Con el tiempo, este trabajo le llevó a explorar la historia del parto en casa en la comarca de Sahagún, y más en concreto en los 16 pueblos de Almanza y Cebanico y a indagar en las relaciones que se establecían en la familia y la comunidad para facilitar los partos y nacimientos.

Podía haber sido cualquier otro lugar de la provincia, pero durante varios años residió en Almanza con su familia y eso facilitó la tarea. A partir de 27 entrevistas de mujeres que dieron a luz en casa y de familiares de parteras reconstruye en esta investigación cómo se traían los hijos al mundo hasta menos de medio siglo.

Su tesis doctoral, dirigida por José Siles González, es el detonante de nuevas investigaciones que recuperan el valor de las relaciones familiares y comunitarias en torno al nacimiento para planear estrategias de salud maternal en el siglo XXI desde el grupo de investigación Salbis que lidera en la Universidad de León Pilar Marqués, también profesora en Ciencias de la Salud en el ámbito de Fisioterapia y Enfermería. La revista científica International Journal of Environmental Research and Public Health acaba de hacerse eco de la investigación ‘Análisis de redes sociales aplicado a un estudio histórico etnográfico sobre el parto en casa’, de la que son autoras, entre otras personas, Elena Andina y Pilar Marqués. Hasta los años 60 no había Seguridad Social y la gente del campo recurría a las «gestoras populares» para ayudar a las embarazadas en el parto. Mujeres «decididas», «madres de varios hijos», mañosas para componer la salud y que además se dedicaban a las «tareas del campo» o eran «guisadoras» de bodas y entierras constituyen el elenco de parteras, figuras ya desaparecidas, que atendieron los últimos partos en casa que se dieron en León hasta mediados del siglo XX.

A veces las mujeres se apañaban solas o con la ayuda de allegadas. Bien porque la partera no llegaba a tiempo o porque no la había. Les valía la experiencia de partos anteriores: «En el último estuve sola (...), puse agua caliente y el marido vino aquí a llamar a mi madre (...) y cuando llegó al corral de llamarla tuvo que entrar corriendo a coger el crío que se escapaba. Le dije: ‘Corre, corre, corre que se cae el niño’, yo sin poderme mover... Ya enseguida llegó mi tía y mi madre».

Los testimonios n de mujeres que vivieron la experiencia y de familiares de estas comadronas que, sin estudios específicos y algunas sin saber leer ni escribir, ayudar a traer al mundo a decenas o cientos de criaturas. «De estudios cero», comenta una de las entrevistadas. «Aquí no enseñaba nadie, de ver, como si yo me pongo, venían a una y a otra, ataban el rendal y ya está», señala otra sobre las parteras.

El parto era algo natural y el momento del alumbramiento se consideraba un acontecimiento social, según relata Andina. El papel del padre, salvo excepciones, era secundario, cuando no de total ausencia: «Mi marido en la cama durmiendo, no lo llamé, para qué, estaban allí las mujeres...», dice una de las entrevistadas. El ganado y el campo exigía sus atenciones y no podían dejar de atenderlos. «Mi marido, o estaba trabajando, o no le apetecía mucho», dice otra.

El rol de médicos, matronas y practicantes también queda reflejado y analizado en el trabajo de investigación reciente a través de un novedoso método llamado Ars. Algunos dejaban hacer, pero ya había facultativos que decían: «No quiero parteras, atiendo yo». Médicos y practicantes eran todos hombres, las matronas tenían muy limitada su acción en estos pueblos. Tenían limitaciones para trabajar en las zonas rurales y en sus actuaciones, a mayores de otras circunstancias como la excedencia forzosa por matrimonio.

Las mujeres en aquel entonces se encomendaban a San Antonio, a San Ramón Nonato o a la Virgen de Yecla para que el niño viniera bien, era común que se confesaran antes del parto y durante el embarazo se procuraba satisfacer sus caprichos para que las criaturas nacieran con «antojos» o manchas en la piel.

El parto era un rito de paso. La propia embarazada preparaba el agua caliente, la ropa del recién nacido y daba los retoques de limpieza. En cuanto empezaban los primeros síntomas algún familiar o allegado se ponía a matar la gallina para los caldos que iban a ser, junto con el chocolate, la base principal de la dieta de la parturienta durante los tres primeros días tras dar a luz.

El lugar más frecuente para dar a luz era la habitación, pero muchas también alumbraban en las cocinas. Rara vez había algo para el dolor, solamente una tila, o un té. A veces les ofrecían chocolate. Para expulsar la placenta, muchas veces les mandaban soplar una botella. Luego se enterraba en el corral o si tiraba con el abono. Después del parto y sin limpieza alguna eran introducidas en la cama.

En el pueblo tocaban las campanas para celebrar el acontecimiento, pero las mujeres no podían salir de casa durante la cuarentena, lo prohibía el cura. Pero necesidad obliga y las mujeres la burlaban como podían: «Yo iba por aquí abajo para que no me vieran por centeno verde para dar a las vacas y traía los fajos a cuestas. Y me dice: «Ya se lo diré al señor cura». Y le digo yo: Pues venga usted y el señor cura y así no voy yo».

Aquella forma de dar la luz tocó fin con los hospitales. La idea de volver al parto en casa es una opción que contemplan algunos movimientos y que en algunos países forma parte de las opciones que tienen las mujeres entre hospital, casa de partos o domicilio. «La intimidad, dignidad, libertad, comodidad, así como el respeto a las dimensiones emocionales y culturales de la mujer, entre otros, son motivos que explican este fenómeno», explica Elena Andina., para subrayar que «en pleno siglo XXI es que el parto domiciliario debe estar atendido por profesionales preparados para ello, que aporten la seguridad al proceso. Ahora son las matronas tituladas y formadas específicamente en la atención a este tipo de parto, los profesionales que cogen el relevo de la atención al parto en el domicilio».

Las últimas leonesas que parieron en casa