viernes 21/1/22

«La vacuna evitó mi ingreso en la UCI, pero me retrasaron el autotrasplante»

Ana Cascallana se recuperaba de un tratamiento contra la amiloidosis cuando le detectaron el coronavirus. Los médicos le dicen que la vacuna evitó su ingreso en la UCI pero el contagio retrasó el autotrasplante de médula que necesitaba para superar su enfermedad. Ahora está pendiente de volver a inmunizarse.
                      Ana Cascallana, en su casa, recuerda los días difíciles de tratamiento por la amiloidosis y la infección por covid.
Ana Cascallana, en su casa, recuerda los días difíciles de tratamiento por la amiloidosis y la infección por covid.

Ana Cascallana tiene 53 años y en el mes de julio pasó el covid en pleno tratamiento contra la amiloidosis, una enfermedad rara que afecta a la sangre. El positivo a coronavirus retrasó la intervención de autotrasplante de médula, que resultó un éxito y tras la cual está en remisión.

Ana Cascallana está convencida de que la vacuna le salvó la vida: «Completé las dos dosis de la vacuna en junio. Los médicos me dijeron que gracias eso tuve pocos síntomas y doy gracias a las vacunas porque yo me encontraba en un momento de salud muy delicado».

La fatiga al subir las escalera y el cansancio que notaba desde noviembre de 2020 no resultó estar provocados por la falta de aire que se filtra a través de la mascarilla sino por una enfermedad poco común que se desencadena cuando falla la proteína amiloide, que interfiere en el funcionamiento normal de los órganos. En su caso, el órgano afectado es el corazón.

La variedad de síntomas confundía a los especialistas que sólo detectaron el alcance de la enfermedad cuando los profesionales del servicio de Hematología del Hospital de León realizaron una punción lumbar y el análisis de la grasa del abdomen. «Cuando me dieron el diagnóstico se me vino a la cabeza toda la experiencia vivida con mi marido, que también pasó un linfoma. Por eso me conocía a todo el equipo de Hematología. Ahora la paciente era yo».

Los especialistas pautaron el tratamiento en dos fases. Primero con medicamentos inmunosupresores y, estabilizada la pauta, afrontar un autotrasplante de progenitores hematopoyéticos, un procedimiento utilizado en las enfermedades neoplásicas (tumores malignos) o enfermedades con una alteración de la función de la médula ósea, como es el caso de Ana Cascallana.

El 1 de julio, día fijado para comenzar el tratamiento inmunosupresor con una terapia experimental que se utiliza desde hace seis años, Ana Cascallana llegó al Hospital de León con dolor de garganta. «Cuando comencé con el tratamiento tenía dolor de garganta, pero como tenía síntomas tan variados por la enfermedad todo quedaba muy confuso. En esas fechas comenzaba a subir la quinta ola. Mis hijos acababan de llegar de Madrid y se iban a someter al cribado masivo que se organizó en el Palacio de Exposiciones el 3 de julio».

El brote de contagios de la población más joven (entre los 16 y los 25 años) con la variante Delta movilizó a primeros de julio a la comunidad universitaria y al equipo de Atención Primaria, con un llamamiento masivo con el fin de localizar y frenar la propagación de la infección, que ese mismo día sumó 206 contagios ese mismo día. El cribado destapó una realidad que preocupó a los sanitarios, con uno de cada diez jóvenes positivos a la prueba. De los 3.703 jóvenes participantes, 368 estaban infectados. Entre ellos, los dos hijos de Ana. «Ya me habían dado el tratamiento y como mis hijos, de 18 y 20 años, dieron positivo avisé a los médicos, me dijeron que me aislara en mi casa y me hicieron una PCR, que dio positivo».

Los síntomas del covid, la enfermedad y el tratamiento que acababa de recibir la dejó sin fuerzas. «Aislada en casa, los médicos pendientes de mí, con síntomas y en la lista para someterme a un autotrasplante de médula. Fueron días difíciles. Hacía mucho calor y yo estaba sin poder salir de la habitación. Me subió la fiebre a 38º y me fue a Urgencias, me pusieron cortisona, heparina y antibióticos. No me ingresaron y me mandaron para casa. Después de eso me bajó la fiebre y no me volvió a subir más».

La incidencia del coronavirus en la provincia en la provincia en el 1 de julio, día en el que el que Ana comenzó con el tratamiento, estaba en 182 casos en catorce días de evolución y había quince personas hospitalizadas en planta y otras siete en las UCI.

«A mí me habían puesto ya las dos vacunas de Astra Zeneca. Tanto el hematólogo Fernando Escalante, con los profesionales de Atención Primaria estuvieron muy pendientes de mí. Estoy convencida de que las vacunas me evitaron un ingreso hospitalario y pude pasar el covid en mi casa con síntomas pero sin gravedad».

El autotrasplante de médula al que tenía que someterse tuvo que retrasarse hasta que se recuperó de la infección por coronavirus. «Tardé tres semanas en dar negativo. Después del covid me hicieron un autotrasplante de médula, que se tuvo que retrasar un mes, de agosto que estaba previsto a septiembre». Dos meses después de esta intervención sigue en vigilancia por los especialistas. «Tengo que tener mucho cuidado porque me controlan los niveles de plaquetas y sigo con tratamiento, lo tienen todo muy controlado, pero tengo que tener mucho cuidado de no volver a contagiarme con el coronavirus porque al someterme al un autotrasplante de médula me he quedado sin los anticuerpos de la vacuna».

Ahora tiene que esperar tres meses después del autotrasplante para que pueda volver a vacunarse. «Animo a la gente a que vaya a vacunarse y a que done médula, las dos cosas salvan vidas».

Con la sexta ola en pleno pico de subida, Ana tiene miedo de contagiarse con el virus. «Como no tengo anticuerpos de la vacuna y estoy en proceso de recuperación del autotrasplante, soy más vulnerable a contraer el virus. La vacuna me evitó en su momento que me ingresaran en la UCI cuando me contagié, pero ahora estoy desprotegida, por eso pido a la gente que se vacune, que nos cuidemos unos a otros, y que no relajen las medidas. Hay gente que luchamos por vivir y una infección de este tipo puede acabar con nuestra vida».

Tras el autotrasplante no le quedó más remedio que pasar por la UCI, sobre todo por el problema cardiaco detectado y después pasó a planta. «Como no dejaban acompañamiento, mi marido se encerró conmigo en la habitación. Allí estuvimos los dos. Él se duchaba, comía y dormía en la misma habitación que yo. Nunca dio positivo a covid».

Agradece a los sanitarios «un equipo profesional y humano impresionante» y el cariño de las monjas, familiares, amigos y compañeros de trabajo todo el cariño y el apoyo recibido en los peores días. «Los dos colegios en los que trabajo, el Villa Romana de Navatejera y en Villaquilambre, han estado muy pendientes de mí. Aunque todo el proceso ha sido muy doloroso he sentido las muestras de cariño. Es increíble como se ha portado todo el mundo conmigo. Me consta que han orado por mí». Agradece a Alcles, asociación a la que pertenece, todo el apoyo. «El café con el hematólogo, que ahora es online, era mi vida».

De momento, sigo unas pautas con mucho control. «Estoy en remisión, pero tengo que tener mucho cuidado. Mi ilusión es volver al trabajo y hacer vida normal».

«La vacuna evitó mi ingreso en la UCI, pero me retrasaron el autotrasplante»
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