viernes. 30.09.2022

Una gran parte de mi trabajo consiste en leer. Leer todo lo que cae en mis manos, intentar estar informada para poder asesorar y aconsejar con criterio. Cada día leo el BOE, los boletines de todas las provincias, periódicos, artículos científicos... Y esta temporada, todo gira en torno al mismo tema: coronavirus, mascarillas, guantes, turismo, economía, vacunas... ¡Vacunas! Este tema da para mucho. Hay farmacéuticas trabajando a destajo para poder sacar con rapidez algo que pueda llamarse vacuna, aunque luego no llegue a hacer el efecto prometido. En la Universidad de Oxford, dirigidos por la profesora Sarah Gilbert, los investigadores no paran ni a dormir y parece que a final de año podrán ofrecer al mundo algo que estimulará el sistema inmunológico y podrá plantar cara al virus.

Pensando pensando, y después de mucho leer, tenemos que ser conscientes que la vacuna la tenemos en nuestras propias manos.

La biodiversidad es la base que sustenta la vida en el planeta Tierra. Es un equilibrio frágil, delicado, cualquier cambio, por pequeño que sea, tiene un efecto cascada en el resto del conjunto y tiene una relación directa con todos los aspectos de la salud humana y del resto de seres vivos. Dentro de esa biodiversidad, existen virus, bacterias y patógenos de todo tipo que han convivido con nosotros desde el inicio de los tiempos, en equilibrio. Equilibrio, palabra clave.

Si algo tenemos que tener claro es que el comportamiento de la especie humana en las últimas décadas respecto a la biodiversidad ha sido de todo menos respetuoso. La ONU en su último informe advierte de que la naturaleza está al borde del colapso y de que es probable que en las próximas décadas desaparezcan un millón de especies animales y vegetales, especies que sin lugar a dudas tienen su papel en el ecosistema global. El cambio climático, la producción desfasada de residuos, el tráfico de especies, la agricultura intensiva o la sobreexplotación de los mares han alterado el equilibrio de los ecosistemas, y esta pérdida de biodiversidad tendrá graves consecuencias para la humanidad y la vida tal y como la conocemos.

Con todos estos datos, si somos algo inteligentes, de forma paralela a los estudios científicos que buscan una vacuna específica para el Covid-19, deberíamos trabajar en conjunto para conseguir una vacuna global, que potencie el equilibrio de la biodiversidad. Pensemos que es una inversión a futuro, pero a un futuro muy próximo. Fernando Valladares, ecólogo e investigador del CSIC habla de que proteger la naturaleza es una vacuna metafórica preventiva que, sin duda, nos protegerá de las siguientes pandemias que están por llegar.

Resumiendo, estamos condenados a vivir rodeados de todo tipo de seres vivos, incluyendo virus y patógenos susceptibles de causar pandemias como las que estamos viviendo. Ahora nos toca remangarnos y buscar un fármaco que nos saque de esta crisis sanitaria cuanto antes. Pero paralelamente debemos invertir en conseguir ecosistemas sanos, conservados, compuestos de muchas especies que sean capaces de regular y mantener a raya a todos los patógenos con los que convivimos. Desde aquí, desde la ventana a Babia, lo tenemos claro. Apostamos por la biodiversidad.

Vacuna metafórica
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