miércoles 22/9/21
Un buen ejemplo de orgullo y multiculturalidad

Veguellina de Órbigo, un puente entre 23 nacionalidades

Idas y venidas. 160 personas de 23 nacionalidades conviven en un municipio de 3.000 habitantes. El 8% de los veguellinenses han nacido en el extranjero. Cuatro personas de distintos perfiles cuentan su experiencia de integración. Hoy participan en una mesa redonda.
Reyes Morán Fuertes, José Carlos Nieto, Ana María Fuertes, María Jesús García, Najjate Ezzity Jad y Alberto Ares, ayer en la plaza de Veguellina. MARCIANO PÉREZ

María Jesús García Rodríguez nació en Veguellina de Órbigo hace 83 años. Recién casada, con 22, emigró a Francia con su marido. Hace doce años, ya jubilados, volvieron al pueblo. Ignacio, su marido, falleció hace un año de covid. Najjate Ezzity Jad llegó a la localidad procedente de Marruecos hace 16 años con su marido y sus tres hijos. Aquí trabajan y aquí han nacido sus cuatro nietos. José Carlos Nieto Gil nació en Veguellina y sigue aquí desde hace 44 años. Trabaja en la fábrica de legumbres Penelas. Reyes Morán Fuertes vive en Chicago desde hace quince años, pero no ha roto el cordón umbilical con sus paisanos. Vuelve cada verano para reencontrase con su familia y amigos. Cada uno de estos cuatro nombres atesora una historia de emigración, integración y diversidad que da un color diverso a un municipio de 3.000 habitantes en el que conviven 160 personas de 23 nacionalidades diferentes.

El responsable del servicio jesuita de Refugiados de Europa, Alberto Ares, organiza hoy en Veguellina de Órbigo, su localidad natal, una mesa redonda en la que participarán las personas de los cuatro perfiles para abordar, con su experiencia, el cambio multicultural en la zona. El encuentro se celebrará en la sala cultural Fundos a las 20.00 horas.

«La idea surge, primero, porque soy de aquí y además llevo trabajando en el ámbito de la diversidad y la inmigración muchos años. Desde hace tiempo observo que Veguellina es un municipio muy diverso. Hay mucha gente que ha emigrado a otros lugares y, a la vez, mucha gente que vive aquí es de otros lugares de procedencia. Hay mucha población inmigrante», explica Alberto Ares, que coordinará la mesa junto a Ana María Fuertes Alfayate.

En el acto de hoy, los participantes compartirán experiencias de diversidad, integración y cambios de vida. A principios del siglo pasado, los habitantes de Veguellina que tuvieron que emigrar lo hicieron principalmente a Argentina, Venezuela y Colombia, para años más tarde elegir como destinos países de Europa como Francia, Holanda, Alemania y Suiza.

Convivencia

La mayoría de la población inmigrante asentada en Veguellina procede de Marruecos. «En la fábrica de legumbres hay un 10% de trabajadores marroquíes», cuenta José Carlos Nieto, un vecino nacido en el pueblo y que trabaja como responsable logístico de la fábrica. «Llegaron antes de la crisis, aquí encontraron un empleo». Nieto no ha salido de Veguellina. «Aquí se vive bien. La convivencia es buena, aunque, para ser sincero, hay a personas que llevan muy bien tanta diversidad y otras no tanto. Ellos también necesitan abrirse un poco más».

En la mesa redonda de hoy se abordará el pasado emigrante de la provincia de León. «No sería posible entender hoy León sin conocer los distintos proyectos migratorios recorridos a lo largo de la historia. Muchos de nuestros antepasados hicieron ‘las américas’, encontraron refugio al terminar la guerra civil, forjaron el Canal de Panamá, las líneas ferroviarias y la red de carreteras en Argentina o Brasil, en las plantaciones de caña cubanas, se extendieron por las estepas de Estados Unidos, llegaron a la tierra de los canguros australiana, a Filipinas, a Argelia, Marruecos o reconstruyeron buena parte de Europa tras la Segunda Guerra Mundial», contarán hoy en el encuentro Alberto Ares y Ana María Fuertes. «Pese a la dureza de dejar la tierra, los emigrantes leoneses fueron arraigando y algunos amasaron importantes fortunas». Sólo hay que mencionar el emporio de la cerveza Coronita para conocer sólo uno de esos ejemplos.

Intercambios

Esta historia de emigración se vivió en paralelo con el éxodo de los pueblos a las ciudades como el País Vasco, Madrid, Cataluña, Asturias o Valladolid. «Astorga y León, han estado a la cabeza de las diócesis españolas como cuna de misioneros y misioneras hacia distintos rincones. La necesidad, la aventura y la generosidad de un pueblo que ha llevado su legado por todo el mundo».

María Jesús García tiene 83 años. A los 22, recién casada con Ignacio Pérez García, emigró a Francia. Ignacio trabajó de fontanero en una empresa cuyos dueños eran de Valladolid, Ella fue cocinera del alcalde de Bayona. «Echaba mucho de menos Veguellina. Aquí me quería y me quiere todo el mundo y siempre mantuve el contacto. Allí las relaciones personales eran diferentes, pero yo soy de una manera que me relaciono con todo el mundo. Cuando venía de vacaciones me llevaba chorizos y cecina y regalaba a unos vecinos que tenía en las casas que estaban junto a las nuestras». En el bolso lleva una vida de recuerdos en forma de recordatorios de gente querida de Veguellina ya difunta, o de primeras comuniones de los entonces niños y niñas de la localidad. En poco espacio caben cientos de vidas pasadas. Su marido falleció de covid en marzo, infección que la enfermó a ella también, pero superó. Ahora pasea por su Veguellina natal con el cariño de sus vecinos y con los brazos abiertos para recibir a sus hijos, que viven en Francia.

Reyes Morán tiene 51 años y hace 15 que vive en Chicago. Vuelve todos los veranos. «Yo soy una afortunada, no me fui por ninguna razón económica ni porque nadie me persiguiera. Me fui con mi pareja de entonces, hice un máster y ahora trabajo como profesora en una universidad. Vengo todo los veranos y veo el cambio en Veguellina. Cada vez hay más personas de diferentes nacionalidades conviviendo y que forman parte del pueblo».

En los últimos años la despoblación se ceba con la España rural al tiempo que la población inmigrante que superó los seis millones de personas en España en el año 2008 se asentaba en las zonas urbanas en busca de empleo. A la provincia llegaron mayoritariamente personas procedentes de Marruecos, Bulgaria, Rumanía, Colombia, Venezuela y República Dominicana. «La inmigración se ha convertido en un eje principal para la revitalización democráfica de los núcleos rurales. Si vemos las estadísticas de toda la comunidad autónoma, incluido León, comprobamos cómo los inmigrantes han sido los verdaderos protagonistas de la repoblación rural en la primera década de este siglo», destaca Ares.

Najjate Ezzity Jad, su marido y sus tres hijos llegaron a Veguellina de Órbigo en 2004 procedentes de Marruecos, cerca de Casablanca. «Vinimos legalmente, con un contrato de trabajo, para mejorar nuestras condiciones de vida». Su marido trabaja en el campo y ella cuida a personas mayores. «Al principio se hace duro, sobre todo por el idioma, que en una dificultad, pero estuve con una familia que me acogió muy bien». Najjate quiere aprovechar este reportaje para recordar y agradecer a una familia anónima que, en los primeros meses de su estancia en el pueblo, le dejaba una cesta con comida. «Llamaba al timbre y me decía que bajara, y allí estaba la caja de alimentos, pero nunca supe quién era». Pero los principios no fueron fáciles. «Cuando mis hijos eran pequeños había otros niños que les llamaban moros de forma despectiva e incluso a uno le pegaban, pero eso ya pasó. Ahora están contentos y aquí han nacido mis cuatro nietos. Si tratas con respeto a la gente, los demás te tratan con respeto». Mientras se realiza esta entrevista, en el móvil de Najjate suena la hora de la oración.

Alberto Ares cree que Veguellina es un ejemplo de diversidad e integración, un icono de lo que supone para los pueblos de la provincia la llegada de inmigrantes «y pone en valor la diversidad del futuro. O lo alimentamos y cuidamos, o veremos como esa España despoblada de la que muchos hablan será cada vez más una realidad, y ojalá no sea así».

Veguellina de Órbigo, un puente entre 23 nacionalidades