miércoles 25/11/20
talleres para detectar el maltrato

Violencia cero para las chicas más vulnerables

Una mujer con discapacidad intelectual y la trabajadora social de Asprona-León imparten talleres para enseñar a las mujeres y también a hombres de este colectivo a detectar situaciones de maltrato y abuso que son a menudo invisibles y aceptadas..

ana gaitero | león

Asun Acebes, una mujer con discapacidad intelectual, ya sabe que el control, los insultos, el acoso por el móvil... son violencia de género. Lo aprendió después de realizar un curso de formación para prevenir la violencia de género y el abuso sexual entre personas con discapacidad intelectual. «Antes pensaba que era al contrario, que te querían más si te controlaba», explica.

Transmitir este mensaje a personas que tienen especiales dificultades para entender el concepto de violencia en toda su amplitud y ayudarles a empoderarse para denunciar o decir basta es una de las misiones que desempeña en su tiempo libre y como voluntaria esta trabajadora del centro especial de empleo de Asprona-León.

Asun Acebes Miguélez y Miriam Blanco Somiedo, trabajadora social de la entidad, van de la mano en este proyecto para prevenir la violencia de género y abusos sexuales entre las personas con discapacidad intelectual.

La idea surgió a raíz de un máster que la trabajadora social de Asprona-León, Miriam Blanco Somiedo, realizó en la Uned sobre personas con discapacidad intelectual y violencia de género, con el objetivo de prevenir los malos tratos y abusos sexuales entre esta población.

El trabajo de fin de máster que realizó fue premiado por la Fundación Ampans conn el VIII Premio de Investigación e Innovación sobre Discapacidad Intelectual y Trastornos del Desarrollo de la entidad catalana. «A partir de ahí pensamos que sería bueno realizar talleres y charlas para explicar a las personas con discapacidad intelectual lo que es la violencia de género y cómo prevenirla».

Las mujeres con discapacidad intelectual «sufren una triple discriminación: por ser mujeres, por tener discapacidad y por el hecho de que sea intelectual», explica Miriam Blanco. Tienen más riesgo de sufrir abusos, les cuesta más reconocerse como víctimas y cuando identifican la violencia tienen menos posibilidades de que ser creídas ya que ya que «al tener discapacidad intelectual pueden tener más dificultad para expresarse, confundirse o pueden ponerse nerviosas con más facilidad, etc.».

El entorno familiar y residencial son dos de los lugares donde suelen producirse con más frecuencia las situaciones de violencia y abuso sexual. La falta de información y de formación hace que muchas de estas situaciones sean invisibles. «No pueden saber qué es violencia si no saben identificarla y normalizan situaciones que son de abuso», explica la trabajadora social.

«La violencia es cualquier cosa que le haga a uno sentir mal o que te haga daño» son las sencillas palabras con las que Asun introduce a sus iguales para que puedan identificar situaciones que no deben tolerar. «A veces el concepto de violencia no se entiende bien porque se asocia más a lo físico», explica Asun Acebes, que realizó un curso para entrenarse en esta actividad.

«Yo sabía qué era violencia, pero no que se podía producir, por ejemplo, por el teléfono móvil o que también era violencia un insulto», explica. En los talleres inciden en la dimensión psicológica del maltrato y el derecho a decir no cuando no se quiere establecer una relación. Miriam Blanco decidió formarse también como sexóloga para afrontar el proyecto. El hecho de que la sexualidad entre las personas con discapacidad intelectual haya sido un tema tabú, y aún lo sea en muchos entornos, contribuye a los abusos.

«La persona con discapacidad intelectual es un ser sexuado con necesidades afectivas y sexuales y que como cualquier otro ser humano, requiere una adecuada preparación en orden a una positiva integración de su sexualidad y afectividad a lo largo de toda su vida y en sus relaciones», explica en el trabajo. Esta preparación habrá de ser una tarea de padres, madres y profesionales, recalca.

La realidad con la que se han encontrado es que la pornografía es uno de los canales de ‘contacto’ con a la sexualidad para muchas personas con discapacidad intelectual. «Las prácticas que ven les sirven como modelo y la pornografía no ayuda para nada al respeto a las mujeres», señala Blanco.

La sobreprotección de las familias y la ausencia de espacios de intimidad, sobre todo en el ámbito residencial, son algunas de las trabas que se encuentran las personas con discapacidad intelectual para desarrollar su parte afectiva y sexual con normalidad y plenitud.

«Que vaya Asun es una manera de acercar el tema y de establecer un clima de más confianza», subraya la trabajadora social. Una de las preguntas que más le hacen en los talleres es «cómo he conseguido vivir sola».

Entonces ella explica que hace quince años entró en contacto con Asprona-León después de terminar los estudios. Que se formó para acceder al mercado laboral y que tiene un trabajo en el centro especial de empleo de Asprona-León en Quintana Raneros.

En estas circunstancias, vivir en un piso compartido se convirtió en su opción de elección puesto que su familia vive en un pueblo, que visita todos los fines de semana. Primero vivió en un piso tutelado de Asprona durante ocho años y después «quería probar otra cosa y me fui independiente».

Asun ayuda a identificar la violencia de género y es un modelo a seguir por otras mujeres más jovenes que aspiran a conseguir sus deseos rompiendo las barreras... también las mentales.

Violencia cero para las chicas más vulnerables