viernes 22/10/21

«El virus no me mata, me mata el aislamiento»

Los rastreadores militares de la ABA se encuentran a diario con situaciones de soledad y desamparo de personas mayores: «Es un trabajo duro y a la vez gratificante, sentimos que somos útiles»
La capitán psicóloga Cristina Diez subraya los datos. RAMIRO

Son docentes de la Academia Básica del Aire, personal de oficina o de la escuadrilla de policía que compatibilizan parte de su trabajo con la misión Baluarte. Rastrear los contagios de covid para levantar muros de contención en la expansión del virus.

A pesar de las cifras diarias de aumento, desde dentro, hay una cosa que ven clara: «Si se toman las medidas, se para la cadena». Los fines de semana se adelantan a los centros de salud a la hora de dar la mala noticia.

«Estaba esperando con ansia que me llamarais», es la respuesta que oyen muchas veces al otro lado del teléfono. Ya casi nadie se extraña, como al principio, que les llame un militar.

«La gente colabora y es agradecida», corroboran Tamara Álvarez, Jonathan Carrera y Nuria Fernández. «Empatizamos mucho y la gente se abre y te cuenta todo, hasta la medicación que toman», explican. Que están haciendo el examen para la policía o que andan por el pueblo y sólo ven pájaros.

Algunos no quieren soltar el auricular. Necesitan hablar y encuentran la oportunidad. Hasta 40 minutos retuvo a una rastreadora un hombre de 90 años, agobiado por la soledad. «A mí no me mata el virus, me mata este aislamiento», le contaba a Noelia Tejón. Le tocó quedarse a pasar el aislamiento en un piso de la ciudad, mientras su mujer, también contagiada, lo pasaba en el pueblo. «Si hubiera sido al revés...», lamentaba el hombre que echaba de menos salir a sus tierras. «Es un trabajo duro, pero muy gratificante. Nos sentimos útiles», afirman los rastreadores del Ejército del Aire. «Es un orgullo aunque sea un esfuerzo en lo personal y lo profesional. Somos un buen equipo», afirman.

«El virus no me mata, me mata el aislamiento»
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