viernes. 02.12.2022

Toda la peña yihadista alistada en el Estado Islámico que guerrea en Siria o en Irak lleva muy mal su abstinencia sexual en el frente y se les sube la testosterona al tarro encharcando su única idea... inch’ Allah, Dios lo quiere... así que deciden secuestrar a mujeres y niños del infiel... unas dos mil iraquíes ya están en su cepo... pobres, les esperan las tareas propias de su sexo y, además, rodarán como adelitas por trincheras y cuarteles de intendencia... también las venden por 250 euros... serán esclavas del macho y del dogma... quizá eso ya lo conocían o sufrían muchas de ellas, pero no con la vileza de sucios desconocidos y furiosos violadores... pobres mujeres.

En todas las guerras la mujer es el siguiente objetivo tras pegar tiros... lo vemos en esta musulmanía, pero... ¿hay que recordar lo que hizo la Europa civilizada en Kosovo anteayer?... y ahora que celebra años la II Guerra Mundial, nos recuerda Santiago González lo que escribió a sus tropas Ilya Ehrenburg (el respetado escritor, poeta y periodista ruso tan amigo de Rafael Alberti): “¡Matad! ¡Matad!... En la raza alemana no hay más que mal, ¡ni uno entre los vivos, ni uno entre los aún no nacidos, nada más que mal! Seguid los preceptos del camarada Stalin. Aniquilad a la bestia fascista de una vez por todas en su guarida. ¡Usad la fuerza y arrancad por la violencia el orgullo racial de esas mujeres alemanas! ¡Tomadlas como vuestro botín de guerra!”...

Nada, sólo fueron dos millones las alemanas violadas por los soviéticos en su camino a Berlín (la mujer de Helmut Kohl, una de ellas, tenía 12 años)... es así porque no hay nada que humille más al enemigo que ultrajar a sus mujeres poniendo en su nido el huevo de la víbora... ¿han olvidado los yanquis lo que hacían a las niñas vietcong en Vietnam?... y sin salir de nuestra Guerra, ¿cuántas mujeres de republicanos no fueron violadas, humilladas, escarnecidas?, ¿y cuántas no tuvieron que consentirlo para ayudar a los suyos?... esa cuneta de la memoria no se excava, muchas mujeres callaron por pánico y, después, por vergüenza... en Badajoz recuerdan a los falangistas dejando las feas a los moros que metió Franco en su ejército, ¡hay que joderse!...

A por la mujer
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