martes. 06.12.2022

Aunque todo apunta a que al final los resultados del 26 de junio no van ser muy diferentes a los del 20-D, los meses transcurridos desde entonces han despejado muchas incertidumbres respecto a la anterior cita con las urnas. La confrontación entre «lo nuevo» y «lo viejo», esto es, entre el antiguo bipartidismo y los partidos emergentes, ha quedado completamente superada. Y no solo porque la coalición entre Podemos e Izquierda Unida haya devuelto al tapete el eje izquierda-derecha, sino también porque las líneas rojas que han obligado a repetir las elecciones han desvelado fronteras que entonces desconocíamos.

Ahora sabemos que Ciudadanos y Podemos, que en diciembre se disputaron votos en un mismo caladero, han resultado ser partidos ideológicamente antagónicos y del todo excluyentes entre sí. A estas alturas ya no habrá un solo votante que dude entre ambas opciones. Tras su fallido pacto con Pedro Sánchez, Albert Rivera se resitua en una posición equidistante entre Partido Popular y Partido Socialista, al tiempo que Pablo Iglesias se ha lanzado, con el concurso de IU, a disputar a los socialistas la hegemonía de la izquierda.

Resulta así que, sin haber movido una pestaña —como corresponde al dontancredismo que le caracteriza— Mariano Rajoy es a priori el gran beneficiado de unos movimientos que favorecen el principal objetivo electoral del PP, que no es otro que recuperar antiguos votantes fugados hacia Ciudadanos. Si la llamada «foto del abrazo» le permitía presentar a Albert Rivera poco menos que como un filosocialista, la irrupción de Unidos Podemos le proporciona la baza de polarizar la campaña y apelar al voto útil y del miedo frente a la supuesta amenaza de la izquierda radical.

Y el gran damnificado por el achique de espacios no es otro que Pedro Sánchez, cercado por ambos flancos y con la mitad de su partido esperando que fracase definitivamente en el intento y despeje el camino a Susana Díaz.

Todo ello no obsta para que al final, escaño arriba escaño abajo, todo quede en un giro de 360 grados que nos devuelva a una situación similar a la del pasado día 21 de diciembre, solo que esta vez sin algunas indefiniciones ideológicas de entonces. El posible baile de escaños queda reservado a las grandes circunscripciones. En las nueve de esta comunidad autónoma es harto probable que se reproduzcan tal cual los mismos resultados, con la lamentable novedad de que la pérdida de censo habrá dejado a la provincia de León con un diputado menos (salvo sorpresa, el que obtuvo Ciudadanos).

Ante un giro de 360 grados
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