domingo. 03.07.2022

No me atrevería a asegurar que la nueva Autonomía Leonesa vaya a dar solución inmediata a los miles de personas que sufren enfermedades silenciosas. Sería pretencioso y arribista. Pero sí que, probablemente, con una Autonomía Leonesa podríamos mejorar la vida de quienes padecen alguna de estas enfermedades, esas disfunciones que, por sus características, no entrañan investigaciones rentables para los grandes laboratorios privados. Voy a referirme en este caso a las pacientes de Sensibilidad Química Múltiple (SQM) y a los de la Electro Híper Sensibilidad (EHS). Digo las pacientes porque un 80% de las enfermas son mujeres, en su mayoría de mediana edad, aunque también afecta a niñas.

La SQM se conoce también como Intolerancia Ambiental Idiopática. Básicamente es un síndrome del que se desconoce la causa y también su desarrollo exacto. La exposición a determinadas sustancias químicas a dosis muy bajas –menor concentración de la que se considera dañina para la generalidad de la población– provoca síntomas notorios y recurrentes en las pacientes. Estas manifestaciones cesan cuando el sujeto deja de estar expuesto a dichas sustancias. Los agentes agresores se encuentran en cremas, en productos de limpieza, en el cloro del agua, en ambientadores, pinturas, tintes, conservantes, colorantes y muchos más elementos que en la mayoría de la población no producen efectos tan lesivos e inmediatos como los que provocan en estas personas.

Así mismo, la EHS es una enfermedad que afecta a personas especialmente sensibles a los campos electromagnéticos. Estas ondas pueden estar generadas por antenas wifi, dispositivos bluetooth, terminales móviles u hornos microondas, entre otros aparatos habituales en nuestra vida diaria. Ambas enfermedades afectan al sistema nervioso central, donde también se proyectan los efectos de la Fibromialgia y la Fatiga Crónica.

La vida de las personas que sufren estas enfermedades se convierte así en un calvario del que resulta muy complicado escapar, ya que la actual sociedad no permite eludir con facilidad la exposición a una antena o a un jabón, por poner dos ejemplos que tenemos a nuestro alcance de continuo.

¿Qué soluciones se están estudiando para hacer la vida un poco más fácil a las personas que adolecen de estas patologías?

Desde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico se analiza el tipo de ciudades que necesitamos para una vida medioambientalmente más saludable. Sin embargo, estos pacientes necesitan ir un paso más allá, y lo requieren con rapidez.

En las asociaciones que atienden a estas personas se propone la creación de “Zonas Blancas”, áreas que estén tan exentas como se pueda de contaminantes químicos y electromagnéticos. Serían lugares donde estos ciudadanos pudieran desarrollar una vida digna y normal, sin tener que estar, como ocurre en casos extremos, aislados. Actualmente son muchos los afectados que permanecen sin salir de sus casas por la posible recaída en su enfermedad, algo que el medio ambiente urbano provoca con facilidad. Estas Zonas Blancas tienen que ubicarse en lugares donde no exista masificación humana, donde la contaminación electromagnética sea moderada o nula. Finalmente, se perseguiría la convivencia con otras personas que padezcan las mismas patologías.

Tenemos en León, y en la Región Leonesa en general, espacios prácticamente deshabitados, que podrían servir para la creación de una red de Zonas Blancas. En ellas, estas personas con sus familias, se podrían asentar. Hay que tener en cuenta que existen pacientes con ambos síndromes en todo el mundo. Hace tiempo que en Francia se plantean estos espacios para acoger individuos aquejados de SQM y EHS.

No sería descabellado impulsarlas en León, abundante en espacios medioambientalmente limpios y seguros, zonas a las que aún no ha llegado la señal de internet o telefonía y que, en algunos casos, están deshabitadas. La llegada de personas de cualquier lugar, que deseasen poder vivir en un ambiente química y electromagnéticamente sano para ellas, redundaría en el asentamiento de población rural, así como en la igualdad de las mujeres afectadas respecto a los hombres y a las demás mujeres, libres de este problema incapacitante. Es además una oportunidad para que estos enfermos desplieguen sus capacidades y las pongan al servicio de la colectividad.

Solo siendo los leoneses dueños de nuestros recursos económicos y autogobierno seremos capaces de poner en marcha proyectos novedosos como éste. Son iniciativas que redundan en el crecimiento de la población y de la economía, ignoradas durante cuatro decenios por la Junta de Castilla y León. La autonomía propia que lograremos los leoneses aportará los recursos necesarios para decidir lo que queremos ser en el futuro, como sociedad integradora que históricamente hemos sido. En esa vocación decidiremos cómo queremos tratar a estas personas, víctimas de enfermedades silenciosas, ciudadanos que, por la peculiar configuración del territorio leonés, tienen un valioso papel que jugar en nuestro progreso colectivo.

Autonomía, igualdad y enfermedades silenciosas
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