jueves 24/9/20

El Bierzo en sus encrucijadas

1.- La de los caminos. La verdad es que, si ayer todos los caminos conducían a Roma, hoy, nos llevan a cualquier parte y, por tanto, se cruzan donde les da la gana. Y, sin embargo, son muchos los que se cruzaron y todavía se cruzan en El Bierzo, todos los del Noroeste. Ayer, El Bierzo fue una encrucijada de reinos, de culturas y todavía lo es de lenguas. Por aquí pasaron los que querían rezar, los que iban a conquistar y de aquí salieron los que iban a repoblar, con oriundos de una y otra parte. Hasta hace muy poco, se cruzaban los que iban a segar con los que venían a sacar carbón, manos ásperas en busca de sueños, espigas y piedras que alimentaron sospechas y ennegrecieron esperanzas, todas pasaban por aquí y algunas se quedaron. Pero, hoy, todas se marchan; porque, hoy, los bercianos, los leoneses en general, somos los grandes repobladores de otras tierras, como si una macabra reconquista nos volviera a llamar para dar vida a otras patrias, sin que parezca importarnos que se muera la nuestra.


El Bierzo es el cruce de dos grandes caminos: el del enorme capital territorial que posee —camino físico, palpable, transitable aun cuando el desaforado bosque que amenaza con ocultarlo nos confunda, provocándonos la sensación de que no hay salida, de que no nos lleva a ninguna parte— con el del gran patrimonio inmaterial, nuestra riqueza histórica, lingüística y cultural, a la que, como suele ocurrir en tiempos de penuria, nadie presta atención —es el patrimonio de la diversidad, fruto de la encrucijada astur, leonesa y galaica; de los que pasaron de sur a norte y de este a oeste, celtas, romanos, suevos, visigodos, musulmanes… el patrimonio que mejor nos define; el que nos otorga nuestra singular identidad, una encrucijada de privilegio para convertirnos en la genuina esencia noroibérica, un auténtico «kilómetro cero» de todo el cuadrante noroccidental de la Península.

Esta es la encrucijada de la que no queremos salir, la que nos devolverá la riqueza que un día tuvimos, la que nos volverá a empujar hacia adelante. Darle una oportunidad solo requiere de una cosa: ordenar el bosque.

2.- La de la incertidumbre. Es la encrucijada de las situaciones difíciles, la que se ha enseñoreado del término, la que en este momento todos los bercianos (bergidenses) sentimos, ese cruce de desconfianza, desesperanza, desorientación y, a menudo, desconsuelo. En suma, todos esos caminos muchos de los cuales tienen su origen en los de la tercera encrucijada. Ciertamente, se trata de una encrucijada peligrosa, urge salir de ella, pues daña nuestro ánimo; nos debilita, nos vuelve dependientes, adictos compulsivos a las subvenciones, propensos al suspiro lacrimógeno, inspiradores más o menos conscientes de la piedad, pues incluso cuando adopta la forma de protesta reivindicativa lo hace poniendo nuestro destino en manos de los demás, aquellos otros obligados a socorrernos; en definitiva, situándonos a un paso de la indignidad.

Es preciso retomar la confianza en nosotros mismos, confiar en los caminos de la encrucijada buena, la que nos lleva a ser más bercianos (bergidenses), más seguros y fuertes, a ser los dueños de nuestro futuro

No nos conviene de ninguna manera quedarnos en esta encrucijada. Es preciso retomar la confianza en nosotros mismos, confiar en los caminos de la encrucijada buena, la que nos lleva a ser más bercianos (bergidenses), más seguros y fuertes, a ser los dueños de nuestro futuro, a ser de verdad lo que queremos ser y no lo que aparentamos ser. Más ciencia, más tecnología, más industria sostenible, energía limpia, hidrógeno verde; aguas claras y aire limpio; programas sensatos y viables de desarrollo territorial, banda ancha hasta donde llegan los caminos más estrechos; una acertada gestión del paisaje, una apuesta clara por la ruralidad vivencial (con un alto contenido de ruralidad inteligente), unos programas de desarrollo rural que no sean el hazmerreír de Europa —en esto, desgraciadamente, no nos diferenciamos de otros pueblos—; un turismo sostenible e inteligente que sepa conservar lo que hay que conservar y que, a la par, aporte plusvalía a nuestra riqueza gastronómica, una restauración que (salvando meritorias excepciones) no trate de encubrir sus notables deficiencias en la indiscutible calidad de la materia prima —en suma, esa clase de calidad que contribuye a facilitar la buena imagen en la que se puedan apoyar otras actividades productivas y no que sean un lastre para ellas—; una defensa a ultranza de la calidad de los servicios públicos, actuando con contundencia allí donde las deficiencias son notorias, la sanidad, por ejemplo, esa asignatura pendiente que solo en reducidos periodos ha merecido nuestro respeto, y no me estoy refiriendo a los profesionales que la ejercen. Es decir, poder económico respetuoso con la vida.

3.- La de la emboscada. La madrastra de las encrucijadas, la más fácil de encontrar dado que no tiene empacho alguno en exhibirse, bien señalizada, pues en ella reluce con todo esplendor el cruceiro de la demagogia. A ella llegan los caminos que no deberíamos transitar: los de «somos una Comunidad de éxito»; los de «desmantelamos nuestras centrales, pero estaremos en la cabeza de Europa para producir hidrógeno verde», como si éste no necesitara electricidad para ser generado, electricidad que, entretanto compraremos a Marruecos y a Francia para, en primer lugar, compensar los 5.000 MW (1.000 de ellos en Ponferrada) de las térmicas que ya hemos cerrado, y no estoy abogando por la vuelta al pasado contaminante. Son, también, los caminos de «en estos momentos tan difíciles para España es más necesario que nunca unir y sumar» —como si en otros lo fueran separar y restar— apelando encubiertamente a una unión que nunca debió haberse producido y cuya «separación» es un puro acto de justicia y reivindicación histórica del derecho del pueblo leonés (del que El Bierzo forma parte) a decidir su futuro a través del Autogobierno que al resto de pueblos de España concedieron. Caminos como los de «la cuarta provincia» o «la quinta», que tanto da, a pesar de que no significan lo mismo, o los de «El Bierzo es gallego», acaso proponiendo un fraccionamiento de la Comarca, pues lo del galleguismo de Toreno, Fabero o Bembibre es para nota. 

Resulta obligado evitar la emboscada, no acabar en la encrucijada demagógica y tomar el verdadero camino, el que nos lleve a desarrollar nuestra identidad leonesa exigiendo garantías para que ese desarrollo pueda producirse de acuerdo con nuestras singulares expectativas, con una nueva organización territorial de España en la que con pleno derecho esté el País Leonés, pero también con una ordenación del territorio de la Región Leonesa en la que El Bierzo disponga de las mismas competencias, derechos y deberes, que el resto de unidades administrativas de las que se dote el nuevo Autogobierno, la cual, en mi opinión, no debería ser provincial. En fin, una nueva y vigorosa encrucijada, un lugar de privilegio para promover con seriedad la ecorregión europea noroibérica, de milenarios antecedentes históricos y culturales, que nos hará fuertes y respetados ante el resto de España y de Europa.

El Bierzo en sus encrucijadas
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