Diario de León

En el centenario de Miguel Delibes

Publicado por
Marita Fernández Criado
León

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Miguel Delibes estuvo en Benavides, M.D. literatura pura, orgullo de nuestra lengua, M.D. se lee siempre, M.D. cumple cien años. No vamos a escuchar a Lola Herrera en su Cinco horas con Mario ni tampoco le quitamos el protagonismo a Pepe Sacristán en Señora de rojo sobre fondo gris ; a nosotros nos interesa Pastorín en Mis amigas las truchas.

Como se diría en una crónica: Corría el año 1977 callejeando por el pueblo me encontré con «Pastorín» y , como quien comenta algo cotidiano, me dijo: «Anoche cenó en mi casa D. Miguel Delibes»; y yo le contesté: «Hombre, estoy leyendo un libro suyo, Parábola de un náufrago , te lo doy y le pides que me lo dedique»; a los pocos días me lo devolvió con la dedicatoria «amistad y afecto».

La afición a la pesca en Benavides en los años 70 fue muy importante, no sólo como deporte sino también como exquisito manjar. Las sopas de truchas son un plato típico de nuestra gastronomía.

No hubo casa que no tuviera un pescador y no me refiero a los cangrejos, esto era un juego de niños, hablamos de las truchas, los nombres que me vienen a la memoria: Paco el Tiso, Colás Canina, los Cirolines (Silvetre y Pepín) Granizo, Quinto el panadero, los Tartana, Ángel Carbajo y como única mujer Araceli Fuertes y otros muchos. Todos practicaron la pesca con gran maestría, ¡Vaya nuestro homenaje a todos ellos en la figura de Pastorín!

Aquí disfrutó de su vocación de pescador, aunque es sabido que por los campos de Castilla practicó su deporte favorito, la caza

En río Órbigo a su paso por Santa Marina del Rey se dieron cita pescadores y truchas en desigual duelo, D. Miguel lo tuvo entre sus favoritos, como queda reflejado en su libro Mis amigas las truchas , aquí disfrutó de su vocación de pescador, aunque es sabido que por los campos de Castilla practicó su deporte favorito, la caza.

Decir que Pastorín fue el maestro que enseñó a pescar a Delibes no es ninguna farolada: Pastorín, el más ducho pescador a pluma que conozco, me había citado en el bar de Patricio, junto al río... Más que pescar, iba, pues, hoy al Órbigo a recibir humildemente una lección.

Patricio, el guarda del río, fue el que los presentó. Era el 10 de julio de 1972 y acompañado de su hijo Juan probaron a pescar con escaso éxito; el guarda les hizo el siguiente comentario: Poco queda por hacer hoy como no lo arregle éste. Y señalaba para un hombre de media edad y media estatura aplicado en armar sobre un velador de mármol una cuerda de cuatro moscos. A mi mirada interrogadora el desconocido respondió poniéndose de pie y alargándome una tarjeta «José Aller Rubio (Pastorín) -Montador de mosquito para la trucha -Benavides de Órbigo». Patricio que andaba al quite agregó «Ahí como lo ve le acaban de darle el segundo premio como montador en la Semana de la Trucha».

Los moscos de Pastorín eran elaborados con pluma de los gallos de Boñar, los más acreditados del mercado.

Los adjetivos que adjudicó a Pastorín fueron: su sabiduría, su conocimientos del río, su malicia, sus varadas cosiendo pacientemente el restaño o la chorrera; sus registros peripatéticos aprovechando las riberas del Órbigo. Lo admiraba y se deleitaba cómo Pastorín dominaba el arte de la pesca Al ponerse el sol aparece Pastorín en el camino del estero, pedaleando en su bicicleta: —¿Qué?; —Mal. Una agarré a cucharilla. ¿Por qué no nos hace usted una demostración?

Pastorín se apea. Viene muy puesto, de zapatos y americana (ese día no fue a las tejeras donde trabajaba). Con calma —en sus preparativos no cabe la prisa— amarra en la línea una cuerda de su marca. Brinca de piedra en piedra con pasmosa seguridad e inicia las varadas con mi caña con tanta precisión como si en la vida hubiera manejado otra. El sistema de lanzar es muy personal… Apenas han transcurrido quince minutos cuando vocea —¡Ya está! El pez salpica en la orilla al sentirse preso y Pastorín levanta la caña y arrastra la trucha sin apresuramiento… —No es grande, pero hace bocado. Hermosa parrafada.

Gracias, D. Miguel, por inmortalizar nuestro pueblo en sus escritos en la figura de Pastorín, nos llamamos Benavides y nuestro apellido es de Órbigo.

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