sábado. 26.11.2022

Alos países que componen la Unión Europea, países que podemos calificar de «desarrollados», desde Bruselas se les envían directivas, unas recomendando su puesta en vigor y otras de obligado cumplimiento. Los burócratas de Bruselas, no suelen tener un contacto directo con los ciudadanos de a pie, por lo que muchas directivas son contrarias a los derechos de los ciudadanos, consolidados durante siglos y que ninguna ley puede derogarlos; por otra parte somos los que pagamos sus sueldos. Las leyes deberían, imperativo, adaptarse a la realidad, no las personas y los animales a las nuevas leyes.

La directiva que recomienda que las instalaciones ganaderas estén fuera de los cascos urbanos, en España es de imposible cumplimiento; al menos en CyL, en las poblaciones rurales, durante miles de años las viviendas de agricultores y ganaderos, forman una unidad de construcción en las que los animales domésticos han convivido con las personas y han sido siempre alojados en torno a la vivienda; incluso la cuadra de los animales de trabajo, (mulas y caballos, o vacas), bajo el mismo techo que la vivienda, aneja a la cocina, con un pasillo que la separa de ésta; la cual tenía una entrada desde la propia vivienda y otra desde el corral, que se tranca, o trancaba desde dentro, de ahí viene el dicho «tranca la puerta, como en Palencia», el aprisco de las ovejas y cabras, el gallinero, las conejeras y la pocilga estaban todas en el corral; no hay que olvidar que doméstico, proviene de «domus», casa; animal doméstico es el que convive con el hombre.

Si la costumbre hace ley, la ley que pretende sacar los animales domésticos fuera de los pueblos y permitir que las mascotas si puedan convivir con las personas es injusta y absurda, por otra parte nunca una ley debe quitar derechos y menos los ancestrales, que son anteriores a los derechos históricos, que no dejan de reclamar algunas comunidades autónomas.

Para las ganaderías intensivas de vacuno, (con cientos de vacas), pocilgas, gallineros, incluso ganado lanar o cabrío, con miles de animales, que los que tradicionalmente se tienen o tenían, dentro del pueblo, ya se han encargado los ganaderos de construir instalaciones adecuadas a su tipo de explotación y en este caso es de puro sentido común, que se construyan fuera del pueblo y que se regulen las distancias entre explotaciones de la misma especie, no por la salud de las personas, por la de los animales.

Lo curioso del caso es que ninguna epidemia ha surgido de esta convivencia, las epidemias han venido de los animales salvajes la última no se sabe con certeza si de un murciélago o de un laboratorio, (animales salvajes, también).

Los que nos hemos criado en los pueblos conocemos bien las ventajas y los inconvenientes que tenemos en los pueblos. Algunos urbanitas vienen de vacaciones al pueblo y les molestan las moscas, las ovejas, vacas, caballos, que canten los gallos, el ruido de las máquinas, etc., pero traen sus chuchos y quieren que cuando les sacan de paseo, si se encuentran con los de los pastores, éstos los lleven atados, «estos urbanitas mejor que no vengan», no son bienvenidos en el pueblo.

Los animales de trabajo, en casi su totalidad han sido sustituidos por tractores, pero sigue habiendo familias, relativamente pocas, pero con todo el derecho a seguir viviendo de su pequeña explotación, cultivando unas pocas tierras, un huerto, sus gallinas, conejos, a veces unas vacas y/o unas ovejas, o cabras, en las mismas condiciones en la que se ha hecho durante siglos.

En CyL, se publicó una ley, que por no contemplar esta realidad, quedó obsoleta y ha habido que ampliarla hasta 2035, lo lógico y por tanto lo justo, es que esta ley sea derogada y que una nueva, si fuera necesaria, cosa que dudo, reconozca que los vecinos puedan tener sus animales domésticos, dentro de los pueblos, al menos, hasta que por cualquier razón, decidan prescindir de sus animales; por otra parte, para los que lo deseen, la Unión Europea, o la Junta de CyL, les debería proporcionar unas instalaciones seguras y adecuadas para sus animales y cuando digo seguras, me refiero a que no se los puedan robar, que es lo que garantiza el tenerlos en la casa.

En prácticamente todo el mundo, y Europa no es una excepción, las actividades agrícolas y ganaderas, fueron el principal recurso económico, si bien con la revolución industrial y el turismo, en la Unión Europea, la agricultura y la ganadería han pasado a ser la actividad menos valorada, desde el punto de vista de su aportación al producto interior bruto.

Esta realidad está llevando a que desde la UE se dicten directivas, olvidando que los animales domésticos, como su propio calificativo indica, siempre convivieron con el hombre; en las casas de las aldeas, En la montaña la cuadra estaba y en muchos casos, sigue estando debajo de la vivienda, lo que además trasmite calor a las habitaciones, cosa que hoy es de agradecer para ahorrar algo en el gasto de calefacción. Esta convivencia ha durado más 10.000 años y en los países menos desarrollados, sigue vigente y no ha sido el origen de las epidemias, que ha padecido la humanidad, incluida la covid 19.

En España, los animales domésticos están sometidos al control de las enfermedades más comunes, tuberculosis y brucelosis con campañas de saneamiento; no obstante de tarde en tarde aparece algún animal con tuberculosis. Evidentemente el bacilo de Koch, no aparece por generación espontánea, aparece por la sencilla razón de que el ministerio que dirige Teresa Ribera, no hace campañas de saneamiento a los animales de su competencia, los salvajes, con los que los domésticos comparten los pastos.

Los derechos ancestrales y la Unión Europea
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