martes. 16.08.2022

En marzo de 2018, Ramiro Pinto junto con un grupo de personas llevó a cabo una marcha a pie desde Madrid a León, con intención de reclamar la renta básica y otros derechos para la dignidad de quienes menos tienen. Lo cuenta en su libro El largo viaje tras un sueño, escrito en colaboración con Miguel Ángel Fernández, y que hoy presentan en el Café Luna, a las 20 horas. El activismo de Ramiro no excluye el humor, ni tampoco la ternura. No teoriza desde el despacho, sino desde su propia biografía. Vive con coherencia sus compromisos. La nuestra es una vieja amistad, carretera de dos direcciones. En mi ejemplar me ha puesto esta bella dedicatoria: «Para Eduardo Aguirre: esta visión de las dos pobrezas. La cervantina, que enriquece. Y la que Víctor Hugo refleja en Los Miserables que empobrece. Y entre medias: sonreír, a pesar de todo». Se intenta, querido amigo. Y apostilla con agudeza casi zen: «Los humanos somos como somos, de vez en cuando». También en esto, Ramiro, hace uno lo que puede, pero hay días…

Y mañana, Manuel Cuenya con su Del agua y del tiempo, en la sala Región, a las 20 horas. El profesor viajero nos trae versos, cuentos y relatos. Por tanto, un registro diferente a Viajes sin mapa (2008) y Mapas afectivos (2016). Este inspiró un bello poema en prosa a Margarita Merino, quien lo llama «hermano de tinta». Pero no cabe engañarse, escritura y lectura nos llevan a otros mundos. Al leer acompañamos a Ulises en su deambular; también, a Frodo y a Sam en su misión; y a don Quijote y a Sancho en la suya. Al leer, partimos en busca de Kurtz. Viaje al interior, tituló Merino el poemario con el que ganó el González de Lama. Y años después, su excelente Viaje al exterior. Proclama de su amigo, con intimismo épico: «ah lágrimas de heno, dulzor de los establos, sombra en paz, samba y fado, y un caldo armado con sus grelos. Amistad.»

Que los vientos les sean propicios. Ayer me regalaron Cervantes y el Barroco, de Marcel Bataillón, ensayo que llevaba mucho deseando tener. Lo editó la Junta en 2014. Quien me lo regaló no conocía mi interés. Lo vio en su biblioteca y pensó en mí.

Ha recorrido, pues, un largo viaje hasta atracar en la mía. Y sin naufragar por esos mares de tinta. Mil gracias.

Dos libros y una propina
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