martes. 05.07.2022

A lo largo de la historia de la humanidad se han construido muchos templos, templos en oriente, en occidente, en este continente, en el otro, en el norte en el sur. De todas las religiones, de todas las épocas. Conocemos más, algunos que figuran en las escrituras, como el templo de Salomón, por lo que significó para el pueblo hebreo en la Alianza con su Creador, a otros por su singular belleza como el Taj Mahal en la India, maravillosas catedrales góticas, en Europa, que parecen indicar la dirección de las aspiraciones del alma. Cada población tiene su templo, aunque sea una pequeña aldea. La Luz era acogida y expandida a través de los templos, de sus sacerdotes, de sus sacerdotisas.

En la época de Jesús el templo de Jerusalén era el lugar de referencia para el pueblo. Fue Jesús el primero que hizo referencia a otro templo, que hasta entonces no se había visto como tal, y lo hizo cuando dijo: “Destruid este templo y en tres días lo reconstruiré”

Más tarde Pablo, el de Tarso, también dijo: «¿No sabéis que sois templos del Espíritu Santo?». Jesús señaló una nueva dirección en nuestro caminar. La flecha dice hacia dentro.

Han transcurrido dos mil años y esa semilla ha eclosionado y el nivel de realización, ya ha comenzado, está en acción.

En mi experiencia como acompañante en la construcción de aprendizajes, me di cuenta de que los niños adquirían mucho más profundo y rápido el concepto de número, cuando han trabajado en lo concreto, el hecho de manipular y ver: 1 objeto, 2 objetos, 3 objetos… facilita la abstracción del concepto numérico.

Me pregunto si nuestra manera de llegar a la toma de conciencia del templo interior no ha hecho el mismo circuito, primero fuera, ver la función del templo físico: acogía, reunía, expandía…

Me maravilla ver el paralelismo entre el cómo se adquieren los aprendizajes y como se expande la conciencia.

Ahora vamos a la construcción. ¿Qué se tenía en cuenta en la construcción de los templos? Sin ánimo de ser exhaustiva y pensando en una hermosa catedral gótica, que me es muy conocida, que me ha acogido, a la que he observado y a la que amo profundamente, diría: Propósito, proyecto, función, orientación, ubicación.

Cimientos. Buena base en la tierra

Paredes, apoyos, cristaleras, relación con la luz.

Altura. Une la tierra con algo que parece inalcanzable, pero indica la dirección.

Materiales. Conjuga lo más sólido, la piedra y lo más transparente el cristal y la belleza vibratoria del color.

Interior. Mismo material, nos muestra igual dentro y fuera. Distinta percepción.

Es interesante utilizar todo este aprendizaje para la construcción de nuestro templo interior.

Veamos:

1.- El templo interior tiene su asiento en un espacio de conciencia: Voluntad Una. Su propósito: reunificación, entrega, movimiento y expansión.

2.- Sus cimientos son la conciencia de conexión con la madre tierra, la vivencia de filiación…unidad…

3.- Las paredes y límites se experimentan como no reales. No son cristaleras transparentes sino contacto permanente con la luz, apertura a lo ilimitado.

4.- La altura es también sin límites. Unión cielo y tierra.

5.- Materiales: conciencia, conciencia de luz, conciencia de agua…

6.- Interior. Vaciedad, no pensamientos. Sólo presencia. Diamante pulido.

El templo interior
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