sábado. 04.02.2023
LA POLÍTICA española pivota desde hace meses sobre un equívoco nefasto, que sería suicida aplicar a la renovación del pacto antiterrorista en la que ahora se trabaja: el de que los partidos cuentan por su número y no por la cantidad de electores que cada uno representa.Es así frecuente leer en cierta prensa que el PSOE fue apoyado por «la mayoría de los partidos españoles». Y resulta constante el mensaje machacón de las televisiones públicas controladas por el propio Partido Socialista en el sentido de que una u otra decisión se adoptó «con los únicos votos en contra del PP». Esas informaciones resaltan, por supuesto, una evidencia -la de que el PP está hoy más sólo que la una, lo que se debe en gran medida a su radical oposición contra todo y contra todos-, pero encubre una realidad que parece hubiera dejado de existir: la de que el PP logró en las elecciones del año 2004 muchos más votos que todos los demás partidos que ayudan al PSOE a mantener ese vergonzoso «cordón sanitario» al que se ha referido un actor cuyo talento es superado de largo por su rudo sectarismo. Sólo para que ustedes refresquen su memoria: el PP obtuvo en las últimas generales 9.763.144 votos, que son muchos más del doble de los que alcanzaron en conjunto todas las restantes minorías que tienen representación en el Congreso: 10 partidos (de Nafarroa Bai a IU) que suman 4.054.707 votos en total. Cerrar un nuevo pacto antiterrorista con todos esos partidos y no con el PP no sería, pues, hacerlo con quienes suman diez en contra de uno sino con quienes suman cuatro millones en contra de quienes tienen casi diez. Pero no es sólo, en todo caso, una cuestión cuantitativa, sino también cualitativa. El primer Pacto Antiterrorista, que quedó liquidado tras la apertura del llamado proceso paz de Zapatero, basaba su eficacia en el hecho de que en él los dos grandes partidos acordaban compartir, gobernase quien gobernase, una política común destinada a no pagar precio alguno por el fin del terrorismo, lo que estaba destinado a convencer a los etarras de la inutilidad absoluta de sus crímenes. De hecho, sólo un acuerdo similar podría volver a producir el mismo efecto. Por eso, si no tendría ningún sentido excluir hoy de salida al PNV -que se quedó fuera entonces porque entonces estaba en el Pacto de Lizarra con ETA y Batasuna y que exige ahora, pese a las bombas, el mantenimiento del dialogo- menos sentido tendría, desde luego, que el precio a pagar para que el PNV firmase lo que entonces no firmó fuese el de dejar en esta ocasión fuera al PP. Salvo, claro, que ese sea, precisamente, el objetivo.

¿Qué es «la mayoría delos partidosespañoles»?
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