domingo. 05.02.2023

La mayoría de las personas que se han preparado para el momento de dejar su cuerpo material, cuando se acerca el tránsito pueden sentir una paz y un acompañamiento extraordinario y en ese estado experimentan: gratitud por el cuerpo que les acoge, por las experiencias vividas, por todo lo aprendido, por todo lo expandido, por lo que creían fracasos, por los encuentros, por los desencuentros, por sus padres, por sus familiares, por sus amistades, por los que parecían enemigos y ahora no lo ve así. Es el momento en que la mirada, desde el amor que somos, lo toma todo.

Se siente rama, unida al árbol y puede decir: «En tus manos encomiendo mi espíritu». Como lo hizo Jesús desde la cruz. A esta entrega total le llamo experiencia cumbre.

Sabemos que cuando nacemos comenzamos a morir físicamente. La ciencia nos habla de miles de células que perdemos mientras leemos este texto. La muerte está presente y en unión con la vida en el cuerpo físico y no nos damos cuenta porque esa muerte y renovación, nueva vida, es sincrónica, ocurre al mismo tiempo y también porque no tomamos conciencia de nuestro permanente cambio.

Viendo que hay personas que se demoran hasta el momento de morir o próximo a ese acontecimiento para preguntarse por el sentido de la vida y que otras se lo plantean a edades tempranas, me pregunto si esa entrega, eso que llamamos experiencia cumbre puede darse en otro momento de la vida, previo al tránsito que conocemos como muerte.

Mi sentir es que sí y que somos invitados a esa experiencia cumbre. Todo mi amor para el proceso.

La experiencia cumbre
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