viernes. 02.12.2022

Para nada que ver, pretendo, la ciencia, en el título del presente artículo. Aunque, si nos detenemos a pensar en algo ajeno al ser humano, se convierte tal vez así mismo, o se transforma en lo que ha de ser lo humano y por ello lo individual, se troca en colectivo; por tanto, al igual que los microbios, virus, bacterias... que son y forman parte de nuestro interior, estaríamos condenados a la singularidad más ajena, esa, la propia Naturaleza humana en su sentido bien ilustrado y no formar parte de la colectividad ausente de egoísmo y contribución a la causa frecuente. La criatura, el ser humano ha ganado, pero jamás ha compartido e inclusive lo irracional.

Nuestros propios sentimientos se están convirtiendo en algo tan personal, que evitamos incluso su exposición, sin ese pasado de racionalidad o al contrario dicho y por él mismo, tendríamos más percepción de emociones, sentimientos o dolor. Observemos el mundo tecnológico, científico, es decir, actual y nos daremos cuenta, de que los sentimientos, cada vez aportan menos en el debatir y devenir actual, hemos hasta incluso creado una inteligencia inoperante e impostada, que para nada involucra a nuestros propios sentimientos; y ejemplos podría exponer a montones, pues de todos es bien sabido; —el sufrir como adictos al dolor, sin ser al mismo tiempo conscientes de un todo generalizado—, es decir, individualizar el dolor y sufrimiento en un sentido algorítmico en base a códigos genéticos o computables y así lo entiendo en la propia razón, cultura y sociedad; la ausencia del valor en los sentimientos, sentimientos humanos por siempre. Nuestras propias pasiones, afectos, piedad, tristeza, pesar, apasionamientos,sensibilidades... etc... se están mudando en algo tan propio, que evitamos incluso la racionalidad de nuestros trances, en aparcarlos en un margen homeostático. (Interés óptimo, en lectura de Walter Cannon, 1926 y publicado por en 1865, por Claude Bernard en su referencia fisiológica cultivada, labrada y sembrada en la actualidad, es decir, a lo que expresaba y expresa, el restablecimiento del equilibrio interno, cada vez que el mismo es alterado, labrado por un dolor plural, pero entiendo que falso en este nuestro tiempo y sin añadir matices de todos sabidos).

Indiscutible en cuanto que nuestro organismo psíquico en su ámbito de repartir órdenes como acción de búsqueda de equilibrio o aún de desequilibrio del dolor propio y sufrimiento generalizado, siempre tendente a la producción del bienestar personal; y lo conjeturo creyendo entenderlo en el sentido histórico, aunque minorado, vital e individual en grado de racionalidad que jamás se podrá separar de la emoción, en idéntica forma, ya que nuestro cuerpo es inherente e indisoluto al de nuestra mente (Tal vez el criticado error de Descartes, propugnado por A. Damasio?)

Si nuestra existencia no tiene fin inmediato, el dolor/sufrimiento, en cuanto a su idiosincrasia, el ser, poco de lo nuestro y personal, puedo afirmar, que no tiene ninguna razón de ser en el mundo. Sería absurdo admitir que el dolor sin fin, el que nace de la propia miseria constitutiva a la vida y que abarca a todos, si a todos, no sea más que un puro accidente y nunca su misma finalidad; aunque la desdicha generalizada la tenemos como regla, particularizada, la nuestra y única, pudiera suponer una excepción, pero la misma confirmará la propia individualidad e indivisibilidad.

El no advertir la salud general de nuestro cuerpo, sino tan solo ligeros males, pasa por la no apreciación del conjunto. Solo el dolor, el mal, el sufrimiento... son positivos, puesto que nos hacen sentir, al igual que la propia felicidad pueda o podrá ser negativa, en cuanto a la erradicación de uno o varios deseos y poner coto y fin al dolor/sufrimiento. He intentado unir la filosofía de A. Schopenhauer en acotaciones de su gran libro, Los Dolores en el Mundo, con el sistema cultural, neurocientífico y psicológico de A. Damasio. ¿No son relevantes, la existencia de los sentimientos, en cuanto a su procedencia?, ¿no nos convierten a todos, en «encontradores», del placer, dolor y sufrimiento, con tan solo el anhelo de querer tener todo y que se cumpla, así mismo? ¿puede ser colectivo este dolor generalizado, en los sentimientos plurales, o al unísono? Yo entiendo que sí, pues, André Chenier, gran poemista del siglo XVIII, lo expresó conciso y directo al plural debate, aún en salirse del teorema; «El dolor reclama soledad», en igual forma, que el gran André Ch. dedicó su tiempo a la filosofía y pensamiento; no obstante su gran frase en cuanto a su ambivalencia, quedó y quedará para que nuestro discernimiento, se bloquee aún más (poema... sin ciencia).

Todas las virtudes, inclusive se tornan dolorosas en una taumaturgia, en la cual, el dolor las engendra, como necesarias a nuestros sentimientos diferentes y dispares. Jamás el dolor podrá afectar a cual sea la colectividad, grupo gestor, con un individualizado e íntimo sentir. O tal vez, dada nuestra maniquea acción.... ¿somos nosotros mismos partícipes, en el reparto del sentimiento o sentimientos ya albergados? ¡pues sí!, nuestros sentidos, que cada cual por su gran cometido a la mayoría partícipes de dejar los ojos, oídos, boca... el ser conscientes en la hipocresía que atesoran en su mayoría, en la mayoría de nuestras vidas, pues dirigen un corazón individual e indiviso en cuanto a su poder general y conjunción del dolor, sufrimiento en templos generales; ¿ o tal vez, se trata de analizar las satisfacciones, o la misma felicidad, como algo negativo, en conjunción con una colectividad que oprime nuestro deseo? ¡la conclusión de una pena!

Reiterando el singularismo del dolor individualizado o tal el consuelo generalizado en caso más eficaz cuál sea la forma de desgracia o sufrimiento, es y deberá ser, por propia entidad histórica, el volver los ojos, los sentidos..... hacia los que son más infortunados que nosotros mismos, voluntad hostil que jamás venceremos, así pasen otros tantos siglos, aunque nuestro raciocinio sea solidario y fraternal; pero solo en eso y falso en acción unánime y plural. Mi pensamiento final es claro, la inteligencia artificial (tan de moda en nuestros días), será artificial, nuestros sentimientos individualizados, siempre, siempre serán personales y jamás dependientes de ordenadores, tomemos nota.

La individualidad del dolor en el ser humano
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