miércoles 25/5/22

Escribo este artículo mirando con atención hacia la tremenda situación que viven nuestros compatriotas de La Palma. ¡Qué fácil comentar, opinar, escribir, desde aquí, lejos del volcán y que dramática experiencia están viviendo los palmeros! Impresiona ver, como esa masa incandescente, arrolla y engulle lo que encuentra a su paso. No perdona. Es el volcán en acción, vivo, rugiendo día y noche, son los gases que va despidiendo la montaña, es la terrorífica lava que avanza sin posibilidad de pararla, mientras continúe con vida, es el ambiente de desolación, desánimo, depresión que nace de todos esos elementos juntos y muchos más.

Hay muchas lágrimas, sí, pero impresiona la serenidad, quizá autómata con la que los palmeros, aceptan lo que se les ha venido encima sin culpa, ni razón alguna. Me viene a la memoria la famosa frase, «el hombre se equivoca mucho, Dios se equivoca poco, la naturaleza no se equivoca nunca». Qué cruel, la naturaleza, en ocasiones.

Quería despertarse el volcán y se despertó. Dicen los expertos, ¿se puede ser experto en volcanes? Qué enorme mérito. Pues dicen los expertos que esta explosión del volcán se veía venir. Los técnicos y vulcanólogos, tenían sus datos y podían hacer alguna previsión. ¿Pero y los pescadores que sabían hacía ya un par de meses que algo iba a ocurrir ya que notaban una enorme escasez de pescado? Huían los peces hacia otros mares. ¿Será verdad que lo presentían si es que los peces y la fauna marina puede presentir? Grande la naturaleza y sabia la naturaleza. Quizá esta desgracia que nos tiene a todos en vilo, quizá, sea el presagio de que la naturaleza sabrá redimir de tanta pena y tantas lágrimas a los habitantes de la Isla bonita. Qué gran paradoja. Ahora contemplamos el aspecto de la isla y no puede existir nada tan horrible. Y sin embargo, era llamada y será siempre llamada «isla bonita». Caprichosa la naturaleza.

No hay mal que cien años dure. Sufrimos mucho dolor cada vez que los informativos nos presentan la realidad de esa desgracia, en tiempo real. Pero ansiamos que los rugidos, los gases, los humos, puta ceniza y la puta lava, se terminen todos para que esas gentes, palmeros, que están viviendo en sus carnes y en su interior, comiencen algo que les permita volver a tener ilusión.

Queda algo muy importante que conseguir. El Gobierno de la nación, ONGs, empresas de todo tipo y tamaño, organizaciones varias, están prestas a enviar ayudas, no ya urgentes, urgentísimas para que, una vez se calle la bestia se pueda, sin pérdida de tiempo, comenzar la reconstrucción de todo.

Y, para ello, es necesario y fundamental que las ayudas prometidas lleguen. Que lleguen y que lleguen a tiempo. Existe demasiada mala prensa con el destino y los cauces para que las ayudas a los pueblos con problemas reciban la ayuda en tiempo y de verdad. Cuando el rio suena, agua lleva. Y esto que está viviendo nuestro país y un trozo de su tierra bellísimo, esto es demasiado grave para tener que esperar que las ayudas «vayan llegando»

En demasiado urgente el asunto como para reaccionar con cierta calma. La prisa aquí es vital.

Hay niños sin colegios, familias sin hogares, trabajadores sin trabajo, ilusiones perdidas, empresarios arruinados, maquinarias paradas, y todo un país pendiente de que la reconstrucción comience ya. La experiencia es, ha sido demasiado cruel con un una gente enamorada de su tierra y aunque conocedores de que los volcanes están ahí, no quieren hablar alto por no despertarlos. Esas gentes merecen que la ayuda se materialice como nunca y que sea cuanto antes.

Enorme lección recibimos el resto de España del comportamiento de estas gentes que, van retrocediendo y buscando suelo libre de problemas porque no quieren abandonar su isla bonita. Se van a organizar, y van intentar reconstruir lo que era, aunque ahora no sea. Pero la fuerza de esos corazones y las ayudas que se esperan como agua de Mayo lograrán el milagro.

Necesitan esas gentes, los palmeros, sentir que España está apoyando para recuperar, primero la ilusión y después comenzar a trabajar para lo que ellos, seguro, tienen en su corazón.

Una isla mucho, mucho más bonita
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