miércoles. 06.07.2022

La juventud obrera, excluida del futuro en La Robla y más allá

Hace unos días se publicaba en el presente Diario una Tribuna de opinión firmada por UPL Juventudes Leonesistas sobre la reciente demolición de las torres de refrigeración de la central térmica de La Robla, El patrimonio industrial; excluido de las estrategias de desarrollo local, de la que se pueden extraer algunos apuntes interesantes.

Ante quienes consideran que la situación de la provincia de León es crítica, coincidimos en la calificación crítica, pero disentimos de que esta se aplique indiferentemente a toda la provincia, pues crítica es la situación actual que la clase obrera leonesa vive, abocada al paro, la emigración o la precariedad perpetua. No se confundan, lectores, entre ellos, quienes firman tribunas apostando por el emprendimiento y las nuevas formas turísticas sobre las ruinas de la antigua central y en beneficio de unos pocos, y nosotros, que señalamos la necesidad de revertir la actual situación y construir una región que produzca energía con el objetivo de satisfacer las necesidades sociales de nuestro pueblo, en beneficio de la mayoría trabajadora.

Se lamentan por la desaparición del patrimonio minero, pero es que, para muchos, dicho patrimonio no cabe en unas torres, para los trabajadores de las zonas mineras y del resto de la región el patrimonio minero es el ejemplo vivo de la movilización y de la lucha; de la organización, codo a codo, con los compañeros, levantando, aún en la dictadura, las Comisiones Obreras en cada pozo o denunciando las condiciones de vida y trabajo de la clase en contraste con los multimillonarios beneficios de unos pocos propietarios mineros. Es la Huelgona del 62, la dignidad personificada en las impasibles mujeres plantadas frente a los antidisturbios tirándoles maíz, la Huelga General del 88, la Marcha Negra del 92, o las protestas y encierros en torno al 2012. Que no nos engañen quienes queriendo ver santos que vestir en las caídas torres (¡solo entonces han merecido su atención!), pretenden hacer olvidar un legado reivindicativo histórico, ejemplo vivo de nuestra clase.

Tampoco transigimos con que provienen todos estos males de las políticas territoriales, las políticas que la provincia sufre son las mismas que cualquier territorio que queda al margen de los procesos de concentración y centralización del capital

Además, se apunta de forma resignada la inevitable pérdida de capacidad productiva, fruto de las políticas territoriales y la incapacidad de este o aquel instituto o administración, como si quienes viven en esta provincia tuvieran el futuro ya fiado a una única carta, el actual panorama: emigración forzosa joven, empleo precario, parcial, temporal, no regularizado, fraudulento, caciquismo rural, despoblación, falta de servicios esenciales, infrafinanciación pública… Ante este aciago futuro, nosotros declaramos que no fiamos nuestro futuro a ninguna institución, independientemente de donde radique, y únicamente confiamos en nuestras propias fuerzas como clase para la construcción (¡pues somos nosotros quienes todo lo producimos!) de una región al servicio de la mayoría trabajadora.

Tampoco transigimos con que la caja de Pandora de la que provienen todos estos males sea la de las políticas territoriales, las políticas que nuestra provincia sufre son las mismas que cualquier territorio que queda al margen de los procesos de concentración y centralización (no solo económica, también demográfica) del capital; tendencias propias e inherentes al modo de producción capitalista, que ahonda en la contradicción entre el campo (despoblado) y la ciudad (sobrepoblada) con el mismo ahínco que entre el obrero (cada vez más pobre) y el capitalista (cada vez más rico). Esta sí es una explicación científica, atravesada por el análisis de la realidad y las leyes que operan sobre la misma, alejándose de supercherías y emotividades que no llevan más que a callejones sin salida. Solo a partir de las contradicciones en la producción y sus relaciones sociales, se pueden explicar las contradicciones territoriales.

No es este otro duro golpe para León, como se afirma, sino para su clase obrera, para todos aquellos que quedan a expensas de un mercado internacional de la energía guiado bajo la única premisa del máximo beneficio económico para unos pocos. Es por ello que, en febrero de 2022, más de 150.000 familias de esta comunidad se vieran incapaces de afrontar la factura energética de luz y calefacción, porque las decisiones estratégicas en este país, bajo el modo de producción capitalista, las paga la clase obrera. La central de La Robla comienza a funcionar en 1970, ¿consumen, acaso, hoy, los trabajadores y la producción menos energía que hace 50 años? ¿no es acaso una imperante necesidad social el suministro energético? ¿no es acaso una obligación superar la resignación y transformar la rabia en organización consciente?

En suma, no les engañen, la discusión de fondo que hoy, como otros muchos días, nos atañe no orbita en torno a la cercanía o la bandera tras la que se parapeta el despacho que toma las decisiones energéticas, sea un león rampante o dos franqueados por castillos; sino al servicio de quién se toman las decisiones dentro de un arco de posibilidades limitado a dos fórmulas: en favor de la patronal o de la clase obrera. Elegir entre la píldora púrpura o la roja, entre lo posible y lo necesario, entre que el eco vacío retumbe en unas torres inoperantes o que las consignas de organización avienten el aire y alienten a los hombres y mujeres de esta tierra.

La juventud obrera, excluida del futuro en La Robla y más allá
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