jueves. 30.06.2022

El ceremonial que el pueblo denomina Las Cabezadas, que se escenifica hoy, es una estampa histórica y legendaria. El escenario natural de esta fiesta, conocida también como del Foro u Oferta, es el claustro de la Real Colegiata Basílica de San Isidoro. Y desde 1972 se celebra habitualmente el último domingo de abril de cada año. Se trata de un acto concordado por las legacías municipal y canonical los días precedentes, sustentado en todos sus términos por la tradición. Este año se celebrará a las siete de la tarde, obligados por las circunstancias imperantes.

De acuerdo con el protocolo establecido, unos minutos antes de la hora fijada para la celebración del acto, el Ayuntamiento de León, «en forma de ciudad», se dirige a la Basílica dedicada al Doctor de las Españas. El Pendón Real de León, que porta el miembro más joven de la corporación municipal, ocupa lugar de preferencia. La municipalidad lleva dos hachas de cera y un cirio de arroba, miniado con la imagen de San Isidoro y el escudo de esta antigua capital del Viejo Reino. Apenas iniciada la andadura, la comitiva se detiene y el alcalde de esta antigua Corte de Reyes entrega al párroco de la iglesia de San Marcelo, situado en la puerta sur del templo dedicado al patrón de la ciudad, otras dos hachas de cera, en concepto de limosna, tal como establece el Marqués de Fuente Oyuelo, en el capítulo XXXII de las «políticas ceremonias». Luego, reorienta sus pasos hacia dicha Basílica. Cuando alcanzan la plaza, los munícipes se detienen y aguardan la presencia en el atrio del Cabildo Isidoriano. Las autoridades eclesiásticas, civiles, militares y académicas, las damas y caballeros de la Muy Ilustre, Real e Imperial Cofradía del Milagroso Pendón de San Isidoro, y un numerosísimo público, todos ellos, son testigos de excepción.

El ceremonial de las Cabezadas es un acto dotado de galanura y sobriedad, de solemnidad y esplendor, donde predominan los rangos protocolarios

El Ayuntamiento de León, que designa un síndico, y el Cabildo Isidoriano, que nombra a un capitular, son las instituciones organizadoras del acto. Aunque el pasado año se realizó el acto en el atrio, enfrente de la Puerta del Cordero, es, habitualmente, en el citado espacio claustral donde el síndico y el capitular realizan la defensa de sus tesis con firmeza y entusiasmo. De modo que el cirio de arroba bien cumplida y las dos hachas de cera que la municipalidad entrega a San Isidoro a manera de oferta y, por lo tanto, de ofrenda voluntaria, se reciben por parte del representante eclesiástico, única y exclusivamente, en condición de foro, esto es, de deuda u obligación de preceptivo cumplimiento por parte del municipio leonés. Naturalmente, no hay acuerdo. Los secretarios de cada una de las instituciones levantan las actas correspondientes. Y hasta el año que viene.

Luego, se celebra la Eucaristía. Y finalizado el oficio litúrgico, a la hora de la despedida, es entonces cuando se producen las clásicas Cabezadas, tres notables reverencias del cuerpo y de la cabeza, la última de ellas con la mano puesta en el corazón.

Mientras el cabildo isidoriano se mantiene en los límites del atrio, por su parte, los miembros de la corporación municipal, a instancias del corregidor de la ciudad, que, a manera de aviso general, golpea con su bastón en el suelo así que llegan a cada una de las tres rayas blancas pintadas en la plaza, se vuelven, inclinándose, como he dicho, en señal de cortesía, en tres ocasiones. La comunidad canonical hace lo mismo, pero sin abandonar el atrio. En los límites de este, curiosamente, el abad deja en el aire su pie derecho, por supuesto, sin apoyarlo, y de este modo revela los confines de su jurisdicción.

Los orígenes de este ceremonial del Foro u Oferta se sitúan en 1158. Y es consecuencia de una procesión de rogativa. El P. Risco, [«Historia de la ciudad y corte de León y de sus reyes», 1792, páginas 55 y 56], lo resume de esta forma: «A causa de una grande y larga sequedad, sacaron en procesión el cuerpo de San Isidoro y le llevaron hasta cerca de Trobajo del Camino [a] dos millas de la ciudad. Lograron repentinamente el beneficio de las aguas; pero el cuerpo del santo se hizo inmoble, hasta que por las oraciones de la muy religiosa Infanta y Reina Doña Sancha, hermana del emperador Don Alonso [Alfonso VII], se hizo tan leve, que se dejó llevar de cuatro niños con admiración de todos los circunstantes. Para memoria de este prodigio, se fabricó en aquel lugar [se refiere, por claro está, a Trobajo del Camino] una ermita que se dijo San Isidro del Monte, a la cual acudían muy de continuo los pueblos cercanos, a pedir remedio para sus necesidades».

Doña Sancha, primogénita de la reina de León Urraca I y de Raimundo de Borgoña, conde de Amerous, era tía de Fernando II, a la sazón rey de León. Fallecida el 28 de febrero de 1159, está sepultada en el panteón real de la Colegiata Basílica de San Isidoro, a quien consideraba como su «muy amado esposo». Como hemos señalado, su participación en el discurso de los hechos resultó decisiva. Evidentemente, el ceremonial de Las Cabezadas es un acto dotado de galanura y sobriedad, de solemnidad y esplendor, donde predominan los rangos protocolarios.

Las Cabezadas
Comentarios