viernes 27/5/22

Mediada la década de los años sesenta del pasado siglo, dos legados han quedado como referentes de la gran barriada ferroviaria que se despliega en la margen derecha del río Bernesga a su paso por nuestra ciudad; ambos han tenido, y tienen, en la iglesia parroquial de San Francisco de Asís (la de la Vega) su punto de encuentro: la Cofradía Santo Cristo del Perdón y su homónima imagen titular.

El primero de ellos, es la obra de un Ángel, Benavente Valencia, que quiso crear una asociación pública de fieles para ayudar a las personas necesitadas de su parroquia, y ofrecer a sus integrantes oportunidades de formación personal y espiritual, teniendo como referente la Pasión, Muerte y la celebración de la Resurrección de Cristo. Quiso este Ángel, que estos fines se alcanzaran desde la Humildad y la Caridad, con austeridad franciscana.

El segundo de los legados, llegó de las manos de otro Ángel, Estrada Escanciano, que modeló y talló la imagen del Primer Hermano de nuestra Cofradía, el Cristo del Perdón (1966); supo interpretar en su realización el ideario de nuestra penitencial y plasmar en su obra el sentimiento de nuestro Ángel fundador: un Cristo postrado, humillado, condenado injustamente, a punto de ser ejecutado con muerte de cruz para ofrecernos una salvación que para Él no llegaría. Nadie que haya contemplado de cerca su rostro, su mirada, sus manos, puede permanecer indiferente. Solo un Ángel, pudo conseguir de un conjunto de maderos convenientemente ensamblados, a golpe de cincel y gubia, representar nuestro Varón de Dolores de la Vega; tanto dolor, tanto sentimiento, tanto consuelo en una talla de madera, requieren la intervención de un artista, pero con un don especial capaz de transmitir a su creación parte de su alma. Alma que dejó, sin duda también, en el resto de sus obras; en la dramática representación de la muerte del Cristo Yacente (1964) de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad, en el conjunto pasional del Prendimiento (1964) de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno donde los rostros y las miradas de las imágenes ilustran la traición de Judas, y también en Jesús entre los Ladrones (1964), representación del Calvario de la penitencial de las Siete Palabras de Jesús en la Cruz.

El pasado 24 de abril fallecía en Madrid Ángel Estrada Escanciano (1933-2022), artista leonés formado en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando que modelara y tallara en los primeros años de su actividad artística las cuatro creaciones descritas anteriormente, entre 1963 y 1966; sus posteriores obras han sido en la disciplina de la pintura realizando diversas exposiciones para pinacotecas nacionales y extranjeras (MEAC de Madrid, Arte Moderno de Barcelona y de Granada, Bauer de Nueva York, Museos de Jaén y de Granada, y Gaudí de León...) y para diversas colecciones particulares (entre ellas, las de Anthony Quinn, Charles Bronson, James Alger, Eddie Fisher, entre otros); no obstante, y ya en los primeros años de este siglo, realizó su quinta y última creación escultórica, el Cristo de la Inspiración del Ángel, advocación de cristo Crucificado que preside el retablo del altar mayor de la iglesia conventual de las Madres Agustinas de Alcalá de Henares (Madrid). No sé si, a lo largo de su vida, Ángel Estrada sería consciente de las horas de conversación que hermanas y hermanos de nuestra Cofradía y la feligresía de San Francisco de la Vega han tenido con su Cristo del Perdón; cuánto consuelo, cuánta resignación, cuánta satisfacción, cuántas frustraciones, intimidades y deseos compartidos...

Hoy, el Cristo del Perdón sigue vivo en San Francisco de la Vega gracias a él, y en Él estará también presente el alma de su creador, en el cuidado del modelado de cada detalle, en cada golpe de gubia para conseguir tan preciado legado.

El legado de un Ángel
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