martes. 07.02.2023

Pues, insisto, no termino de ver muy clara la polémica por las obras en la plaza del Grano. O mejor, el porqué de su intensidad. Entiendo la preocupación por el resultado, pero como, por ejemplo, ha de preocuparnos la correcta restauración de las vidrieras de la Catedral o de sus esculturas. A algunos les gusta ponerse apocalípticos y quieren que nos lo pongamos también los demás. Fui el pasado miércoles a recorrerla. Es inaccesible para quienes somos de tobillos despistados, llamémoslo así. En ese empedrado no hay quien pise, salvo que sea practicante de deportes de riesgo. Pero en urbanismo no se puede coger a nadie por las solapas. Tampoco todas las opiniones pueden tener el mismo peso. No soy arquitecto, ignoro qué puede hacerse y qué no con un suelo. Puedo juzgar, eso sí, resultados estéticos. Creo en la profesionalidad ajena.

Además, ¿qué es la opinión pública y cuántas hay? En fin, consultemos a un clásico: “Bienvenida sea cualquier crítica inspirada en un juicio científico. Contra los prejuicios de la llamada opinión pública, a la que nunca hice concesiones, mi divisa es, hoy como ayer, la frase del gran florentino: Sigue tu curso y deja que la gente hable». La frase no es del arquitecto Calatrava, sino de Karl Marx. Diálogo y diálogo. Me indigna que alguien amenace con convertir León en otra guerra de Vietnam. Quien necesite descargar adrenalina que se tire en paracaídas.

Al salir me topé con Ramiro Pinto, voz crítica con el proyecto, ejemplo de rigor e integridad. Poco después, con uno responsable de Promonumenta, quien me expresó el rechazo de su asociación a cualquier violencia o dogmatismo. Los matices importan. Y las actitudes.

No cabe otro urbanismo que el encaminado a la felicidad ciudadana. Pero, en efecto, jerarquicemos conocimientos, propios y ajenos. Sosa Wagner advertía en este periódico sobre las consecuencias del «populismo extremista», tanto, en la extrema derecha como en la izquierda, porque propone «soluciones simples a situaciones complejas». Todo simplismo es malo. Aunque barrunto que con el poco dinero que hay en las arcas municipales no van a darse mucha prisa en este proyecto. Quizá, si no vives en la plaza del Grano, su cielo también puede esperar.

Los nuevos apocalípticos
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