lunes. 08.08.2022

«Lástima que la política no sea sencilla». Es el titular que Luis García Montero nos ofreció hace unos días en su habitual colaboración periodística. No puedo estar más de acuerdo. De sus líneas se desprende cordura, lo opuesto a lo que nos tienen acostumbrados nuestros singulares políticos. Si bien yo, con el debido respeto, le añadiría que debe de ser sencilla. Qué lástima que no lo sea...

El nuevo presidente del PP: «Feijóo acusa al Gobierno de recaudar de más para repartir dinero entre  ‘coleafines’ por motivos electorales». Hay que ser descerebrado para decir que es malo repartir entre los más necesitados. Esto no lo superaría ni Casado. No hace falta que nadie le asesore, si estas ideas son suyas, muy lejos no llegara. Será uno de los que «se comerá» Ayuso (¡anda que lo de «sus becas»!).

El presidente del Gobierno: «Sánchez imprime un giro a la izquierda para retomar la iniciativa en un final de curso incierto». ¡Lo que cambia la vida! Un partido de izquierdas como debiera ser el PSOE, cuya ideología actual dicen que es de «centro mirando a la izquierda», imprime un giro a la izquierda. No es el PSOE que yo conocí, no sé lo que es. Y no creáis, que a la izquierda del PSOE nos espera una izquierda de progreso. Yo dudo de Yolanda Díaz como proyecto «trasversal» de su pretendida plataforma progresista. Prefiero que sea trasversal pero del 0 al 5 de la escala ideológica. Del 6 al 10 lo dejo para las derechas.

Son dos comentarios, uno de Feijóo y otro de Sánchez, que me parecen impresentables, el primero por la falsedad y la falta de solidaridad y el segundo porque si se gira a la izquierda es que de antemano se está en el centro o cerca de él (al menos…) Feijóo habla de «colectivos afines» por motivos electorales de Sánchez. Lo dice sin pudor y dejando claro que los colectivos más necesitados no son «sus» colectivos. No se puede ser más claro y al tiempo más alejado de la realidad. Derecha pura y dura. Supongo que Sánchez dará este giro como consecuencia de los resultados de las elecciones en Andalucía y entusiasmado por su éxito en la Cumbre de la Otan.

Otras CC AA se avecinan ¿Qué esperaba Sánchez? Después del abandono a los ciudadanos, que hemos creído en él, que le hemos votado hasta con sus políticas a las que vamos a llamar centristas siendo muy bondadosos, ¿espera que además le aplaudamos? Pues no, señor Sánchez, deje de ser egocéntrico, debe usted mezclarse, hablar, pactar, dialogar con los suyos, con sus socios y con la oposición (si esta se deja) y luego tome decisiones y tómelas de verdad y que estas sean progresistas, de izquierdas. Si no se siente capaz de ello, pues llame a votar, quizá aun sea tiempo. La Otan de la que yo no soy partidario, puede ser necesaria en una sociedad como la occidental (manejada por los EE UU) y con una economía de mercado.

La democracia que nosotros manejamos ya no es compatible con la economía comunista, por lo tanto los socios de gobierno del PSOE deben ser tolerantes, lo cual no es fácil y lo entiendo. A lo que nunca debe renunciar el PSOE es a mejorar la vida social de las personas en todas su amplitud, aunque vaya en detrimento de aliviar algunos bolsillos llenos. ¿Cómo es posible repartir la riqueza?

En este caso, el señor Sánchez solo puede repartir migajas, porque lo gordo lo tiene el poder y al poder se llega por una «meritocracia» que solo está al alcance de quienes parten de salida con méritos heredados o concedidos por influencias, que vamos a llamar «raras» y las llamamos así porque se consiguen con dinero, con amigos, y la mayor parte de las veces como he dicho «por herencia».

Veamos: el 1% de los españoles más ricos posee un 24,2% de la  riqueza  patrimonial del país, mientras que el 50% más pobre solo dispone del 6,7%. Esto dicen «los papeles». En el caso español, la cifra asciende a un total de 1.147.000 millonarios. O sea que el 2,3 de los españoles son millonarios. Más de 20.000.000 viven cercanos a la pobreza y que incluso cuando tienen un trabajo aunque este sea estable, no les da para poder sobrevivir a las necesidades más acuciantes. Un total de 12,5 millones de personas, es decir, el 26,4 % de la población española, se encuentran en riesgo de  pobreza  y/o exclusión social.

Estas cifras hablan de un muy evidente desigual reparto de la riqueza. Analicemos que en plena coyuntura de crisis y con los precios energéticos por la guerra en Ucrania, el objetivo del grupo de las eléctricas es alcanzar un beneficio neto récord para este 2022 de  entre 4.000 y 4.200 millones de euros, con incrementos para sus accionistas en la misma proporción. Esta noticia es «obscena», no puedo reprimir mi mal humor con los modos con que se «forran» algunos empresarios y los directivos que han subido a los consejos de dirección por una meritocracia que solo manejan quienes están establecidos en el poder y que sabiendo que la pobreza extrema, incluso la energética crece en España, se reparten los beneficios «sin sonrojarse». ¿De verdad no se puede introducir un impuesto a los enormes beneficios de las eléctricas? ¿Qué lo impide? ¿Hay trampa o temor… a los ricos?

Distribución de la riqueza: una simple definición, que no se adapta a la realidad. Veamos: «Se entiende por distribución de la riqueza o distribución de la renta la  manera y proporción en que la riqueza económica es repartida entre los diferentes estratos sociales o sectores de un determinado país o sociedad, la cual resulta del conjunto de las actividades productivas que se desarrollan». Muy contundente y claro, pero otra utopía. Es una definición, irreal y falsa, es un simple objetivo que a día de hoy es imposible alcanzar y lo es porque, la riqueza no se reparte por igual, no todos salimos del mismo listón de salida para alcanzarla.

Nuestra «meritocracia» está en función de los «méritos económicos» de quien opta a mejorar y en este punto de partida si sitúan los ricos, los que heredan, los que son influyentes y también algunos que llegan al listón de salida por unos méritos inapropiados. Los normales parten (si pueden) de más atrás. Las políticas de redistribución de rentas deberían ser necesarias y justas. No dotarlas de igualdad de oportunidades, estimula el fraude que es lo que ocurre en nuestra sociedad. 

Que le pregunten a la señora Ayuso como se redistribuye la riqueza en Madrid (becas). Hemos mencionado la palabra meritocracia, su definición (en teoría): Sistema de gobierno en el que el poder lo ejercen las personas que están más capacitadas según sus méritos. Yo diría que es un sistema de gobierno en el que el poder lo ostentan los que más poder y riquezas tienen, que sus sucesores serán sus hijos (aunque no sean los más listos) y que usted: estudioso, constante y trabajador, no va a llegar a pesar de sus esfuerzos a ningún consejo de dirección. No les conviene. Una cosa es pensar y otra razonar. Al buen entendedor pocas palabras. A pesar de todo, algunos seguimos creyendo en la meritocracia.

Tenemos y trasmitimos la idea a nuestros hijos, nietos… de que con esfuerzo se puede llegar alto. Pero sabemos que no a todos se nos juzgará con igualdad y que apenas quedarán puestos decentes que ocupar una vez hecho el reparto. Por esto, la idea de que vivimos en una sociedad meritocrática justa, es… mentira. Una prueba: el reparto de becas de Ayuso a ciudadanos cuyos ingresos sobrepasan los 100.0000 euros. Esto sí que es «por méritos» y un «Abuso».

La meritocracia y los ‘méritos’
Comentarios