martes. 06.12.2022

En las consultas médicas, es muy normal mirar el pulso. Con esa información, el médico sabe el ritmo del corazón. El no sentir este pulso indica que la vida no pulsa en ese cuerpo. Las distintas alteraciones del pulso, dan información al médico sobre posibles causas.

Cuando nos centramos en el movimiento del corazón, sentimos: sístole y diástole. Tomo y entrego. Concentración y expansión. La Vida en nosotros tiene ese movimiento. Tomar y dar. Sabemos que cada una de nuestras células toma y da. Ese tomar, no es superficial, llega hasta el núcleo celular y hasta los electrones.

Si llevamos, ahora, nuestra atención a un órgano de nuestro cuerpo, por ejemplo, el órgano que conocemos como estómago, y que forma parte de nuestro aparato digestivo, observamos lo mismo, toma y da. Si nos centramos en el movimiento de cualquier aparato de nuestro cuerpo, como sistema de órganos, constatamos el mismo movimiento.

El sistema circulatorio, el nervioso, el muscular, el óseo, el endocrino, el renal… Todo nuestro cuerpo tiene conciencia de unidad, de bien común, nos muestra la misma ley: Tomar y dar.

Cada uno de nosotros viene de una familia, que yo llamo familia de origen. De ella, ha tomado la vida y el acompañamiento. Una vez adulto, da otra familia o lo que para ese ser corresponda. Más allá de nuestro cuerpo físico y sin separarnos de él, nuestra identidad, como seres lumínicos, nuestro cuerpo de luz también está en esa interacción. El microcosmos, que somos, nos muestra al macrocosmos y nos lleva a sentir la misma ley: tomar-dar. Si, nuestra apertura a sentir ser antenas, se da, veremos la misma ley. Tomar la luz–expandir la luz.

Considerándonos como una parte interactuando con el entorno, se da la misma ley. En la naturaleza podemos tomar a manos llenas lo que porta y nuestra gratitud y conciencia de conexión con la tierra será el dar.

Todos los reinos: mineral, vegetal y animal, en su interactuar manifiestan la misma ley. Todo en la Tierra tiene vocación de luz

El carbono, tomando el cobijo de la tierra, puede transformarse en diamante, y mostrarnos como realiza su vocación de luz. Tomar-Dar.

El reino vegetal toma de la tierra, del sol, del agua y entrega los resultados, que sostienen al reino animal.

El reino animal toma de la tierra, de todos sus elementos, del sol, del reino vegetal y lo entrega.

Toda esta vivencia de observación, nos lleva a la conclusión siguiente: todo en la tierra, tiene vocación de luz y forma parte de una unidad mayor con una maravillosa ley de intercambio: tomar-dar.

Ahora llegamos a un escalón superior. La Tierra como planeta, como madre, que sostiene toda esta vida de la que hemos venido experimentando, observando y aunándonos con ella, o más bien, tomando conciencia de la unidad que somos, tiene esta misma interacción. La Tierra toma el ser que es, su capacidad de transformar, de acoger, de generar, como madre, nos muestra que es una con la Voluntad y que la Ascensión es ya imparable, es decir, nos muestra que el proceso previsto era: de la Luz a la Luz, pasando por la materia, o dicho de otro modo, materializar nuestra luz y vivir el cielo en la tierra. Algunos lo llaman divinizar la materia.

Nuestro mirar, puede abrirse hacia el cosmos, y como microcosmos, sentir la unidad con él, somos uno con él y continúa esta interacción, esta ley cósmica, de la Vida. Este mirar nos llevaría a ver que todo está en todo en diferentes octavas y que la sinfonía cósmica es inalterable.

Mi amor y gratitud al Movimiento de la Vida, que despierta en mí la conciencia de ser una en ella.

El movimiento de la vida
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