jueves 27/1/22

Comienza un nuevo curso escolar. La pandemia y las medidas obligadas por la misma han marcado el devenir escolar de los dos últimos cursos. Este nuevo año escolar 2021-22 se ve ya como dentro de la normalidad académica y convivencial en los centros, aunque se mantengan algunas restricciones todavía. Por lo tanto llegan a los telediarios, nuevamente, las noticias habituales en torno al comienzo del curso: se pierden aulas en la zona rural, se baja la ratio para mantenerlas, se mantiene la carestía de los libros de texto, no se aumentan las plantillas del profesorado para mejorar esa ratio, etc. Y entre todos, la ¡convivencia! Me asomo al telediario y escucho: el alumnado debe denunciar el acoso escolar: dejar de ser chivatos para convertirse en héroes. La brevedad en el mensaje, propio de los medios de comunicación fuerza a un titular que anima a la heroicidad en las aulas. No necesitamos héroes ni chivatos en las aulas, pero sí alumnado formado con capacidad de actuar. Y profesorado implicado en la formación y en el seguimiento de los procesos.

Así y todo, el planteamiento televisivo tiene algo de positivo: en convivencia es mejor que todos sean actuantes, que no pasivos ante la observación de una conducta inadecuada. En contraposición con esto, se recordó una vez más un teléfono para denunciar el acoso, anónimo, individual, en el que se han registrado miles de llamadas cada curso escolar desde que ha entrado en funcionamiento. Y a estas llamadas atiende un equipo de psicólogos. Muy bien. Ya tenemos resuelto el problema desde el punto de vista periodístico. Pero… ¿dónde queda la actuación en el aula? ¿Con la ayuda psicológica individualizada es suficiente? ¿Cómo regresa al centro escolar el acosado? ¿Qué ambiente se encuentra? ¿Todo seguirá igual? ¿El denunciante sufrirá represalias? ¿Quién intenta mejorar el clima escolar para acoger a esa persona que sufre?

Desde la experiencia de muchos años trabajados en convivencia, diremos claramente: ni el chivatazo heroico ni el teléfono anónimo van a resolver el acoso escolar. Esta situación indeseable se afronta y se resuelve en el medio escolar, por personas formadas para ello, con protocolos de actuación bien diseñados y adaptados a cada entorno escolar y con estrategias educativas transversales que afectan a todo el centro y a su comunidad educativa. Y en eso consiste un Plan de Convivencia, que es el mejor método para afrontar el conflicto por medio de estrategias organizativas, pedagógicas, didácticas, orientadoras y de actuación.

El acoso escolar como mejor se afronta y resuelve es cuando se detecta en su inicio. Y esa detección no la hace el profesorado pues no se muestra en su presencia pero sí ante el resto de compañeros en el aula, en un pasillo o en el patio del recreo o bien a la salida del instituto

¿Hay alumnado formado para actuar en situaciones de conflicto? Por supuesto.

Situemos el conflicto en el entorno escolar. Hay conflicto o déficit de convivencia cuando se dan casos de:

—Personas aisladas en el aula, en el pasillo o en el recreo.

—Rechazo al «nuevo» o «diferente».

—Rechazos a participar en juegos comunes.

—Daño de material escolar o de prendas del vestuario personal.

—Hurto de material personal.

—Agresiones o amenazas en redes sociales.

—Agresiones verbales directas (motes, insultos).

—Agresiones físicas a las personas o al material de las mismas.

—Acosos individuales o colectivos.

Como vemos, las situaciones de conflicto son variadas y van escalando en gravedad, comenzando por la «baja intensidad» hasta llegar a la agresión verbal o física. En los centros donde se trabaja la convivencia, se brinda formación en cada grupo escolar a dos o tres alumnos ayudantes que saben cómo intervenir en esos conflictos, sobre todo cuando nacen, cuando son de «baja intensidad». Pero es que ahí está la raíz del afrontamiento del problema: los ayudantes disponen de estrategias cuando detectan el conflicto y entonces, sin que tenga que actuar el profesorado, ellos ponen en marcha el plan de actuación en el que previamente se han formado a lo largo de varias sesiones formativas, con el profesorado especializado en convivencia. Y su tarea es aceptada porque van con planteamientos claros con las partes en conflicto; se puede confiar en ellos; no son chivatos; actúan con sus compañeros/as.

En los casos de agresiones entre dos personas, los mediadores pueden hacer que se lleguen a acuerdos de no agresión y que se cumplan. Pero, reparen en este dato: por cada protocolo de mediación que se activa en cada curso escolar, se registran treinta o cuarenta ayudas que facilitan que el conflicto no se agrave.

Y el acoso escolar como mejor se afronta y resuelve es cuando se detecta en su inicio, como las malas enfermedades. Y esa detección no la hace el profesorado pues no se muestra en su presencia pero sí ante el resto de compañeros en el aula, en un pasillo o en el patio del recreo o bien a la salida del instituto, pues ahí radica su actuación y su éxito. Los ayudantes, o mediadores en función de ayuda, no se quedan pasmados viendo lo que pasa o jalean al agresor, actúan según se les ha formado o derivan la actuación hacia el equipo de convivencia.

No son chivatos, son ayudantes. No son héroes, son mediadores. Pues no hay mejor ayuda que la que se da entre iguales. Y cuando no pueden llegar, el equipo directivo y el de convivencia se encargarán de la actuación pertinente.

Termino con otra alusión televisiva. Viendo lo que ocurre en La Palma con el regreso al aula de los que lo han perdido todo, un educador dijo ante las cámaras que la mejor manera de ayudar a estos niños y niñas era por «aproximación por edad», preparándolos para ello. Me gusta; es en esencia lo que he querido plantear aquí: los iguales son los idóneos para ayudar a sus iguales.

Ni héroes ni chivatos: ayuda entre iguales
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