jueves 26/5/22

En la vida de los propiamente legionenses se intercaló el 22 de abril del 2017 un acto de enorme valor histórico, no sin un hondo suspiro ciudadano ante el recuerdo, y con la amplitud que hacia el Reino de León se debía mostrar. Estamos hablando de la lectura pública de los Decreta de Alfonso IX, en la plaza de San Isidoro. A tal fin se ubicaron los lectores en terreno ciudadano, sin matices, pura realidad, sin cortapisas municipales, ni injerencia políticas, ni al abrigo de la iglesia, ¡en la propia plaza!, que lo es de todos y para todos.

De aquella primera lectura, promovida como es sabido, por Juan Pedro Aparicio y José María Merino, y por supuesto Rogelio Blanco, surgiría en los leoneses implicados un compromiso: el de incardinarla en nuestras tradiciones. A ellos, a los promotores, debemos agradecer la propuesta. Personalmente quiero mostrar mi más sincero reconocimiento por haberme invitado a participar.

No vendrán mal ahora unas ráfagas de recuerdos. Rogelio Blanco, con buenas dosis de ingenio, sapiencia y perseverante implicación alcanzó la apertura al mundo por pronunciamiento de la Unesco 2013, del reconocimiento de los Decreta, fruto de la Gran Curia de 1188 de Alfonso IX, donde era novedad la presencia del pueblo. Se estaba dando forma al primer parlamento europeo. Y por lo tanto León, Legio, quedaría, siendo sede real, y reconocida como Cuna del Parlamentarismo, y así aparecería registrado en la Memoria del Mundo, ¡con los valedores Decreta!

Abrieron camino en el Reino de León y hacia Europa, que a otros beneficiaría en el devenir histórico. Ahora nosotros, los leoneses, debemos intentar que se sepa y valore, pero eso sí, ¡primero en casa!, en fraternal abrazo, sin olvidar el amplio concepto de región, pues tenemos demasiado próximo al enemigo

No estuvo Blanco, en la primera lectura pública, un sencillo premio a sus esfuerzos, donde habría recibido los parabienes de sus paisanos, razones personales lo impidieron. Pero sí contamos los leoneses, para la ocasión, con Antonio Gamoneda, que puso voz al rey. Primera lectura con la poética dicción de nuestro premio Cervantes.

Con ocasión de la conmemoración del 1.100 aniversario del Reino de León, en el año 2010, Juan Pedro Aparicio, siempre en la brecha leonesa, quiso implicarse también en el importante ejercicio de dar a conocer, o tal vez deba mejor decir resaltar el especial valor del hecho histórico de 1188 en torno a la Magna Curia y los Decreta.

Recordemos, de paso, que estábamos ya amarrados a un ente autonómico, donde los prebostes autonomistas, siempre con freno y marchas atrás para lo leonés, tenían claro que había que seguir silenciando todos aquellos pasajes de nuestra propia historia leonesa, en especial cuando ésta podía desplazar a la castellana en reconocimiento y prestigio puntual; habían optado por castellanizar determinados hechos o como aparente mal menor presentarlos como castellanoleoneses, con afán unitarista.

A partir de 2013, con la Unesco dando fe sobre el parlamentarismo en León, a hechos consumados, empezarían los dirigentes autonomistas citados, y sus bien dispuestos acólitos, a hablar del tema, pero buscando el acoplamiento al ente autonómico, demasiadas veces con el grado de injerencia, no sin el apoyo de leoneses, incluso de alto nivel académico, dispuestos a poner sordina a lo nuestro, por ser suave.

José María Merino, académico, tomando la traducción que José María Fernández Catón había hecho de los Decreta, elaboró una cabal y académica adaptación con la puridad de quien está en tal dominio, alcanzando así los textos una mejor comprensión, pero sin alterar lo que los «legisladores de 1188» dieron a conocer al Reino de León.

A los tres personajes citados como promotores, sin solución de continuidad se unieron otros leoneses con igual grado de implicación, como ayuda impulsora del presente y sucesivos encuentros lectores, conformando la Asociación Amigos de los Decreta.

Aquí y ahora, sin otra intención, que no sea la de mostrar mi inquietud, no ya en saber, por la dificultad que lleva aparejado casi todo lo medieval, pero sí al menos poder intuir cuál fue el grado de acogimiento, sorpresa y comprensión de lo que el rey Alfonso les estaba proponiendo a los leoneses de 1188. Creo pensar con ellos:

Buenos hombres/ en tareas de gobierno local bien entrenados/ sin faltar a sus intereses de concejo/ en silencio mudo no caerán/ la libertad que es tesoro bien ganado/ sin dudar en la Gran Curia la habrán de mostrar.

Abrieron camino en el Reino de León y hacia Europa, que a otros beneficiaría en el devenir histórico. Ahora nosotros, los leoneses, debemos intentar que se sepa y valore, pero eso sí, ¡primero en casa!, en fraternal abrazo, sin olvidar el amplio concepto de región, pues tenemos demasiado próximo al enemigo.

Se han hecho lecturas públicas en otros lugares, con éxito, buscando la participación de jóvenes, necesaria como primordial eslabón a futuro. El sábado 30 de abril del año en curso, se volverán a leer los Decreta, es la sexta vez consecutiva, en el mismo lugar ya con el grado de costumbre, bien ganada, en la plaza de San Isidoro. Aparicio volverá a pronunciar la introducción, las distintas voces populares, algunas jóvenes, se ha dicho para esta ocasión, todas cumplirán a satisfacción su cometido, lectura y recuerdo, y cantado el himno a León volverá a lanzar las palabras de cierre, «hasta el año próximo».

Quiero terminar con las palabras de Juan Pedro Aparicio, escritas para la convocatoria: «Los leoneses no tienen por qué ser los grandes damnificados de la deficiente e inacabada construcción de la España de las Autonomías». ¡Reivindicación y mensaje! ¡Gloria a ti, León, pueblo sin par…!

El Pueblo Leonés lee los Decreta
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