jueves. 02.02.2023

SSe trata de formar Gobierno antes de que se forme la gorda y que los cómplices se conviertan en amigos, aunque se lleven muy mal. Aún estamos a tiempo, aunque los relojes apremian, pero los españoles nos llevamos muy mal con nosotros mismos. Realmente nunca hemos congeniado demasiado bien, ni siquiera en los tiempos en los que se hablaba del genio de la raza, en el que sólo creía Cifesa, con sus películas, y Ernesto Giménez Caballero con su prosa aguerrida.

Son tiempos de duda, pero nos queda poco tiempo para dudar. A día de hoy, cuando le quedaban menos de veinticuatro horas, el bueno de Rajoy, que ha consentido muchas cosas malas, no se ha resignado a una investidura imposible sin los votos suficientes para vestirse. Se veía con fuerzas para presentarse pero no para presentar los votos suficientes. Todos los componentes de puzle político español saben que le sobran piezas, pero ninguna renuncia porque el mecano de la vida española sigue dando para todos.

Lo más grave que le puede pasar un rey aunque esté tan excepcionalmente limpio como Felipe VI, es que compadezcamos su destino histórico.

El infatigable Mariano Rajoy le ha pedido que no lo proponga primero para la investidura como presidente del Gobierno, que iba a ser por orden alfabético y por orden de antigüedad entre los que han mandado y aspiran a mandar. ¿Qué otra cosa puede hacer el rey Felipe VI? Está obligado a ser súbdito de los acontecimientos que se sucedan y a que se aclaren las cosas mientras siga la irresistible ascensión de Pedro Sánchez, cuya investidura era inimaginable hace un año, pero ahí lo tienen.

Es decir, lo tenemos.

Es sabido que a muchos españoles nos gusta bastante más el Partido Socialista que su actual líder. Vivimos una época de rebeliones internas. Incluso el mar está en un mar de dudas. Frente a mi terraza he sufrido el mayor de los seísmos registrados en los últimos diez años. Yo no me he dado ni cuenta. Menos mal que soy un buen lector de periódicos. Si no, ni me entero.

Salir de dudas
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